A un año del lanzamiento de su quinto álbum solista, Xavier, el kuryaki más pop reflexiona en cuarentena sobre lo introspectivo de su último trabajo y adelanta pormenores de la segunda parte. Y, como si fuera poco, se cumplen tres décadas del comienzo de IKV, el sueño de dos pibes que sembró la impensada banda sonora de estos nuevos tiempos virales.


“Estamos en vivo. Eso es increíble. La tecnología que nos une a través de la música, la computación y una bebida espirituosa. Espero que estén llevando esto de la mejor manera ahí en sus casas, guardados como todos los argentinos. Me encantaría saber de todos ustedes en estos días raros, pero hay que meterle con todo, sacar afuera ese espíritu que tenemos a veces medio trabado y ponerlo a full. El amor por sobre todas las cosas.”

Con un look gonzo y un guiño al vermú italiano auspiciante, Emmanuel Horvilleur arrancó su show “in da house” para un puñado de miles de internautas en cuarentena que por casi una hora se sintieron libres de esta pesadilla viral y pudieron disfrutar del kuryaki más pop, sexy y funk.

A casi un año del lanzamiento de Xavier, quizás el disco más personal e introspectivo de su carrera, Horvilleur le hace frente a la pandemia y se mete de lleno en lo que será la segunda parte del álbum y el comienzo, otra vez, de una nueva era.

–¿En qué momento sentís que está Xavier?

–Yo siento que es el arranque de una nueva época. Un poco me lo fui planteando así al momento de elegir las canciones. Lo primero que hice fue sacar “el hit”, que ya tiene casi dos años. Con esa canción en la calle, empecé a contar el disco y las demás fueron apareciendo solas. Pero, obviamente, cuando me metí en el estudio surgieron otras canciones que no pudieron entrar en Xavier. Todo eso me hizo pensar que quizás esta es una nueva era para mí, la era Xavier, por eso ya estoy en plan de sacar la segunda parte.

“Al principio nos decían que lo nuestro no era música. Me acuerdo de que en el colegio, los más grandes nos paraban y nos gritaban: ‘Aguante el rock and roll, aguanten Los Redonditos’. Nos comimos un bullying musical medio violento.”

–¿De qué está hecha esta nueva era?

­–El hecho de volver a ser solista ya es diferente. Solista soy yo, compartiendo con un montón de otros músicos, pero soy yo el que toma las decisiones de cómo van a ser las cosas. Volver a estar solo es también volver a la música que me caracteriza, con muchas más anclas en el pop, en el funk y en el soul; en la mezcla de estilos. Xavier es un poco eso y tiene que ver también con el espíritu de las canciones, una cosa tal vez mucho más reflexiva, de intentar saber dónde estamos parados y hacia dónde vamos. Hay una parte muy social en el disco, no desde el lado serio y utópico, sino desde las relaciones.

–Este año se cumplen tres décadas del comienzo de IKV, ¿qué recuerdos te vienen primero a la cabeza?

–Y… es un numerito. Cuando era chico y veía esos discos, tipo “Julio Iglesias, 30 años”, me parecían imposibles, longevos, hasta un toque naíf. Hoy las sensaciones son diferentes, no sé, la vida es la que te acomoda en el tiempo. En realidad yo siento que son treinta años de hacer música, de no parar nunca, ya sea en plan kuryaki o solista. Pero en este momento, como no estoy con Dante, este aniversario pasa un poco más inadvertido. No vamos a hacer nada en especial, quizás el año que viene sí porque se cumplen los treinta de nuestro primer disco, Fabrico cuero. Pienso que podríamos celebrar todo eso, pero bueno, en algunas cosas pensamos diferente con Dante y terminamos no haciendo nada. Siempre funcionamos así.

–Quizás el gran festejo sea el triunfo de la música urbana después de tantos años y tantos prejuicios.

–Sin duda, los ritmos urbanos (rap, hip-hop, reggaetón) están viviendo un momento único no sólo en el país sino en todo el mundo, y con Dante nos sentimos orgullosos de eso, sobre todo a nivel local. Siento que con Illya Kuryaki, más allá de haber incursionado en el hip-hop, el aporte fue lo que vino después: mezclar todo sin prejuicio. En esa época chocábamos un poco con lo que se escuchaba; el rock nacional, viniendo de Spinetta y demás, no era considerado como lo que hacíamos. Había muchísimo prejuicio con las máquinas, con el rap, con el no cantar, con que no haya melodías; pero lo disfrutamos mucho y creo que el rap nos dio mucha libertad.

–¿Qué significó jugársela a mezclar géneros en esa época?

–Al principio nos decían que lo nuestro no era música. Me acuerdo de que en el colegio, los más grandes nos paraban y nos gritaban: “Aguante el rock and roll, aguanten Los Redonditos”. Nos comimos un bullying musical medio violento, en los festivales se quejaban de lo diferente. Ahora hay más variedad en los festivales y de eso me siento parte y agradecido de haber aportado. La actualidad permite que todo se mezcle y que todo sea más libre.

–Seguramente todo eso tenga que ver con las nuevas generaciones, mucho más abiertas e inclusivas, sin prejuicios, no sólo en la música sino en todas las aristas de la vida.

–Totalmente, las nuevas generaciones llevan adelante esta evolución con el movimiento feminista a la cabeza. Las aplaudo, aprendo mucho de ellas. Así como muchos nos agradecen por haber contribuido con los inicios de estos ritmos, yo les agradezco sus luchas y sus convicciones. En la música, después de la tragedia de Cromañón, hubo también un quiebre. Se profesionalizó más todo, tanto los lugares para tocar como para grabar y difundir el material. La música dejó de ser una tribu, se amplió. Ahora cualquiera podía acceder a un show porque estaban garantizados algunos aspectos que antes pasaban de largo. Y eso trajo, a fin de cuentas, el surgimiento de nuevo público y, por supuesto, nuevas bandas.

–¿Cómo te atraviesa el momento que vive la cultura latina en el mundo?

–Muy bien, el mundo hasta parece más sexi. Hace poco estuve en Moscú y pasaron “Loca”, de Khea. Esa cosa tan global tal vez está más enfocada a estos etilos: el reggaetón, el trap, lo urbano. Con Dante fuimos testigos de una época en donde las bandas latinas íbamos a otros países, pero era algo muy lejano a lo que es ahora. Mirá, me acuerdo de una gira que hicimos en el 99 por los Estados Unidos con Molotov, Café Tacvba, Control Machete, Bersuit Vergarabat, Todos Tus Muertos. Salimos desde Miami en micro e íbamos parando y tocando por diferentes pueblos hasta llegar a Los Ángeles. Algo impensado para la época, era una locura. Un pastiche de culturas y costumbres que terminaba contribuyendo a nuestra formación y, obviamente, a nuestra música.

“Las nuevas generaciones llevan adelante esta evolución, con el movimiento feminista a la cabeza. Las aplaudo, aprendo mucho de ellas. Así como muchos nos agradecen por haber contribuido con los inicios de estos ritmos, yo les agradezco sus luchas y sus convicciones.”