El líder de VTA lleva adelante la única empresa argentina dedicada a la restauración, customización y venta de equipos de audio vintage. Arte e ingeniería para recuperar la música del pasado.


“Yo sólo pongo el oído, que es algo que me vino de fábrica”, dice Alejandro Garelli cuando habla de Vintage Turntables Audio (VTA), la empresa que fundó para llevar la calidad del sonido al extremo. Bajo el precepto de recuperar lo antiguo y adaptarlo a los tiempos modernos, recicla desde bandejas de vinilos y decks hasta bafles y amplificadores, y hace hincapié en el diseño de cada uno de los equipos. “En VTA restauramos, pero también hacemos arte, y el arte requiere disciplina, constancia y precisión. Acá, cada uno hace lo que sabe, y ese es nuestro diferencial”, asegura del otro lado del teléfono.

–En una época en la que todos los días sale a la venta un nuevo modelo de reproductor de música, en VTA rescatan lo antiguo. ¿Por qué?

–Los aparatos de música de los años 60, 70 y 80 eran de una calidad número 8, en una escala del 1 al 10. Pero en los 90, las empresas de audio fueron tomadas por financistas, y la calidad de los productos dejó de interesar. Sólo importaban los números. Ahora, ¿por qué tiene sentido recuperar estos equipos? Porque son equipos de una calidad extrema, a los que encima renovamos con tecnología nueva. Los traemos al siglo XXI. Esto lleva mucho de reeducación, porque en el medio hay mucha gente que se olvidó de escuchar música.

–¿En qué consiste el proceso de restauración?

–Primero, desarmamos el equipo por completo, le cambiamos todos los componentes pasivos y chequeamos que todos los componentes activos funcionen. Lo lavamos con agua y productos químicos, y luego lo secamos con aire caliente. Así, cuando lo volvemos a armar, el equipo vuelve a tener las mismas prestaciones que cuando salió de fábrica. Nosotros no hacemos servicio técnico, no arreglamos cosas. Reparamos para siempre.

–Se puede decir que son una empresa pionera.

–Sí, somos los únicos haciendo esto en la Argentina. VTA nació en 2015, el día posterior al balotaje en el que Macri fue elegido presidente. Yo, en ese momento, trabajaba en una empresa de sistemas, y ese mismo día me quedé sin trabajo. Ya veía que se venían tiempos muy malos.

–Y te la jugaste.

–Sí, esto era un hobby, pero ya se veía que podía llegar a ser un negocio. No fue casualidad que yo me metiera con las bandejas, porque con eso empecé. Hace cinco años, los vinilos ya habían vuelto y eran un furor en todo el mundo. Entonces, era lógico que la gente quisiera recuperar sus equipos después de 30 años guardados.

–Ya que hablamos de reeducar, ¿podés explicar la diferencia entre sonido analógico y digital?

–El sonido digital no existe, es una aberración del marketing. El sonido siempre es analógico, porque lo digital no se puede escuchar, es un impulso electromagnético. Es como si pudiéramos ver la pantalla de la computadora como la interpreta el microprocesador. Lo que existen son los medios digitales, pero están traducidos. En los 80, cuando salió el CD, se promovió mucho este concepto, porque era algo que venía a romper paradigmas, era lo nuevo. Pero se instaló, y es difícil romper con un marketing de 40 años.

–Contabas que empezaron con las bandejas. ¿Qué hay que tener en cuenta para elegir un buen set de vinilo?

–Bueno, la realidad es que para que un vinilo se escuche bien hay que gastar mucha plata. Para barato, tengo Spotify. Si yo quiero un vinilo, quiero la mejor calidad posible, porque el concepto de escuchar la música en vinilos es extremar la calidad del sonido. Lo primero que hay que tener en cuenta es la cápsula fonocaptora, que es una aguja con un diamante en la punta. Tiene que ser original y de muy buena calidad. Después, viene la bandeja tocadiscos, que tiene que tener un muy buen brazo y no hacer ruido. En ese sentido, desaliento mucho los Winco e, incluso, todas las bandejas low cost de las marcas conocidas.

–Entonces: cápsula, una bandeja con performance silenciosa y un buen brazo.

–Sí, esa es la primera parte. La segunda es tener un buen set de bafles, porque sin eso no puedo obtener musicalmente todo el registro que me da la cápsula. El audio, dice la gente que sabe, se define en las puntas. Es importante para tener un buen rango dinámico. Me permite escuchar la delicadeza extrema de la orquesta tocando muy bajito los violines y, de repente, la explosión.

–Entiendo que la calidad de los vinilos es importante también.

–Sí. Por esa razón, con un amigo estamos armando una colección de discos con la condición de audio curada. La iniciativa se llama Tres Ratones Locos, y lo que queremos hacer es instruir, generar conocimiento. A fin de cuentas, el propósito de todo esto es que la gente quiera escuchar mejor música.