Algunos la eligen por sus playas, otros por su historia y su cultura, lo cierto es que la Cidade Maravilhosa atrae a turistas de todo el mundo. Arte, naturaleza y spots escondidos: estas son las cinco razones para visitar el corazón de Brasil.


1) Tomar el té en la Confitería Colombo, elegida como uno de los diez cafés más bellos del mundo.

Para los amantes de las grandes pastelerías parisinas (sí, este edificio es una de las mayores expresiones de la Belle Époque carioca), la Confitería Colombo es un clásico gourmet que vale la pena conocer. Fiel al estilo art nouveau, sus salones están decorados con enormes espejos belgas, mármoles traídos de Italia y sillas de madera que, por su fina esterilla, hasta parecen de juguete. Elegir entre los dulces exhibidos en la barra es una tarea muy difícil (aunque el brigadeiro nunca falla), así que quizá la mejor opción sea deleitarse con un “Té especial”, que incluye una combinación de bocados dulces y salados. Un café, y a seguir recorriendo Río.

2) Tour por Ilha Grande: playas paradisíacas, trilhas y nada de autos.

Son muchos los que eligen este destino para pasar un día a puro sol frente a la costa de Río de Janeiro. Pero si te gusta la naturaleza, tu estadía en Ilha Grande no puede durar menos de cuatro o cinco noches. Acá las calles son de arena, no hay autos ni cajeros automáticos y el máximo lujo es usar Havaianas. Los restaurantes tienen vista al mar (cenar a la luz de las velas es un planazo), hay posadas, hostels, campings y muchísimas trilhas –senderos para hacer trekking– de distintas dificultades y duraciones. Pero, sin duda, lo que atrae a los turistas son sus playas paradisíacas. Las mejores: Lopes Mendes (una playa virgen, de arena blanca, a la que sólo se llega caminando), Caxadaco (pequeña, pero de agua cristalina, ideal para hacer snorkel) y Aventureiro (imperdible la foto arriba de la palmera inclinada). A tener en cuenta: se llega a la isla únicamente por vía marítima desde Angra dos Reis, Mangaratiba y Conceição de Jacareí. Hay servicios de transfer desde Río hasta Jacareí y luego hay que tomar una lancha.

3) Escuchar música en vivo en el mítico Bip Bip, el bar de un amigo de Lula que ahora administra un argentino.

Si nadie te pasa el dato, lo más probable es que ni siquiera frenes ante este bar diminuto y sin cartelería, escondido entre las calles de Copacabana. Pero una vez que entrás, el sonido de la música en vivo, los cuadros y dibujos de figuras políticas y la historia de su antiguo dueño, Alfredinho (era amigo del ex presidente brasileño Lula da Silva), te atrapan por completo. Como todo bar tradicional, Bip Bip tiene sus propias reglas: nunca se aplaude después de la música –en su lugar, se chasquean los dedos muy bajito–, las sillas sólo están ubicadas alrededor de las mesas y los clientes se sirven su propia bebida: acá no hay mozos, cada uno elige lo que quiere tomar, lo agarra de la heladera y paga el total de lo consumido al final de la noche. El año pasado, Alfredinho falleció y el argentino Matías Bidart heredó su negocio. No hay noche en la que el guitarrista no le rinda honor a su amigo.

4) Paseo por el Parque Lage: arquitectura, naturaleza y una escuela de artes visuales (a los pies del Cristo Redentor).

Ubicado justo al pie del Morro do Corcovado, el Parque Lage cuenta con varios spots para explorar los días nublados o de lluvia. En el patio central, junto a la piscina, funciona el Café Plage (no dejen de probar sus productos orgánicos) y un edificio colonial, sede de la Escuela de Artes Visuales (hay cursos, talleres y seminarios durante todo el año). Pero eso no es todo, porque a partir de la entrada se extienden diferentes senderos a lo largo de 52 hectáreas de selva (incluso, se puede llegar caminando hasta el Cristo Redentor). En el medio: lagos e islas artificiales, palmeras de más de 25 metros, una cascada y grutas con acuarios en las paredes. Un oasis verde en plena ciudad, ideal para recorrer en pareja o en familia.

5) Visita a la favela Santa Marta: para conocer a fondo la historia local.

Esta favela es una de las más conocidas y se hizo famosa cuando Michael Jackson la eligió para grabar el videoclip de “They Don’t Care About Us”. Ubicada entre los barrios de Botafogo y Laranjeiras, en 2008 fue pacificada y desde ese entonces existen tours para recorrerla con guías locales (fundamental contratar un paseo oficial). Entre casas de colores y murales de arte urbano, pueden encontrar el Centro de Artes de Santa Marta, una cancha deportiva y algunas escuelas de música. Pero la rueda de samba en la calle (que suele darse los primeros miércoles de cada mes) es la actividad preferida de los visitantes. Sangre carioca, en el corazón de Río de Janeiro.