En hora más que buena, Tokio y el Profesor vuelven a la carga junto a La Resistencia en la cuarta temporada de la serie española más exitosa de Netflix. Adelanto exclusivo sobre el atraco perfecto, el más grande y sofisticado de la historia, en el Banco de España.


Las calles están desiertas y la gente permanece en sus casas. Las comunicaciones son un laberinto donde no se sabe si la mentira es la verdad. En el banco no hay clearing ni atención al público. El viernes 3 de abril se estrena la cuarta temporada de La casa de papel, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Dicen, yo qué sé.

En momentos donde contamos los días de cuarentena como presos de algún drama carcelario, este estreno se espera casi como ese gel que alivia las quemaduras solares, un placebo ficcional dispuesto a ser maratoneado y comentado.

Las industrias culturales, tan vapuleadas en los últimos años, están demostrando un poder inesperado, el de paliar la soledad. La Resistencia, conformada por una banda de perdedores enfundados en mamelucos rojos, hoy adquiere un valor simbólico: no sólo ratifica el misterioso lazo identificatorio que transformó a esta serie en un fenómeno global, también convierte los comentarios compartidos en una red sorprendente. ¿La conversación virtual como ilusión de normalidad? Puede ser, pero vivir sin ilusión es imposible.

Y cuanto más complicados estén nuestrxs muchachxs, más los bancaremos. El final de la tercera temporada dejó un caos y varios cliffhangers: el asalto al Banco de España planeado por el Profesor y Palermo (interpretado por nuestro Rodrigo de la Serna) se desmadró, le dispararon a Nairobi, explotó un ascensor donde podrían estar atrapados Río y Denver, creen muerta a Lisboa y crecen las intrigas entre los integrantes de la banda. Por otro lado, Gandía, jefe de Seguridad del Banco, está armado y suelto por las instalaciones, mientras la bitchy inspectora Alicia Sierra logró la victoria parcial de neutralizar a nuestros héroes. Todas las ciudades que no podemos visitar están atrapadas en este TEG infernal.

¿Querés más? Mirá el trailer de la cuarta y date cuenta: se nos complicó. Tokio toma el mando, Nairobi necesita una operación urgente, reaparece Berlín (¿en sueños?, ¿no murió en la segunda temporada?), las parejas entre ladrones tienen más problemas que vos con la tuya durante el aislamiento preventivo y se cortan todas las comunicaciones. ¿Viste? Al final estás mejor que ellos. No te quejes por Twitter.

Los fenómenos son inexplicables, hay algo que escapa a cualquier teoría. Úrsula Corberó lo comentó hace un tiempo en una entrevista que le hice (todavía guardo su voz en mi celular, vicio de periodista). Le pregunté si estaba preparada para tanto hype, y dijo: “No te voy a engañar, al principio el suceso de la serie fue un tanto desconcertante porque no nos lo esperábamos. Nosotros la habíamos estrenado en Antena 3 y había funcionado… hasta ahí. Para cuando se dio en Netflix ya estábamos en otra movida, era una serie que había terminado y de repente pasó este fenómeno. Yo lo viví con mucho entusiasmo pero es verdad que a lo mejor era demasiado, ¿sabes? Estaba desbordada, muy hiperactiva, con toda la energía depositada en ello y se me iba el día pensando en lo que había pasado”.

Úrsula tuvo que aprender a convivir con la popularidad global. Algunos dirán que es un tremendo “white people problem” y tendrán un punto, pero convengamos que amigarse con la idea de ser mirada, juzgada, aplaudida, stalkeada o criticada por todo el planeta no es fácil. ¿Por qué Tokio es tan popular? Les dejo el enigma a los sociólogos, pero ofrezco una pista inobjetable: es alguien que sintoniza con su época. Una chica de armas tomar con todas las contradicciones generacionales al hombro. Predica libertad pero está presa de una historia amorosa trágica en su pasado y una relación dificultosa en el presente. Su amor con Río sobrevive a sus propios prejuicios. Ella, aparentemente, está al mando pero a la vez también se deja llevar más de lo que quisiera. Porque una cosa son los ideales y otra la realidad.

Quizás el enganche de los espectadores con Tokio radique en la capacidad de Corberó para humanizarla. Otorgarle intimidad a tanta adrenalina. Algo que ha ocurrido con otros bandidos, como Butch Cassidy o Bodhi, el surfer de Punto límite. ¿Estoy teniendo el tupé de comparar a Paul Newman o a la dupla icónica de Patrick Swayze y Keanu Reeves con Úrsula? Sí y me la banco, adoro molestar. Porque muy pocas veces una mujer ha logrado semejante proeza. Déjenme agregarles que el hecho de que Kathryn Bigelow haya dirigido Punto límite tampoco es un mero detalle. Lo visceral se vive distinto en las tripas femeninas.

Úrsula confiesa: “En La casa de papel es muy intenso el trabajo porque los personajes están todo el día en situaciones límite, y aunque estés interpretándolos, el vértigo lo vives de la misma manera… pero mi momento personal más adrenalínico fue cuando me tiré en paracaídas en Cataluña. Al principio no tienes tiempo de procesar nada, es adrenalina pura y dura, luego cuando se abre es la paz absoluta, el silencio. ¡Me puse a llorar como una Magdalena! Se me removieron muchas sensaciones”. Todo eso es lo que trasciende la pantalla más allá de sus fotos junto al Chino Darín, amigues.

Hay algo en esta serie que siempre me llamó la atención. En tiempos donde la intelectualidad está devaluada, el jefe de la banda no se llama “el Instagramer”, “el Influenecer” o “el CEO”, se llama “el Profesor”, un tipo que básicamente se dedica a pensar, rescatar y proteger. Statement cultural tan claro como revolucionario que encontró en Álvaro Morte a su rostro ideal: un hombre común que podría enseñar en la UBA, muy alejado de los musculosos dibujados por Marvel.

Álvaro, cuyo apellido, paradójicamente, significa “muerte” en portugués, esquivó su destino final a los treintipico. Tuvo cáncer, estuvo inmovilizado por un tumor en su muslo y sobrevivió. Algo que empatiza con la historia del personaje: el profesor fue un niño enfermo fascinado por los relatos sobre ladrones que le contaba su padre.

Hay algo del orden de la piedad y la resistencia que enlazan al actor y a su creación. Dijo: “Soy consciente de que la sombra del Profesor es muy alargada. Estoy muy orgulloso y no tengo ningún problema, pero es cierto que esa sombra podría eclipsar a personajes venideros. Si permito que esa presión me invada, se vendrá en contra mía, prefiero vivir el momento. Yo he estado muy abajo así que no me puede vencer la presión”.

Suena “Under Pressure” y las voces de Bowie y Freddie se mezclan en el fondo musical desde el que escribo esta nota. Pienso en las expectativas y también en los planes que alteró la pandemia: Itziar Ituño, que encarna al amor del Profesor, Raquel o Lisboa, está infectada por el coronavirus. Se levantó el junket de presentación de la serie que planeaban hacer en Polonia. Los actores se limitan a agitar por las redes. Y la información corre, genera ganas. Incrementa contactos virtuales y calendarios imaginados donde falta poco para que todos estemos haciendo lo mismo. El 3 de abril, Netflix será el balcón donde cantemos “Bella Ciao”. O “Under Pressure”. Porque La Resistencia es esa banda hundida en el Banco de España y también somos nosotrxs extrañando el teatro, la oscuridad del cine y la respiración a menos de dos metros. Venceremos.