Con el mismo gusto por el trabajo manual y el interés por el cuidado del medio ambiente, Laura Leyt, Marcela Muñiz y Valeria Hasse convierten objetos y residuos desechables en piezas únicas portables, aplicando técnicas de joyería y métodos experimentales.


Bolsas de polietileno de supermercado, cintas de señalización, cámaras de bicis, chapas tiradas en la calle, partes de relojes, herramientas viejas, autopartes, cadenas y piezas de antigua bijoux. Estos elementos que tenían destino en la basura ahora son una joya. Y lo demuestran las manos de Laura Leyt, con su firma Leytmotiv, y de Marcela Muñiz y Valeria Hasse, conocidas como Tota Reciclados, que desde hace años convierten el descarte en piezas únicas portables, aplicando técnicas de joyería y métodos experimentales.

Con una formación común –las tres son egresadas de FADU/UBA (Laura y Marcela, arquitectas; Valeria, diseñadora gráfica)– que define su mirada proyectual, el gusto por el trabajo manual y su interés por tener el control del proceso de diseño de principio a fin, hoy se potencian en un trabajo mancomunado: el suprarreciclaje joyero.

“No arrancamos con un objetivo sustentable, pero nuestro trabajo sostenido en el tiempo derivó en cierta preservación del medio ambiente y en favor de un consumo más prudente”, señala Hasse. Lo suyo es el ensamblaje con una técnica propia desarrollada desde hace veinte años con Muñiz, quien destaca el desafío de “sumar la Biblia y el calefón”: Limoges con plástico, perlas con autopartes, textiles con viejas piezas de baquelita y mucho más. “Además de reutilizar y resignificar, nos interesa revalorizar las cosas hechas por artesanos de oficio, porque queremos destacar lo bien hecho, lo que persiste a pesar del paso del tiempo”, agrega la diseñadora.

Aunque la sostenibilidad no es su meta, la representan muy bien. “El descarte es necesario para que sigan produciéndose cosas nuevas. Pero es mejor cortar con ese círculo y dar nuevo valor a las cosas que ya están, contextualizando, mezclando significados y presentando nuevos usos.” Se reconocen dadaístas y, sí, liberan su fantasía frente a todo tipo de deshecho, no optan por modos de expresión tradicional sino que siguen su intuición en busca de encontrar la belleza en eso roto, gastado, oxidado. “Lo lindo ya es; lo interesante es descubrir la belleza en lo insospechado”, resalta Hasse. Y la encontraron, sobre todo, a la vista de expertos internacionales, como la Gallery V&V de Viena, la Akademie Schloss Solitude de Stuttgart, el Design Museum de Londres y la histórica muestra de joyería Schmuck de la International Trade Fair Exhibition de Múnich, que las convocaron a exponer su trabajo.

El recorrido de Laura Leyt es distinto, pero el fin es el mismo: las 4R (recuperar, reciclar, reutilizar, reducir). “Mi primer acercamiento a la joyería contemporánea fue a través del metal. Pero siempre fui muy basurera y veo en las cosas que se descartan un valor; siempre pienso que pueden dar para más, algo diferente, tener otra vida útil. Y porque el plástico fue mi preocupación, hoy es mi ocupación. Los saco del circuito del residuo y los trabajo con técnicas de acuerdo con cómo van respondiendo. Empecé con bolsas de polietileno de alta y baja densidad, incorporé envases de alimentos no perecederos, que primero tejía, y luego sumé otros, como las cámaras de autos y bicis, que fui sometiendo a otros procesos, como el laminado con patrones de capas, por ejemplo. Todo con la intención de sacarle la impronta del plástico, es decir, para que se vea el resultado sin advertir el material; tratando de resolver la pieza con la menor cantidad de elementos posibles, siempre recuperado, nunca comprado”, explica la arquitecta y joyera que en la última bienal latinoamericana de joyería contemporánea realizada en Buenos Aires recibió el Premio Joya Argentina por su trabajo Relicario, un collar hecho a partir del modelado al calor de bolsas plásticas recicladas fabricado con un cordón de lino, clavos y grampas.

“Además de reutilizar y resignificar, nos interesa revalorizar las cosas hechas por artesanos de oficio, porque queremos destacar lo bien hecho, lo que persiste a pesar del paso del tiempo.”

Y las Totas concuerdan. “Tratamos de no usar nada nuevo, no arreglamos, no restauramos, no soldamos, y si está roto, casi que mejor: lo potenciamos, lo contrastamos, lo destacamos”, dicen de sus composiciones joyeras en las que mezclan significados, conceptos y épocas en un trabajo de diseño equilibrado.

Buenos Aires Trash Treasures

En los últimos meses se cruzaron en ferias y workshops locales y decidieron trabajar juntas en un proyecto con eje en el paisaje urbano porteño. Así nació Buenos Aires Trash Treasures, un trabajo inspirado en las calles de la ciudad, sus texturas e inscripciones. Dos colecciones en una, compuesta por casi 60 collares, broches y anillos. “La Ciudad nos une. Nosotras no seríamos las mismas puestas en otro lugar. Nuestro reciclado tiene mucho que ver con Buenos Aires. Más allá del origen de lo que encontramos o usamos, es algo que llegó acá de alguna manera. Nunca hubiésemos hecho el mismo desarrollo en otra ciudad. Recorremos las calles, levantamos objetos, registramos fotográficamente espacios, esquinas, paredes, materiales y los reinterpretamos para representar nuestra idiosincrasia”, recalcan.

Ahora tienen en común el uso de materiales, ya que Leyt incorporó chapas tiradas en las calles que “hablan de cómo somos los que vivimos en esta ciudad”, y también revela los textos escondidos en las bolsas al jugar con la superposición en capas de los plásticos. Y sostiene una interesante teoría sobre la era en la que vivimos, la cual da nombre a su nuevo trabajo, Plasticeno: “Nuestras huellas van a quedar en los plásticos”. En tanto, acopia resaltadores, tapas de deo y bolitas roll on.

Lo último de Tota que se vio en Buenos Aires Trash Treasures es una serie de collares a partir de corbatas vintage que exhiben una original composición con piezas tales como cubiertos de baquelita, relojes antiguos y más.