La joven artista combina la pintura y la fotografía para hacer lo que mejor sabe: usar el cuerpo humano como lienzo y transformarlo en un cuadro viviente.


Pintar a las personas como si fueran parte de un cuadro. De eso se encarga Martina Elisa Montoya desde que conoció, a través de un documental, el arte viviente, una técnica que transforma los cuerpos en objetos artísticos hiperrealistas. La joven pintora se convirtió en una de las pocas referentes locales de esta expresión creativa, que combina la pintura y la fotografía para desafiar los límites dimensionales. “Descubrí que se usaba en varias partes del mundo, pero no conocía a nadie que lo hiciera acá. Mi primera experiencia surgió de un modo superespontáneo, en mi cuarto. Lo más loco de ese día no sólo fue que comencé a vivir de eso, sino que mi habitación se transformó en un taller”, cuenta sobre sus comienzos. Hoy, después de haber participado en muestras en el Centro Cultural Kirchner y trabajado con marcas como Absolut y Samsung, está por terminar su primer libro. “Va a reunir las obras más importantes de estos últimos tres años, acompañadas por un poco de mi historia.” Obras efímeras e irrepetibles, ahora inmortalizadas.

–¿Cuál fue tu primer contacto con el arte?

Lápiz y papel. Primerísimo contacto. Poco después llegó la pintura y el bastidor. Me acuerdo de mi primera obra sobre lienzo, era un mar con un atardecer y el agua cubierta por brillantina. Se la regalé a mi abuelo, de quien heredé la pasión por pintar.

–Descubriste este mundo cuando eras muy chica. ¿En qué momento te encontraste con el arte viviente?

En 2016, lo vi en un programa de televisión y después seguí investigando. Quedé fascinada con la técnica tan poco convencional con la que me había topado. Descubrí que se usaba en varias partes del mundo, pero no conocía a nadie que lo hiciera acá. Eso me parecía un gran desafío, sobre todo porque reunía las dos cosas que más me gustaban: las personas y la pintura.

«Aunque tenga una idea clara sobre lo que busco transmitir con la obra, cada persona que forma parte de mi arte despierta algo nuevo en mí, que va a transformar todo lo que tenía planeado.»

¿Te animaste a experimentar enseguida?

Mi primera experiencia fue al año siguiente, en una locación muy especial y poco pensada: mi cuarto. Surgió de un modo superespontáneo, con una amiga de mi hermana que justo estaba en casa. La miré, miré la pared y empecé a hacer una composición. Todo al mismo tiempo. Lo más loco de ese día no sólo fue que comencé a vivir del arte, sino que mi habitación se transformó en un taller. Las paredes cambiaban de color y aparecía un invitado nuevo cada semana. En 2018 llegó mi primer estudio y me despedí de un cuarto lleno de recuerdos. Hoy trabajo en Pilar, en una zona donde hay ruido de pajaritos y plantas. Cuanto más relajada estoy, más libre soy a la hora de crear.

–Hablando de crear, ¿cuál es el proceso creativo de tus obras?

Tiene dos grandes momentos. El primero es de absoluta soledad. Ocurre cuando pinto el mural, despinto, tiro líneas, diseño, armo, desarmo, pienso y siento. Y el segundo, de absoluta conexión, cuando me toca pintar a la persona. Aunque tenga una idea clara sobre lo que busco transmitir o hacia donde quiero llevar la obra, cada persona que forma parte de mi arte despierta algo nuevo en mí, que va a transformar todo lo que tenía planeado.

¿Qué significa para vos darle dinamismo a una obra de arte?

Que las personas puedan interactuar con ella, que puedan adentrarse en un mundo diferente. Sea porque están pintados y forman parte de la instalación o porque la están viendo por fuera pero pueden involucrarse también. Así como una historia puede transformarse en un cuento, creo que el humano tiene la gran capacidad para transformar y transformarse. El poder de hacer las cosas simples, complejas. Darles un sentido, un significado. En mi caso, transformo con pintura y pincel. Pero creo que son infinitas las formas que existen para convertir algo en una obra de arte.

¿Creés que tus obras tienen una relación con el pop art?

Sí, el pop art hace un mix de objetos reales con pintura y emplea el uso de personajes famosos, de igual manera que mi obra, y creo que en ambos casos se le da mucha importancia a los colores saturados, los trazos bien marcados y los contrastes pronunciados.

Además, para trabajar, combinás dos técnicas: la pintura y la fotografía. ¿Cuál es el plus que te da este mix?

Que las obras son efímeras e irrepetibles. Aunque la foto me permite perpetuar mi arte, no deja de ser efímero. Y pese a que son días y horas de trabajo, disfruto mucho cuando el proceso se termina, la persona se va y sólo queda el recuerdo de lo que sucedió. Lo hace mágico.