Se originó en Asia como forma de protección ante la contaminación del aire. Hoy se extendió al mundo entero en modo accesorio y es elegido por las grandes celebridades para completar sus looks.


Ocurría en las calles de Pekín meses antes del brote.

En octubre del año pasado, caminando por las tiendas más exclusivas del barrio de Sanlitun (que concentra marcas de moda y belleza de lujo, cafeterías de diseño con eximios baristas, Apple Stores abarrotados de compradores y carísimos restaurantes de comida internacional) era muy común ver a grupos de jóvenes fashionistas con una especie de barbijo de tela que en sus inicios era negro o blanco, sobrio y sin ningún tipo de estampado y cumplía una función meramente sanitaria: proteger a los habitantes y visitantes de la capital china de los altos índices de contaminación ambiental a los que está expuesta la ciudad.

Estos “barbijos” (que no son barbijos sino mascarillas) comenzaron a refinarse en su confección, materiales y prints hasta convertirse en accesorios de moda entre los adolescentes que encontraron en este pedacito de tela con elástico un escudo de protección contra los aires poco puros de Pekín y una especie de barrera o refugio contra las inclemencias del mundo exterior. Las jóvenes asiáticas adoptaron la mascarilla, además, como un fashion statement que rezaba: “Enfrentemos este mundo contaminado que nos han dejado, pero hagámoslo con estilo”.

Todo suena frívolo y hasta bizarro, pero en Asia es real. Como contaba, fui testigo de este fenómeno el año pasado, mientras paseaba por los shoppings descubiertos de Sanlitun. Mascarillas con motivos de calaveras, cómics, manga japonés, flores, cuadros o pajaritos se ofrecían por decenas en algunos stands de este gran paseo de compras.

Pero lo que al principio era cosa de pequeñas boutiques especializadas en esta nueva “prenda” terminó por instalarse en el curioso mercado de la moda mundial cuando Dsquared, Prada y Louis Vuitton comenzaron a fabricar y vender mascarillas de diseño propio. Y tuvo su toque de gracia masivo en cadena mundial hace dos semanas, cuando Billie Eilish, la joven cantante y compositora del momento, se presentó en la alfombra roja de los Grammy con un conjunto de saco y pantalón diseñado especialmente para ella por Gucci, con una mascarilla de la misma marca y material que su atuendo (transparencias negras con el famoso logo de la G en pedrería verde) cubriendo la mitad de su rostro adolescente.

Según un informe de CNN, “la costumbre de usar mascarillas comenzó en Japón debido a la alerta de una pandemia de influenza que mató entre 20 y 40 millones de personas alrededor del mundo a principios del siglo XX. Así, velos, bufandas y mascarillas se abrieron paso entre la población como un mecanismo de defensa ante la contaminación y las enfermedades virales. Sin embargo, en China, Corea y Japón hoy es posible observar a adultos jóvenes perfectamente sanos utilizándolas. Se plantea como una de las razones el que los tres países se han visto influenciados por el taoísmo, filosofía que sostiene el aire y la respiración como el elemento esencial de la buena salud”. Al margen de estas razones, el asunto tomó estado en el universo de la celebridad, siendo Corea y los reyes de K-pop sus más antiguos impulsores en la cultura del entretenimiento, para luego establecer la costumbre en Hollywood y de ahí al resto del mundo.

Sobran los ejemplos.

Kendall Jenner, la modelo más fashionista del clan Kardashian, lució una mascarilla de seda blanca con cruces negras como parte del styling en una sesión de fotos que hizo con la revista Chaos 69. El rapero Bad Bunny ha sido uno de los últimos en sumarse a esta tendencia, con un modelo futurista hexagonal en total black. La cantante española Rosalía, por su parte, es otra de las cultoras de esta curiosa moda y usa mascarillas de tela elástica como parte de su icónico look deportivo urbano. La influencer Hailey Bieber fue un paso más allá y directamente lució un tradicional barbijo blanco de papel medicinal para una sesión de fotos en Tokio, mientras su flamante marido, Justin Bieber, la acompañaba en el look. Y la lista sigue: las chicas del famoso grupo Black Pink coinciden con una mascarilla con estampado de la NASA para librarse del polvo en el festival de Coachella y, de paso, ir a la última moda. Y en España, la popular trapera Luna Ki lució una mascarilla hecha a medida en color verde manzana con espejos incrustados marcando sus iniciales para la portada de su single Septiembre.

Más allá de la tendencia, la función sanitaria de las mascarillas no está puesta en duda. ¿Será que el hábito de usarlas a diario llegó a Occidente para quedarse?