En el marco del Costa Fashion Experience 2020, los hijos de la diseñadora española Ágatha Ruiz de la Prada se adueñaron de la pasarela y presentaron una colección con el sello característico de la marca. Alegría con tonos vibrantes, entre la arena y el mar.


–¿Cuáles fueron las repercusiones del desfile?

Cósima Ramírez: –Creo que todo el mundo de verdad se infectó con la felicidad, había un buen rollo y una energía genial. Fue divertido que la gente en la playa participara.

Tristán Ramírez: –Además fue muy bonito hacer un desfile de ropa de verano y bañadores en un muelle con el mar pasando debajo, tan integrados en una playa.

–¿Cómo surgió esta convocatoria?

C. R.: –Estamos aquí gracias a nuestra gran amiga Alexia Toumikian (N. de la R.: modelo y actriz, que formó parte del comité organizativo del desfile), que yo creo que va a ser una potencia muy grande para la moda argentina. Esta es sólo su segunda pasarela y de verdad que todo estuvo fenomenalmente coordinado y superbién comunicado. Mi madre se enamoró de ella, la adoptó totalmente, y es que la verdad yo creo que es una joya trabajadora.

–¿Siempre estuvieron ligados al mercado de la moda argentina?

T. R.: –Sí, sí, hombre, para nosotros la Argentina ha sido siempre un mercado potente. Tenemos licencias que son sólo para este país, por ejemplo, la línea de sábanas. Además, nuestros perfumes se venden muy bien aquí.

C. R.: –Y queremos hacer más cosas, sobre todo adaptándonos a la economía argentina, que está llena de sorpresas, pero esa no es razón para que os quedéis sin cosas divertidas y sin el color y los arcoíris de Ágatha. Hay que hacer esfuerzos. Yo ya me había quedado enamorada de Buenos Aires cuando vine el año pasado con Ágatha Ruiz de la Prada Perfumes. Hicimos un pequeño giro con Tini Stoessel con el lanzamiento de Rebel Love y la verdad es que la Argentina es la maravilla del mundo. Es más, aproveché aquella vez y me hice uno de los viajes más aventureros de mi vida: me fui a la Patagonia sola, fue mi primer viaje sola y fue de lo más genial.

T. R.: –Yo creo que la moda aquí tiene un potencial muy grande, si bien algunas cosas han salido muy rápido, otras se han quedado más encerradas y de esa forma también son más interesantes, porque tienen una inspiración completamente auténtica. Hoy en día, con el mundo tan globalizado, vas por todos lados y la moda se parece, empieza a ser un poco genérica y se siguen tendencias a nivel mundial. Se convierte todo un poco en lo mismo.

–Pero ustedes son puro color, ¿creen que esos estallidos son para todos los países y ciudades?

C. R.: –Sí, y creo que cuando el ambiente es más complicado, se necesita más algo así porque nuestra moda en verdad es accesible. Siempre, desde el primer momento, intentamos que fuese lo más accesible y universal, que nuestra ropa y nuestros objetos no sean carísimos porque son un pequeño toque de color que te pueden traer bastante alegría.

T. R.: –La idea de la moda de color es para nosotros una moda que trae felicidad en una época en que las cosas quizás están más tristes. Por ejemplo, en los países nórdicos tradicionalmente se han vestido de negro o muy minimalistas, con ropas muy despintadas, pero justamente en esas zonas donde todo está tan deprimido visualmente, lo que les hace falta es un poco de color. Lo mismo en muchas zonas donde la economía no va tan bien o hay tensiones sociales, lo que te apetece es vestirte de otra forma, con un poco de sentido del humor.

–Lejos de asustarlos, un territorio distinto les divierte.

T. R.: –Absolutamente. Es que la marca se ha centrado mucho en la figura de mi madre, su carrera es fantástica y, vista desde dentro, es igual de maravillosa porque ha conseguido adaptar su firma verdaderamente a su imagen y haciendo muy pocas concesiones. Muchos le decían que la ropa de colores no era vendible ni comercial, la gente la veía y pensaba que era una payasa, que cómo puede ir de esos colores, pero al final muchas de las tendencias que ella peleó y no dejó jamás de lado se las han pillado. Ha cambiado el mercado: de ser ella la única que estaba rara o que iba con colores, ahora todo el mundo se atreve a ponérselos.

C. R.: –Claro, como que de ser una payasa se ha convertido en un ícono. Te puede gustar o no la ropa, pero es reconocible al instante y eso yo creo que tiene mucho mérito.

–¿Qué les gustaría aportar a la marca?

C. R.: –Diría que nuestro proyecto de futuro es intentar que nuestra marca sea sostenible, que aportemos al medioambiente de verdad, porque si bien es divertidísimo el mundo de la moda, tenemos que ser conscientes del impacto que estamos teniendo. Llevamos una época de mucha responsabilidad e intentamos encontrar un modelo en el que de verdad todo funcione, aportando a la economía local y utilizando materiales naturales para que todo sea más eficiente y con sentido común. Creo que hay que consumir menos y de mejor calidad, cosas más especiales, más sostenibles, más responsables, y que nuestro trabajo sea un arte y no un comercio tan desalocado.

–En caso de que Ágatha no quiera continuar al mando de la marca, ¿estarán ustedes?

T. R.: –Hombre, yo creo que mi madre es una workaholic tremenda y para ella vivir es trabajar. Mucha gente nos dice que al habernos sumado a la marca hemos traído una energía fresca, pero la verdad es que esa energía la sigue teniendo ella. Creen que la generación anterior está cansada, y aquí es al contrario: siempre estamos nosotros siguiéndola, con la lengua afuera. Su sueño es ser Coco Chanel, que su nombre sea icónico y que perdure en el tiempo. Ella siempre dice que le encantaría ser multigeneracional. La firma está muy vinculada a la familia, desde muy pequeños hemos vivido la estética de Ágatha, la conocemos fenomenal, y hemos visto el entusiasmo que ha habido siempre en casa. Hay gente que se cree que es un show o que es una cosa un poco más cínica. Me han dicho: “Tu madre, cuando nadie la ve, se apaga y se viste con colores más neutros, ¿no?”, y no es así.

–¿Cómo definirían hoy la marca?

C. R.: –Moderna, colorida y libre.