El gigante de la geolocalización se apoderó de nuestro tiempo y espacio. Trucos útiles y los hitos más importantes en la historia de la aplicación.


Hace quince años habría sido un delirio. ¿El mapa y las fotos de casi todas las calles, ciudades, países, ríos, lagos y montañas de la Tierra en cada celular? En 2020 el delirio no sólo se volvió real, ya es una necesidad. Sólo lo podría haber logrado esa entidad omnipresente que se apoderó de nuestro tiempo y espacio, a la que nada del mundo le es ajeno.

Aquel 8 de febrero de 2005, los primeros usuarios de Google Maps se encontraron con una herramienta de navegación para ir del punto A al punto B, pero los fundadores de Google, Larry Page y Serguéi Brin, como siempre, tenían un plan: mapear el mundo entero. Dos meses después, el lanzamiento para computadoras de escritorio ya sumaba al Reino Unido, su primer destino fuera de los Estados Unidos. La escalada fue rápida. Las imágenes satelitales de Google Earth se sumaron a mediados de ese año. En noviembre, Maps ya estaba en los celulares. Se desvanecía un universo hecho de guías de bolsillo y preguntas a kiosqueros fastidiados: más incierto, menos previsible.

Los hitos de los años siguientes confirmaron a la plataforma como parte de la vida dentro y fuera de casa. Entre 2009 y 2018 fue agregando instrucciones de manejo en tiempo real, mapas para orientarse dentro de aeropuertos y centros comerciales, la mochila Street View Trekker (que captura imágenes en 360 grados), mapas offliney rutas accesibles para sillas de ruedas. Las cifras actuales sorprenden: mil millones de navegantes, 220 países y territorios mapeados, 93 millones de kilómetros cuadrados de imágenes en Earth.

Ahí están, por ejemplo, el Parque Nacional Yosemite o la Estación Espacial Internacional. Para recorrer el paraíso californiano, Maps creó un micrositio interactivo que permite escalar el temible cerro El Capitán, con imágenes de vértigo y testimonios de escaladores, como Alex Honnold, protagonista del inverosímil documental Free Solo. Para internarse en el consorcio de exploración cósmica se puede seguir al astronauta francés Thomas Pesquet, que resume una bitácora de seis meses y detalla su experiencia capturando imágenes para Street View a gravedad cero.

La construcción de Maps es un esfuerzo colectivo. “No sólo tenemos un equipo interno, sino que trabajamos con distintos socios estratégicos para nutrir y darles vida a los mapas: nuestros datos provienen de más de mil fuentes de terceros de todo el mundo”, dice Matías Fuentes, gerente de Comunicaciones de Producto para Latinoamérica. Los propios usuarios actualizan y corroboran la información que se obtiene a diario. “En 24 mil ciudades y pueblos tenemos activa a una comunidad de 120 millones de guías locales, que comparten sus experiencias a través de reseñas, fotos y listas”, agrega el vocero.

En este proceso ya se mapeó más del 90 por ciento de la Argentina. Desde hace tres años, la novedad es la incorporación de las villas 31, 20, 21-24, La Carbonilla y Rodrigo Bueno (Ciudad de Buenos Aires) y los barrios Alberti, San Cayetano (La Matanza), Los Pinos (Escobar) y Villa Inflamable (Dock Sud). Explorarlos es un baño de realidad que incluye pasillos estrechos, casas de ladrillo y calles que se convierten en barreales. La recolección estuvo a cargo de los propios vecinos. “Estar incluidos en Maps no sólo los visibiliza y facilita el acceso de servicios como ambulancias y bomberos, sino que es una oportunidad económica para los negocios que aparecen”, celebra Fuentes.

En la multinacional no especifican qué lugares faltan incluir, aunque aceptan dar explicaciones sobre los motivos: días lluviosos, demoras en los tiempos de recolección de proveedores públicos o privados, puntos inaccesibles para los autos. Tampoco se rinden en esos casos, para los que crearon motos de nieve, scooters y carritos personalizados, además de un equipo de trekkers que, armados de mochilas especiales, recorren caminos estrechos, Venecia en góndolas, desiertos en dromedarios o cordilleras en mula. De hecho, se puede seguir a un jinete en el cruce de los Andes.

Para acercarse al objetivo de completar el mapa mundial, la plataforma está usando algoritmos propios y tecnologías, como el aprendizaje automático (optimiza los procesos y mantiene altos niveles de precisión) y la realidad aumentada, que desde el año pasado “ayuda a los usuarios a comprender qué camino tomar, con flechas y direcciones claramente superpuestas en su visión del mundo”. Pero el foco sigue estando en los que compramos nuestra última Guía T hace una década. Maps monitorea la llegada de medio centenar de líneas de colectivos y seis de trenes, además de dar alertas de demoras de tráfico y predecir tasas de ocupación del transporte.

A principios de este año hubo otra novedad, aunque en una dirección más inquietante: un e-mail que, sin que el destinatario lo pidiera, detallaba los lugares, ciudades y países donde había estado en los últimos años. Había horarios, tiempos de viaje, kilómetros recorridos y modos de transporte (a pie, auto, colectivo, avión). Acaso conscientes del efecto algo escalofriante del mensaje, los emisores avisaban que sólo lo habían recibido quienes tenían el historial de ubicaciones activado. La lección, otra vez, era evidente: Google sabe más de nosotros que nosotros mismos. Los que decidían pausar el trackeo o eliminar los datos ganarían privacidad pero perderían precisión. A partir de ese momento iban a tener que preguntarles a otros (quizá a sí mismos) cómo alcanzar su destino.

Las cifras actuales sorprenden: mil millones de navegantes, 220 países y territorios mapeados, 93 millones de kilómetros cuadrados de imágenes en Earth.