Es poeta, novelista, crítica literaria, guionista, docente y militante de causas nobles. Nació hace 80 años en Ottawa, Canadá, pero a partir del renacimiento de su obra cumbre, El cuento de la criada, su lugar de pertenencia es el mundo.


Margaret Atwood es el nombre de una de las más grandes escritoras de ficción, y también, la mejor contraseña para aquellos que creen que el mundo será más justo cuando las mujeres sean investidas con sus derechos. Reconocida como una de las mayores narradoras contemporáneas a partir de su producción imparable, iniciada a comienzos de la década del 70, Atwood desarrolló en paralelo una militancia feminista cuando esa categoría aún era objeto de burla, desprecio o, en el mejor de los casos, lástima. Recién hoy, cuando la hora de las mujeres parece haber llegado de manera imparable, sus ideas encontraron eco en los intereses de las grandes mayorías.

Por su parte, la calidad de su obra literaria es imbatible. Atwood es capaz de escribir novelas sustanciosas, entretenidas y profundas al mismo tiempo. Alcanza con elegir algunos de sus títulos, como Daño corporal (1982), con una periodista como protagonista de una suerte de intriga política; otra, basada en un hecho real ocurrido en un pasado algo remoto, como Alias Grace (1996), que cuenta la historia de Grace Marks, una joven condenada a muerte por un crimen brutal. Ella no recuerda el hecho y su aspecto suave y delicado la convierte en una favorita de la comunidad religiosa del lugar, al punto que la llevan a servir a la casa del gobernador de la prisión. La novela se desarrolla a partir de los encuentros de Grace con el Dr. Jordan, un psiquiatra a quien se llamó para tratar de deshacer el nudo de los recuerdos. ¿Es Grace una asesina o una víctima? La novela fue llevada con mucho éxito a la televisión, en formato de serie.

Otro de los grandes éxitos de Atwood fue El asesino ciego (2000), novela que le valió varios premios, entre ellos, su primer Booker (el segundo acaba de ganarlo por Los testamentos, la secuela de la célebre El cuento de la criada). En El asesino ciego se cuenta desde el presente la historia de una dinastía familiar canadiense adinerada. En términos de estructura, el mayor desafío es que dentro de la novela hay otra novela, de ciencia ficción, escrita por una de las protagonistas.

Heredera del talento narrativo de la canadiense Mavis Gallant, maestra del relato breve, “hermana menor” de la delicada cuentista Alice Munro (Nobel de Literatura en 2013), Atwood, sin embargo, las supera en versatilidad y también por su lugar como referente social. Su novela El cuento de la criada es una distopía que narra una cultura en la que poco a poco las mujeres van perdiendo toda clase de independencia, hasta llegar a convertirse en esclavas sexuales e incubadoras vivientes para las familias de los miembros del poder en Gilead, una nueva república autoritaria y fundamentalista. Publicada en 1985, las mujeres ya tenían mucho para perder en un tiempo que se abría a la globalización y la multiculturalidad, que por entonces parecían el colmo de la libertad humana.

En la Argentina, Atwood se convirtió en una referente ineludible luego de su participación activa durante la discusión parlamentaria por el aborto legal, seguro y gratuito.

Llevada al formato serie dos años atrás, el argumento de la novela de Atwood adquirió una estatura simbólica fenomenal en momentos en que el mundo asiste al fin de muchos consensos que se creían definitivos en materia política y también de derechos humanos y civiles. El singular disfraz bordó y blanco de las criadas se convirtió en una modalidad de protesta para las mujeres en todo el mundo a la hora de reclamar por derechos vulnerados. Y es que, como en Gilead, el presente nos encuentra azorados ante un fundamentalismo religioso que corroe la institucionalidad y se instala poco a poco como actor de peso, en sintonía con el retroceso de los derechos de las mujeres. Basta ver lo que ocurre en los Estados Unidos, en donde varios estados buscan revertir leyes progresistas en materia de derechos reproductivos, o en Brasil, con la llegada a la presidencia de Jair Bolsonaro, un político que hizo del racismo, la xenofobia, la violencia y la misoginia sus principales cartas de presentación. Y en todos los países, con sectores ultraconservadores ganando espacios en parlamentos y organizaciones públicas.

En la Argentina, Atwood se convirtió en una referente ineludible luego de su participación activa durante la discusión parlamentaria por el aborto legal, seguro y gratuito. La autora canadiense le escribió mensajes en Twitter a la vicepresidenta Gabriela Michetti pidiendo por la ley, dio discursos contra la violencia de género y escribió el prólogo del libro Somos Belén, de la militante feminista Ana Correa, una de las organizadoras del primer Ni Una Menos, en 2015. Durante este tiempo, supimos también que mucho de lo que imaginó para su novela más famosa surgió a partir de su conocimiento de las historias del terror durante la última dictadura argentina y de los secuestros de mujeres embarazadas y el robo de sus bebés. Atwood acaba de cumplir 80 años y sigue teniendo tiempo para todo. El éxito del revival de El cuento de la criada la llevó a escribir una segunda parte, Los testamentos, en donde narra la caída de Gilead y lo hace con la destreza y la calidad de siempre. Durante la gira de presentación falleció en un hospital de Londres el novelista y gran amante de los pájaros Graeme Gibson, padre de su hija Eleanor. Su salud se había ido deteriorando por una enfermedad que amenazaba con terminar en demencia: su muerte le ganó la carrera a la locura, algo que su esposa agradeció públicamente en el único mensaje que transmitió. Poco antes, mientras velaba por la salud de su esposo en esas últimas horas, Atwood siguió tuiteando, respondiendo mensajes en Instagram y contestando e-mails. Y es que con tanto pasado en las espaldas, aún sigue pensando en el futuro y, sobre todo, en los demás. Es ahí, en su generosidad sin límite y en sus ganas de vivir y dejar vivir, que radica su mayor fortaleza, aquello que la distingue del resto de todos nosotros.