Con el mundo rendido ante el filme Parasite y esa mezcla de tradición y modernidad, el país asiático logró ubicarse definitivamente en el centro del mapa cultural universal. Moda, música y star system, al otro lado del planeta.


En las calles de Seúl, la efervescencia se contagia como un virus fervoroso y popular. Hay banderas, carteles y cantitos, pero Corea del Sur no ganó el Mundial sino la Palma de Oro en el Festival de Cannes con Parasite, un filme que es cine social, comedia cruel, sátira certera, peli de terror, drama familiar y una confluencia de géneros irresistible. La vuelta a casa de su director, Bong Joon-ho, despertó más locura que el gol de Maradona a los ingleses.

¿Pero por qué Corea nos subyuga con esa mezcla de tradición y modernidad cercana a la ciencia ficción? ¿Qué hay detrás de sus novelas adictivas o de aquellos atuendos sin género ni edad que se pasean por la Seoul Fashion Week? La cultura coreana tiene el ritmo frenético de una coreografía de K-pop y el equilibrio perfecto de sus mascarillas beauty. El sortilegio que ejerce sobre nosotros es tan llamativo y complejo como un gran filme de Park Chan-wook. Necesito descifrar el fenómeno y rendirme ante su poder. Llamo a Gabriel Pressello, director de Relaciones Institucionales del Centro Cultural Coreano, confío en sus pistas. “Lo que desató Parasite es la consolidación de un fenómeno que era un tesoro para iniciados y ahora se extiende masivamente. Muy paulatinamente, de veinte años a esta parte, el cine coreano viene creciendo, pero desde que Parasite ganó la Palma de Oro en Cannes, los Globos de Oro y ahora acaparó nominaciones al Oscar, despertó un gigantesco interés en un público extendido no tan habituado a ver un cine fuera de Hollywood”, dice Pressello, y es inevitable preguntarme si alguna vez podremos lograr algo semejante a nivel local.

En estas mismas dos décadas, el nuevo cine argentino se fue deshilachando y el recambio cultural viene más lento que una película iraní, pero no logro sacarme de la cabeza la imagen de Bong Joon-ho llevado en andas. “La Palma de Oro fue sentida como un logro nacional porque recién ahora el país está posicionado para el resto del mundo –dice Gabriel–, aunque Park Chan-wook había ganado el Gran Premio del Jurado con Oldboy en 2003, Parasite despertó un movimiento global.” Si una película puede traccionar industrias como el entretenimiento, el turismo o la moda, no todo está perdido, pienso, mientras fantaseo con Lucrecia Martel agradeciendo en el Obelisco… Mejor volvamos a Corea.

Si al cine lo vemos lejos, podemos intentar con la música: les cambio una Nathy Peluso por un BTS, voy a ver si aceptan, le pregunto a Pressello. “Estamos viviendo un momento muy fuerte en las industrias culturales coreanas porque se está consolidando su cine dentro el circuito mundial, y a su vez esto va acompañado por el fenómeno de BTS y la viralización del K-pop. Desde hace un par de años, BTS es la banda pop más importante del mundo, rompiendo todos los récords”, explica Gabriel, quien da algunas claves de la repercusión k-popera local. “En la Argentina hay muchos fanáticos del K-pop, y el público no para de crecer. El impacto se da a partir de los adolescentes que tienen otro uso de la tecnología, mucho más independiente de los grandes medios que antes irradiaban el contenido y legitimaban los productos de consumo cultural masivo. Ellos eligen y están abiertos a cosas para las que antes había muchos más prejuicios. Cada vez que se hace un evento, las redes son preponderantes, es un fenómeno que va a avanzar hasta convertirse en algo cotidiano”, predice nuestro experto. Y yo le creo: basta con echar un vistazo a lo que está sucediendo tanto con la moda como con la belleza coreana.

Seoul Fashion Week es el nuevo epicentro del diseño. Los abrigos oversize o las mangas ruffled no son propiedad de las influs escandinavas. Todo se gestó en Corea del Sur, a imagen y semejanza de sus melodramas imposibles, una sociedad sin prejuicios sexuales ni raciales y ese sentido del absurdo que parece encajar cada prenda en su justo lugar. Nuevas marcas, como Münn, Maxxij, Moho, Daily Mirror o Youser, van desde las exageraciones más desprejuiciadas hasta un minimalismo exquisito.

El cruce de referencias es desbordante en una sociedad altamente educada, donde casi todos sus jóvenes son graduados universitarios y nativos tecno. Si no me creés, fijate por qué la cosmética coreana revoluciona el mercado de belleza global y tomá nota.

“El star system coreano impulsó en cierta manera a la industria cosmética, y todo eso fue ayudado por un impresionante desarrollo de innovación tecnológica, además del marketing y el packaging que convirtieron a los productos en objetos de deseo. En la Argentina la cosa viene más rezagada por cuestiones propias del país, pero en lugares culturalmente cercanos, como España, acapararon el mercado por su calidad, son referentes mundiales”, dice Pressello, y sabe de qué habla. Marcas como Tony Moly, AmorePacific, Dewytree o Skin79 retoman prácticas milenarias y las actualizan ganando seguidoras encarnizadas, como Isabelle Huppert. Por estos pagos, las beauty influencers recorren el barrio de Flores sin consuelo, pero todo llega.

“El diferencial de la moda coreana es romper ciertas barreras y prejuicios con los paradigmas de belleza. Las nuevas tecnologías acercaron la forma de vernos y relacionarnos, ahí está sucediendo algo importante”, remata Pressello, sentado en un rincón del Centro Cultural Coreano, que parece salido de Architectural Digest.

Recuerdo la casa de Parasite y su amenazante belleza, la maraña de colegas desesperados por entrar en la función privada de esta película que se estrenará el 23 de enero, los jabones con forma de huevo firmados por Tony Moly y la melena del protagonista de Oldboy. Me dejo embrujar, Corea, contá conmigo.