Se consagró como uno de los grandes chefs de la Argentina gracias a su multipremiado espacio Tegui. Hoy, a punto de inaugurar Marti -un restaurante más tranquilo, inspirado en el concepto de comfort food-, disfruta de su reciente paternidad doble y afianza su compromiso con el medioabiente.


“Estamos siendo muy observados como chefs y debemos dar el ejemplo: no generar demanda sobre productos que si son usados sin conciencia dañan el ecosistema, y a la vez tratar de concientizar a la gente de que no coma ciertas cosas.” Este Germán Martitegui más comprometido que nunca con el mundo, con el medioambiente y con los mensajes que transmite responde a una razón muy clara: hace exactamente un año, se convirtió en padre de Lorenzo, a través del método de vientre subrogado, y hace seis meses recibió a Lautaro, se segundo hijo, que nació bajo la misma modalidad. Germán decidió ser padre solo, sin una pareja que lo acompañe a embarcarse en esta aventura que hoy lo tiene más ocupado y atento que nunca.

–¿Cómo cambió tu vida?

–Cuando sos padre, todo cambia. Mi visión no es la misma, si bien nunca fui un irresponsable sobre el futuro, ahora eso se acentuó más. Sé que tengo que dejar una cocina mucho más consciente del entorno. Los quince cocineros que tengo acá están aprendiendo no sólo de lo que yo hago sino de lo que yo digo. Mi generación debe dejar una cocina más consciente sobre estos temas para las nuevas generaciones. El tema de la paternidad hace que todo el tiempo estés pensando en tu responsabilidad. A veces estás comiendo algo que jamás le darías a tu hijo porque en el fondo es basura.

–¿Algo como qué?

–Una medialuna, por ejemplo. Es grasa, harina blanca. No tengo ganas de que coma eso, aunque yo lo como y sé que está mal. Entonces se da esta cosa de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, aunque en mi casa ya no hay más harina blanca, no hay grasa, no hay nada.

–¿Y te comés la medialuna solo en un bar?

–No sé como voy a hacer, lo que sí sé es que tengo más ganas de que el premio para ellos sea un durazno de estación recién cortado de la planta en lugar de una Cajita Feliz. Quiero que cuando ellos salgan al mundo sepan lo que están comiendo, sepan qué tiene cada cosa.

–¿Esto pensás aplicarlo en Marti, tu nuevo restaurante?

–Marti va a ser un restaurante mucho más accesible y más informal que Tegui. Será una gran barra con la cocina en el centro, es un muy buen concepto, estoy muy contento. Va a haber sólo veinte porciones de algo, y cuando se acaba eso, sacamos otra cosa. Todo va a estar hecho en el momento.

–¿Cómo hacés para cocinar sano siendo un gran chef, cuando no todas las recetas suelen ser sanas?

–Una buena filosofía es decir: “No le sirvo a la gente que come en mi restaurante nada que no les daría a mis hijos”.

–¿Tan extremo?

–Es algo que estoy pensando. Si cocinás estacional, con lo que tenés y usás productos buenos, ya estás un paso adelante.

–¿Cómo y cuándo decidiste tener a Lorenzo?

–El concepto de familia está cambiando, el concepto de lo que es el amor por los hijos está cambiando y el concepto de paternidad también está cambiando muchísimo. Me encontré en un momento de mi vida pensado si para tener hijo se supone que hacía falta estar en pareja, entonces me preguntaba si aparte de no tener pareja no iba a poder tener hijos.

–¿Qué te impulsó a tomar la decisión?

–Es algo que viene de muy adentro, además hoy es más posible y más fácil hacerlo, aunque todavía haya que ir a los Estados Unidos y no esté permitido en la Argentina. Pero decidí hacerlo, y decidí que sean dos porque yo soy hijo único y también iba a ser padre único, entonces quise que se acompañaran entre ellos. Tomé la decisión y lo hice. Quise que fueran mellizos, pero como no se pudo nacieron con seis meses de diferencia.

–¿Cuán complicado es el proceso?

–El proceso es sumamente complicado, pero ser padre solo es el doble de complicado. El trámite tarda años y pone a prueba tu voluntad, así que cuando los chicos llegan te encuentran realmente convencido de que querías eso. Es una montaña rusa, tenés varios exits en el camino por si arrugás y te querés salir. Hay muchos procesos físicos y legales, así que cuando llegás a ser padre comprobás que realmente querías serlo. No es un accidente o un error, es algo muy buscado.

–¿Cómo es ese nuevo tipo de amor?

–El proceso de ser padre de dos hijos de por vida es muy complicado. Pero cuando lo miro a Lorenzo y le digo “te amo” o “voy a estar con vos para siempre” es algo real. La verdad es que todos hemos dicho esas frases a mucha gente durante nuestra vida, pero deja de ser real cuando se la decís a un hijo y sabés que es algo para siempre en serio.

–¿Cómo aprendés a ser padre?

–Son tan increíbles, tan nobles, tan puros, tan buenos. Ellos se hacen a tu imagen, es una gran responsabilidad. Yo los veo tan perfectos que digo: “Lo único que puedo hacer es cagarla”. Cada cosa que les digo pienso si será el tono correcto, si lo tendré que decir de otra manera… ¿quién me da un manual?

–¿Te abruma la responsabilidad de haberlo hecho solo?

–No, soy bastante cuidadoso y hay cosas planeadas por si me pasa algo. Yo hoy no puedo darme el lujo de pensar que no me va a pasar nada; hoy nunca paso un límite de velocidad, hoy me cuido más a mí para ellos de lo que me cuidaba antes para mí. Esas cosas que te dicen las madres, que matarían por sus hijos, son reales. Hoy hasta laboralmente hago cosas por ellos que antes me daba el lujo de no elegir o no hacer. Antes yo era un purista de mi trabajo y ahora hay cosas que acepto hacer sólo por el futuro de ellos.

–¿Surgieron nuevos miedos con la paternidad?

–De todo, da mucho vértigo ser padre. Nace, te lo dan y te vas a tu casa, llegás y decís: “¿Qué hago con esto?”.

–¿Quién te ayuda, quién te aconseja?

–Tienen muchas tías que son parte de mi círculo de amigas, así que consejos no me faltaron. Pero llega un momento en que te encontrás solo con ellos, esa es la realidad. En cuanto a lo otro, a mí me parece que madre o padre da lo mismo, si es tu hijo la conexión es la misma. Se está venciendo ese prejuicio de que las madres se conectan más con los hijos que los padres. La conexión con ellos está, es animal.

–¿Fue más difícil de lo que esperabas?

–Te confieso que pensé que era más fácil. Yo he llegado a tener cuatro restaurantes en distintos países, pensaba que si podía con eso podía criar dos hijos fácilmente, pero nada que ver.

–¿Qué es lo más duro?

–Dejarlos cuando tengo que viajar por trabajo o cuando tengo que venir al restaurante. Si estoy todo el día afuera, cuando llego Lorenzo me da un abrazo re fuerte, como dándose cuenta de que no estuve. ¡Y eso me mata!