Montados en la ola de la música urbana, la dupla que mezcla rock, funk y líricas millennials y callejeras cerró un año vertiginoso con La Celebración, un show a puro agite en el mítico estadio Obras. Un anticipo de lo que será un 2020, según ellos, “a todo ritmo”.


“¿Y cómo fue que te rompiste la pera?” “Teníamos que vender entradas para el show en Obras”, dice Ca7riel mientras se ríe y sale a respirar al balcón de su mánager, en pleno corazón de Colegiales. Es un martes posferiado, y el trapero volvió de Córdoba, después de tocar ante 14 mil personas en uno de los escenarios principales del festival La Nueva Generación. Está exhausto. En un solo día lo entrevistaron tres veces y todavía le resta liquidar un ensayo. “Pero seguimos ATR”, lanza con una mueca que deja entrever el grill de metal que se puso en los dientes. Quiere comerse al mundo.

Hace nada menos que un año que su vida es una vorágine: al lado de Paco Amoroso, su amigo y socio musical, reventó una serie de tres shows estallados en Niceto Club, hizo su debut en el Teatro Colón y acaba de agotar localidades con La Celebración, el recital con el que coronó un diciembre a todo trapo en el Estadio Obras. “Este año ya toqué por todo el país/ Aunque les duela, ya es tarde, eh”, canta en “Mi sombra”, un tema que ya superó el millón y medio de reproducciones en YouTube.

Debajo de un corte taza y el pelo teñido de un rubio que hace juego con sus cejas, Paquito –así lo llaman sus amigos– dice que su vida ahora es mucho más fácil. Es que a los 26, después de siete años como baterista en Astor, la banda de rock que compartía con Ca7riel, su nombre resuena en los festivales más importantes de la Argentina y sigue pidiendo pista en una escena urbana extasiada de nuevos artistas. “Uno se va aggiornando a la música para poder seguir haciéndola y que se convierta en un trabajo. Hacemos lo mismo que antes, nada más que ahora cantamos. Bueno… antes también cantábamos. Pero era otro género, otra edad, otro momento”, reflexiona mientras acaricia a un gato con manchas anaranjadas, tirado en el sillón del living. Sabe que los pibes lo tienen allá arriba, y lo comprueba cada vez que, en modo punk, hace la plancha sobre ellos.

¿Por qué creen que hoy en día es tan difícil infiltrarse en la escena del rock y no así del trap?

Paco Amoroso: –El mercado manda, y las demandas de la gente ahora son otras. Pareciera que el rock ya quedó como algo viejo, desde el sonido, la estética. Tampoco hay muchas bandas nuevas. Yo lo sigo escuchando, pero creo que va por ese lado. Hoy la tendencia es la música urbana.

Ca7riel: –Y al trap lo pusieron de moda los jóvenes, que son los que ponen las reproducciones. Son los que están con sus celulares y ponen el dedito para escuchar cosas nuevas y consumir.

“El mercado manda, y las demandas de la gente ahora son otras. Pareciera que el rock ya quedó como algo viejo, desde el sonido, la estética. Tampoco hay muchas bandas nuevas. Yo lo sigo escuchando, pero creo que va por ese lado. Hoy la tendencia es la música urbana.”

Juntos sostienen una amistad que empezó hace casi 20 años, en el colegio primario. Después de clases, se juntaban en la escuelita de música, donde Ca7riel tocaba la guitarra y Paco estudiaba el Método Suzuki para violín. “Lo tiré a la mierda”, dice entre risas. “A mí me gustaba el fútbol, el deporte. La música, por cómo la había visto hasta ese momento, me parecía una obligación más.” Cato, en cambio, siempre quiso ser artista. “Mi viejo era artesano y músico. Yo pasaba por la cocina y lo veía al chabón prendido fuego, re loco, tocando la guitarra. Entonces te nutrís de eso. Cuando tuve motricidad fina para agarrar una guitarra, ya lo hacía”, cuenta. Por eso, después de hacer el secundario y recibirse como profesor de música, empezó a trabajar como sesionista –llegó a tocar frente a Sting en un hotel–, al mismo tiempo que formó Astor. En ese momento, lo llamó a Paco –hasta entonces apodado Liyo– para que se uniera al proyecto. Rock progresivo, funk, reggae y psicodelia.

–¿Y cuándo apareció el rap en sus vidas?

C.: –Siempre estuvo dando vueltas.

P. A: –Sí, yo tengo recuerdos de muy chiquito, pero tampoco me copaba tanto. Tenía un amigo que escuchaba Eminem en la primaria, me venía con los discos y yo lo sacaba cagando. “Tomátela. ¿Quién es Eminem?” Estábamos todos con la casaca de los Redondos. Antes, en la Argentina no había rap. Al rap lo pusieron de moda los pibes que competían en El Quinto Escalón. De ahí salió todo, se armó la escena. Gracias a eso se dio lo nuestro.

C.: –A mí me terminó de llegar por un amigo. El chabón se fue al norte llamándose Ezequiel, y volvió con rastas, llamándose El Lion y siendo rapero (se ríe). Hacía freestyle. Y a mí me encantaba improvisar y toda esa mierda. Era malardo (muy malo), pero de a poquito empecé con mi propio proyecto en paralelo a Astor. Lo que pasó fue que decía cosas muy en serio. Yo era un niño con muchas ganas de cambiar el mundo y denunciar cosas. Hasta que entró Paquito, líricamente, a mi vida. Y el chabón me enseñó a subirla.

¿Cuándo se dieron cuenta de que la gente los escuchaba? ¿Cuál fue el quiebre?

P. A.: –Yo sé cuándo: en el verano hicimos un show en el Centro Cultural Recoleta, gratis, y fue la primera fecha que se re puso. Había un montón de gente saltando, cantando los temas. Fue real, de un día para el otro.

C.: –Mal, papá. Me acuerdo de que ese día estaba de presentador Milo Moya, un beatboxer. Nosotros estábamos atrás del escenario y el chabón dice: “Bueno, ¿están preparados para ver a Paquito y Ca7riel?”. “Ohhh” (imita el sonido de la gente). Nos mirábamos a la cara y no lo podíamos creer. Cuando salimos había una multitud… Lo había borrado de mi mente.

Esa fecha fue en febrero, después de lanzar el video de “Ouke”. ¿Cómo le propusieron a Esteban Lamothe que participara?

P. A.: –Un tiempo antes del video habíamos tocado en Mendoza, en una fiesta que hacían unas amigas. Aparece Esteban, porque conoce a las chicas, nos sacan una foto con él y al otro día la sube un diario amarillo: “Escándalo de Lamothe en Mendoza”. Ahí yo dije: “Uh, Cato, tenemos que hacer algo con esta noticia, amigo”. No nos conocía nadie en ese momento. Hicimos el tema y cuando le contamos a Esteban, nos dijo: “De una, hagamos el video”. Nos juntamos y lo armamos.

–Cato, vos también formás parte del proyecto de Wos. ¿Hoy la música es más colaborativa?

C.: –A full. Lo que pasa es que la comunicación es más fácil. Me imagino que antes, Freddie Mercury no le podía mandar un mensaje directo por Instagram a otro artista. Le tenía que escribir una carta, conocerlo, tomarse un avión, flashear conexión, que no haya química, volver… todo una mierda. Ahora te mandás unos mensajitos, ya viste unos videos en YouTube, unas entrevistas. Es todo más fácil.

Hablando de la música de antes, en “Terrible Kiko” hacés un sampleo de Serú Girán. ¿Es un guiño a la gente que escucha rock?

C.: –Obvio. Es un entre para que los fanáticos de Serú y del palo del rock se puedan meter en el trap, el sonido moderno. Y para las generaciones más jóvenes que escuchan trap, es un hashtag: #SerúGirán. Ese sampleo es eso, unir dos mundos.

El pibe de la guadaña tatuada en la espalda también fue convocado por Fito Páez para su próximo disco. Los ojos de la música están puestos en él.

Cada vez que el dúo sale a escena potenciado por la ATR Band –un combinado de músicos de Marilina Bertoldi, Vicentico y Dante Spinetta, que le da el plus de hacer trap sin pistas–, la atmósfera es de adrenalina y quiebre. Sobre bases de funk, rock, hip-hop y electrónica, liberan sus canciones, saltan, se retuercen, dan vuelta los ojos como buscando llegar hasta el fondo de ellos mismos, y vuelven.

Festejaron el primer año como dúo y lo cerraron con un show en Obras con localidades agotadas. ¿Piensan en todo lo que viene ahora o viven como si no hubiera mañana?

P. A.: –Re.

C.: –¿Re qué? (se ríen).

P. A.: –Sí, re pienso. El año pasado, decíamos: “¿Pero vamos a tocar? ¿Qué vamos a hacer? Nos vamos a cagar de hambre”. Y ahora, de golpe, tenemos fechas programadas para enero, febrero. Tenemos una seguridad de meses que antes, nunca en la vida, habíamos tenido. Si bien uno vive el día a día, al parecer, seis meses más vamos a vivir seguro.

“Antes, en la Argentina no había rap. Estábamos todos con la casaca de los Redondos. Al rap lo pusieron de moda los pibes que competían en El Quinto Escalón. De ahí salió todo, se armó la escena. Gracias a eso se dio lo nuestro.”

})(jQuery);