Luego de su nominación a los Latin Grammy 2019 por su último álbum Bach, la banda de Beccar vive un presente lleno de éxitos y soldouts. Las máquinas y la tecnología quedaron atrás, la canción otra vez toma la posta.


Uriarte 1800, en pleno corazón de Palermo, una mañana soleada frente a la radio del “puro rock nacional”, mientras varios desayunos porteños van llegando a la mesa del bar que está en la vereda, Goyo Degano (voz y teclado) e Iñaki Colombo (guitarra y coros) de Bandalos Chinos ensayan los motivos del gran presente que está viviendo su banda. Con su último disco Bach, producido por Adán Jodorowsky –hijo del cineasta chileno Alejandro Jodorowsky– este grupo que allá por 2009 empezaba a dar sus primeros pasos en una feria de ropa al aire libre en Beccar, jamás imaginó que iba a terminar girando por once ciudades de México y siendo nominada a los Latin Grammy 2019 por Mejor álbum de música alternativa, junto a Babasónicos, Marilina Bertoldi y Mon Laferte.

¿Cosas que festejar? Por el lado de la música, muchas. El apagón creativo, de tono apocalíptico, que vienen pregonando algunas voces “autorizadas” queda bien, bien lejos. Los Bandalos Chinos, como tantas otras bandas, son la referencia perfecta. Vienen de hacer estallar de emoción distintas ciudades mexicanas y, a menos de un mes de su show en el Centro Cultural Konex (7 de diciembre), ya reventaron las boleterías. Los de zona norte con su música lograron desnudar la artillería pesada de las máquinas y sin renegar de la tecnología, grabaron un disco que pone el espíritu en la canción. Que al fin y al cabo es lo que importa.

Con el correr de los discos (Bandalos Chinos, 2012; Nunca estuve acá, 2014; En el aire, 2017 y el ya mencionado Bach, 2018) sus canciones, pese a las comparaciones que se puedan hacer con Virus o Los Abuelos de la Nada, tienen identidad propia y eso –sobre todo con el último disco– se lo agradecen a su productor, con quien inconscientemente parece formarse una sociedad creativa que se las trae. “Tomar la decisión de llamar a un productor como Adán Jodorowsky nos dio otro panorama y nos hizo madurar un montón. Cambió nuestra manera de encarar una canción y una grabación”, asegura Iñaki, mientras se termina el café y le pregunta la hora a Goyo. Después de la nota con El Planeta Urbano, tienen su primera nota en Mega, precisamente en el programa de Bebe Contepomi.

–¿Cómo se las ingenian para poder sobrellevar su vida de artistas independientes en un país tan incierto económicamente? ¿Se dedican plenamente a esto?

–Goyo: A medida que fue pasando el tiempo pudimos ir haciendo más cosas relacionadas a la cultura. Al principio cuando armamos la banda, trabajaba de cadete en una corredora de granos, el bajista es economista y trabajaba en una financiera (hoy, economista de la banda). También hago un programa de radio de bandas nuevas y empecé a dar clases de canto para poder pagar el alquiler. Entendemos que el camino del artista independiente, y más en nuestro país, es un camino largo y lo planteamos así desde el primer minuto. Lo vamos a transitar con parsimonia y confianza.

–Iñaki: Todos tenemos otras actividades dentro de la música, además de la banda. También porque hoy en día el ejercicio de ser músico no se reduce solo en ir a tocar. Hay un montón de otras cuestiones. Dentro de la banda misma hay que hacer prensa, hacer los números, producir un show o hablar con discográficas para conseguir financiamiento o lo que sea. Hoy el músico tiene que ser todo terreno, sobre todo si sos autogestivo.

– ¿Eso de que el músico tiene que dedicarse a pensar solo en la música y en cómo hacerla no va más, no?

–I.: Nosotros somos seis músicos y después tenemos un equipo de trabajo que incluye manager, stage manager, production manager, operador de sonido, jefa de prensa. Es todo un equipo de trabajo pero nosotros no nos desentendemos. En un mundo ideal puede que cada vez estemos más ocupados en hacer la música o en grabar un disco, más que en hacer los números. Pero hoy en día la realidad es que muchas cosas las hacemos nosotros.

–G.: Tiene que ver también con un modelo de laburo y de nosotros estar inmersos. Nos interesa estar en contacto con eso. No creo que nuestro aporte a la cultura venga solamente desde lo musical. Para nosotros, Él Mató a un Policía Motorizado fue una escuela a la distancia porque veíamos que se armaban su sello, que se producían sus fechas, que se autogestionaban sus giras. Tiene que ver con una metodología de trabajo. Sí es cierto que en la medida que vamos creciendo el equipo se va agrandando y vamos supliendo esas necesidades. Tomy, el otro violero de la banda, es diseñador. Durante mucho tiempo hizo los flyers, hoy en día ya no los quiere hacer más y tuvimos que llamar un diseñador.

– ¿Cuándo sienten que se dio el salto de calidad con las canciones?

–I.: Los dos EPs (En el aire y Nunca estuve acá) fueron los primeros trabajos donde realmente se notó que pudimos plasmar lo que es hoy Bandalos Chinos. En el aire lo produjimos nosotros, aprendimos un poco más y las canciones estaban un poco mejores. Pero el gran salto de calidad y de metodología lo sentimos con el último disco. Tomar la decisión de llamar un productor como Adán Jodorowsky nos dio otro panorama y nos hizo madurar un montón. Cambio nuestra manera de encarar una canción y una grabación.

“Para nosotros, Él Mató a un Policía Motorizado fue una escuela a la distancia porque veíamos que se armaban su sello, que se producían sus fechas, que se autogestionaban sus giras. Tiene que ver con una metodología de trabajo.”

–Según leí, sin saberlo tenían estéticas en común con Jodorowsky …

–G.: Nosotros veníamos escuchando mucho el disco Voluma de León Larregui. Flasheando: qué buenas canciones, qué bueno lo otro, hasta que nos enteramos que había estado involucrado él y caímos en la cuenta de que inconscientemente ya había mucha afinidad. En el estudio terminó de explotar esa relación creativa. Nos sentimos muy a gusto con él y empezamos a hacer un montón de cosas. Hace poco sacamos un sencillo (Departamento) que grabamos en su estudio. El próximo disco lo vamos a producir de nuevo con él.

– ¿Qué aspectos en su forma de trabajar los sorprendió?

–G.: El abordaje que propuso para la producción del disco. Nos hizo llegar al estudio con los temas en guitarra y voz. O sea plantear una melodía, una armonía y una letra. Le mandábamos las maquetas con un tecladito, con un sinte y nos decía sáquenme eso. Quiero la guitarra y la voz, nada más. Y viéndolo en perspectiva nos estaba diciendo: muchachos, la canción. Lo que importa es la canción. La composición.

–I.: Priorizar la composición. Que es algo que en hoy en día, en la manera que se hacen discos, se perdió. Todos podemos hacer un disco desde nuestra casa, home studio o cualquier lado. Eso hace que te pierdas mucho en la compu, en los sonidos, en la búsqueda de audio y donde muchas veces termina faltando la esencia. En nuestros discos anteriores falta un poco esa esencia de composición. Su metodología nos hizo enfocarnos en eso.

–Imagino que tiene algo de guía espiritual también, ¿no?

–G.: En un plano más personal, siento que me escudaba en esa cosa de la textura, el audio y no estaba yendo tan al fondo. Por eso, esta nueva forma de trabajar nos permitió a todos ir más al fondo y ver qué queríamos contar con las canciones. Ocuparnos de pensarlo y de charlarlo. Si bien nos conocemos desde siempre hay lugares a los que no llegás si no te lo proponés. Niveles de profundidad que no son fáciles. La experiencia de grabar en un estudio, aislados en el medio del desierto (Sonic Ranch en Texas) ayudó muchísimo.

–I.: Sí, es como medio gurú. Tiene como esa metodología de la psicomagia, esa cosa de superación personal y de procesos no ortodoxos para no abordar distintas cosas. Va a lo más simple, busca tus raíces. Dentro del estudio fue como un gran guía que nos ayudó a interpretarnos.

¿Qué significa Bach?

–G.: En 2017 nos fuimos a Córdoba a componer y a poner ideas en común para la grabación de Bach y viajó un amigo nuestro que es cocinero. Estábamos en el medio de las Sierras con la sala armada y teníamos el modismo de llamarnos entre nosotros “guach”. Guach de acá, guach de allá y este amigo nuestro empezó a decir bach. Bach está la comida, bach otra cosa. Eso nuestro comunity manager lo empezó a aplicar en las redes para comunicar y al momento de nombrar el disco queríamos algo autentico, que nos representara, y de casualidad un fan nos escribe por Instagram: che, se dieron cuenta que bach es un acrónimo de Bandalos Chinos. Y ahí todo terminó de cobrar valor. Fue una forma ingeniosa de ponerle un nombre homónimo al disco.

Agradecimientos: Espacios Balux (@espaciosbalux)