Tendencia mundial desde hace décadas, los productos “listos para beber” empiezan a pisar fuerte en el mercado argentino. Últimas novedades de un consumo que crece al calor del verano.


Ya no ocupan un lugar mínimo en la góndola de los súper. Tampoco son una rareza sólo para entendidos: ya en 2018 su consumo anual en la Argentina había alcanzado el litro per cápita y hoy llevan más de una década registrando alzas constantes en ventas. En botellita, en lata o en envases de 750 cc o 1 l, los productos “listos para beber” o ready to drink (de aquí en más, RTD) como se los llama globalmente, pisan cada vez más fuerte en nuestro país. Han recorrido un largo camino en el país desde que en 1993 apareció Pronto Shake y, un lustro más tarde, Dr. Lemon; y aquí están hoy, con las grandes marcas apostando por ellos. Es un buen momento: la temporada estival está en marcha y es hora de apuntar los cañones a un consumidor que busca este tipo de productos, fáciles de beber, de color y packaging atractivos, con la cantidad justa de alcohol, azucarados y con sabores frutales. El esqueleto es invariablemente una bebida alcohólica: vino, espirituosa, vermut o fernet; y el acompañante va desde la gaseosa –la cola, por ejemplo, en el caso del fernet– al agua carbonatada en combinación con jugo de frutas. El dulzor, como se apuntó más arriba, termina de cerrar la ecuación.
“Si bien en la Argentina el mercado de las RTD es incipiente, en los internacionales es una de las categorías con mayor crecimiento”, apunta la bartender Inés de los Santos, desarrolladora de Isla, la primera bebida de la categoría que pude calificarse como premium. “Como bartender para mí es un orgullo porque el producto abre el mercado premium de las RTD con una impronta local y propia a través del desarrollo de Isla Clericó e Isla Sangría”, completa la reconocida profesional que de todos modos pone una distancia entre la coctelería propiamente dicha y este tipo de productos: “Sería un error caer en esa comparación”, dice, “ya que el ritual del cóctel no sólo es otra propuesta sino que, además, está más vigente que nunca”. Lo dice una de las artífices de esa vigencia, asunto cerrado al menos por ahora.

Un golpe de vista en la góndola deja la estela de al menos una veintena de RTD de distintos tamaños, formas y sabores. El fernet con cola convive con el vodka saborizado con pomelo o naranja, el spritz con soda se da la mano con el vermut con bitter, y los vinos frizantes (que ostentan diferentes colores y sabores) se mezclan con mojitos o productos donde la alta calidad se pone al servicio del bebedor más exigente. Como sucede en el Chandon Apéritif, donde un espumante con base de Chardonnay, Pinot Noir y Semillón se amalgama con un macerado natural –y artesanal, dictan desde la bodega– de naranjas y especias. Indicador de que las marcas más conocidas apuntan a un consumo en expansión. El Grupo Cepas (que ya poseía las marcas Pronto, Dr. Lemon –a la que se acaba de sumar un nuevo sabor, Red Berry– y ONE) es también un caso testigo con el lanzamiento hace dos años de sus cócteles Gancia Frutos Rojos y Gancia Pera y Sauco, además de otros jugadores como Quilmes o Porta Hnos.

Escala argentina

“En el mundo hay marcas que son muy fuertes, como Bacardí, Smirnoff o Jack Daniels”, señala el periodista especializado en bebidas Rodolfo Reich, que califica el consumo de RTD como “juvenil, una puerta de entrada a la alcohol como también puede serlo la cerveza”. Y ensaya una explicación del éxito a nivel global que están alcanzando: “Entiendo el consumo, me parece que funciona, que es lógico, que es una competencia de las cervezas y que en la Argentina hay buenos ejemplos. A su vez creo que se puede hacer algo más interesante: de hecho afuera hay Jack Daniels con cola. Funciona muy bien en el mundo aperitivo, como esa botellita preciosa que venden en Italia de Aperol Spritz. Creo que hay un camino que puede hacer la categoría para crecer en un consumo más adulto”, cierra.
Lo más nuevo y sorprendente –aunque esperable tratándose de la Argentina– pasa por un producto que no podía quedar afuera de la categoría: los vinos en lata. Primero fue Dadá 7, derivado del exitoso Dadá, de Finca Las Moras, que hace un par de meses desembarcó en dos versiones (Sweet y Sweet Pink, blanco y rosado) y el flamante Santa Julia Chenin Dulce Natural, según la bodega mendocina, “el primer vino dulce en lata de la Argentina”, llegado en unos preciosos envases de 355 cc.
Queda así oficialmente abierta la temporada estival subida a productos, como sentencia Reich: “Para sacar de la heladera y consumir”. Veraniegos, nocturnos, para beber al borde de la pileta o en la discoteca. ¿Son estacionales? Puede ser, pero también –cada vez más– se consumen durante todo el año.

Un golpe de vista en la góndola deja la estela de al menos una veintena de RTD de distintos tamaños, formas y sabores.