TODO SE TRANSFORMA

Cómo producir tu propio abono orgánico bajo la regla de las 3R: reducir, reutilizar y reciclar los desechos para devolverlos a la tierra.


Imitar a la naturaleza. De eso se trata hacer compost y nutrir al suelo con residuos orgánicos. La basura se transforma en abono por la acción de microorganismos descomponedores, y la tierra se alimenta de un fertilizante natural que mejora la calidad de vida de las plantas. Así, se logra cerrar el ciclo de la materia, desterrando el consumo lineal de extraer, consumir y descartar los desechos.

Para compostar de manera efectiva es necesario contar con un recipiente en donde colocar la materia prima: restos de frutas y verduras, saquitos de té, yerba, café y cáscaras de huevo. Este recipiente se puede comprar, o bien ser fabricado en el hogar con materiales reciclables, como palets de obras o cajones de madera.

Lo ideal es que la mezcla a utilizar se mantenga húmeda pero esponjosa. Por eso, también es importante el agregado de productos secos, como restos de poda, hojas, fósforos usados y pequeños pedazos de papel y cartón. “El último paso es esperar. Entre tres y cuatro meses después, ese material se va a transformar en un abono excelente”, asegura Alejandro Ocvirk, líder de la empresa Terranova Composteras.

En la Argentina, se calcula que cerca del 50 por ciento de los residuos que se generan en el hogar son orgánicos. Por lo que, si no fueran arrojados a vertederos o incineradores, se reducirían las emisiones de carbono en el ambiente. “Si el hábito de compostar se multiplicara, la realidad de los rellenos sanitarios cambiaría notablemente en nuestro país. Se producirían menos bolsas, habría muchísimos menos camiones circulando y estaciones de transferencia de residuos en funcionamiento”, explica el emprendedor.

Pero además, el compostaje doméstico logra sustituir el uso de fertilizantes y plaguicidas químicos utilizados en la agricultura. “En la ciudad se hace difícil respetar los ciclos naturales. Al tener una compostera, uno se acostumbra a meter la mano en la tierra, a amigarse con los insectos. Aparece un ecosistema en el espacio en el que compostamos y generamos un material buenísimo en donde, cualquier semilla que plantamos, brota. Eso, de rebote, nos termina acercando al mundo de las plantas. Es muy notable la diferencia entre una que recibe abono de forma periódica y otra que no”, cuenta Ocvirk. Compostar, como una alternativa más respetuosa y protectora del medio ambiente.

El abono resultante debe aplicarse cuando las raíces aún están en pleno desarrollo, idealmente en primavera u otoño. A medida que avanza el proceso de compostaje, la temperatura de la mezcla aumenta (si supera los 70° C, se pone en riesgo la vida de algunos microorganismos descomponedores), hasta enfriarse por completo. Por eso, es conveniente que el clima no sea de calor ni de frío extremos. Este recurso no sólo ayuda a aumentar la producción de frutas, verduras, granos y flores, sino que también permite mejorar el aspecto y la sanidad de las especies. Cuando están bien nutridas, se enfrentan de mejor manera a los cambios climáticos, enfermedades, plagas y malezas.

El riesgo más importante a la hora de producir abono orgánico es que se pudran los desechos y no se logre el objetivo. Para evitarlo, y así también los malos olores, el material a degradar debe mantenerse aireado. “Los malos olores aparecen cuando ocurre una descomposición anaeróbica, que es la descomposición de la materia sin presencia de aire. Esto suele pasar en las composteras por un exceso de humedad, que hace que la materia orgánica se apelmace demasiado, no tenga una buena circulación de oxígeno y entre en acción otro conjunto de bacterias que son las que generan mal olor. Una posible solución es la de agregar material seco”, comenta Ocvirk. Además, es importante remover la mezcla periódicamente, para ayudar a que el material no se compacte.

Lo que ocurre dentro de una compostera es un proceso tan antiguo como la tierra misma. Es una de las formas más nobles de acercarse al entorno, transmitir los valores de consumo responsable y respeto por el medioambiente. Reducir, reutilizar y reciclar los desechos para devolverle a la naturaleza parte de lo que ella nos brinda.

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