En las grandes ciudades, la soledad ya es un tema de agenda política, y desde distintos ministerios intentan fomentar las conexiones sociales. La tecnología, a su vez, juega sus propias reglas y cada vez son más las apps que permiten simples encuentros de conversación.


Si bien el refrán popular indica “Mejor solo que mal acompañado”, y conforme la cultura ha ido evolucionado y nuevos hitos de sociabilidad han aparecido en las últimas décadas de la mano de la tecnología (primero internet y luego las redes sociales), la soledad es una problemática que preocupa a diversos organismos de salud y a los Estados hoy en día. Incluso Gran Bretaña ha ido tan lejos como para crear un Ministerio de la Soledad para fomentar las conexiones sociales como política pública, prescribiendo actividades artísticas y comunitarias (un estudio longitudinal de hace unos años reveló que el 69% reportó sentirse menos solos luego). Por ello es que, tanto en los EE.UU. como en Europa, algunas iniciativas y movimientos desde la sociedad civil se proponen trabajar la temática en zonas urbanas.

“La soledad es un concepto relativamente nuevo para la academia, comenzando a mediados de los 60 y volviéndose prominente gracias a Robert Weiss, pero los estudios de soledad no comenzaron de forma uniforme y rigurosa hasta 1978, con la creación de una escala de ítems para medir los sentimientos subjetivos de soledad y aislamiento social, la L.A. Loneliness Scale”, reflexiona Olivia Laing, autora de The Lonely City. Esta falta de interés o de observación sobre el tópico quizás se explique por el hecho de que el foco en la cultura estuvo siempre puesto sobre agrupaciones sociales de más de uno (la familia, la pareja, organizaciones, países). Sin embargo, a medida que los hitos tradicionales se fueron aplazando (casamiento, hijos) y el aumento de hogares unipersonales se disparó globalmente, se empezó a mirar con mayor detenimiento al “single”.

Ya sea por mudanzas, falta de tiempo, ritmo laboral o la alienación general provista por los dispositivos, para muchos la socialización en persona es algo cada vez más difícil. Este fenómeno se da mucho en los EE.UU., donde además es común trasladarse por estudios o trabajo a otros lugares, dejando el entorno conocido y teniendo que empezar desde cero. “Me preocupaba que la gente pensara que era un raro de la web”, confiesa Anki Shah, creador de Tea With Strangers, un programa que mediante apps apela a juntar a extraños en instancias simples de encuentro y conversación, permitiendo reconectarlos con el placer de conocer gente. “Pero una vez que empecé a taguear a mis amigos, ellos comenzaron a taguear a los suyos y eventualmente había más gente interesada en tomar un té y charlar de la que pensé”, relataba Shah en The New York Times hace unos meses.

Cinco años y más de mil tés después, este joven de 27 ahora convirtió un proyecto personal en un movimiento internacional que está presente en quince ciudades y que genera encuentros entre desconocidos (por lo general, grupos de cinco) durante dos horas. Con el eslogan “Todos somos interesantes”, desde su plataforma (teawithstrangers.com) es posible encontrar horarios locales e inscribirte para uno de los turnos. Luego los anfitriones les escriben a los participantes con una introducción y los detalles del encuentro. Se pide enfáticamente no faltar. ¿Cuánto sale? Nada, ya que Shah, que en verdad está proveyendo un servicio muy valioso, cree que no se debe monetizar la conexión social. Para sostener el modelo se reclutan voluntarios que, si bien no son psicólogos, están entrenados para lidiar con casos difíciles.

De acuerdo con estadísticas de hace dos años, entre 1980 y 2011 el número de hogares unipersonales a nivel mundial creció de 118 a 227 millones, y continuará su escalada a 334 millones en 2020.

El futuro de las ciudades, solos pero juntos

De acuerdo con estadísticas de hace dos años, entre 1980 y 2011 el número de hogares unipersonales a nivel mundial creció de 118 a 227 millones, y continuará su escalada a 334 millones en 2020, según Euromonitor International. Los números indican que el 60% de las personas solteras son mujeres y un 25% del total de singles tienen entre 25 y 44 años. En los EE.UU., epicentro de la tendencia, casi la mitad de los adultos de 18 para arriba están solteros y uno de cada siete vive solo (28 por ciento al 2018; es decir, 35,7 millones).

A pesar de que la soledad muchas veces no es deseada o simplemente se impone (muchas veces hasta puede generar alienación, depresión y deterioro físico y mental), hay diversos estudios que señalan que aquellos que viven solos tienden a buscar más la conexión social, formar lazos con otros, realizar actividades culturales y políticas, participar en la comunidad activamente y, por tanto, movilizan la economía y revitalizan las ciudades. “En vez de separarnos, la gran marea de habitantes solitarios está creando, sosteniendo y quizás reforzando los lazos que nos unen”, señala Eric Klinenberg, autor del rupturista Going Solo (2012).

Otras iniciativas, como The Chatty Cafe Scheme (thechattycafescheme.co.uk), simplemente funcionan asignando mesas para charlar con desconocidos en los cafés asociados al programa. No se necesitan anfitriones ni plataformas digitales, sólo ganas. Localmente, lo más parecido a estas iniciativas es Cookapp (cookapp.com/es/events/buenos-aires), una app mediante la cual podés seleccionar distintas casas para ir a comer, participando en cenas con completos desconocidos y compartiendo una comida. Aunque el servicio, hay que recalcar, es pago. De igual manera, el sitio MeetUp, también importado de los EE.UU., es utilizado en algunos ámbitos como el tecnológico para conocer gente con intereses afines, participar de actividades y hasta armar proyectos. Ninguno es tan masivo todavía.

Quizás lo que estas iniciativas nos dejen picando sea la idea de repensar tanto la socialización en las grandes ciudades como el prejuicio que tenemos de la soledad misma. Al fin y al cabo, la definición de soledad puede variar de situación en situación, de persona en persona, resignificándose continuamente. Es posible sentirse solo estando acompañado, así como no sentir soledad alguna aun sin compañía (una cosa es el aislamiento social y otra la soledad temporal o elegida). Por las dudas, y ya que ningún hombre es una isla y el compartir trae bienestar, algunos servicios ya ofrecen un café, un té o una cena para conocer a otras personas y (re)conectarse, aunque más no sea por un ratito, con el mundo.

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