Luego del éxito de su libro y sus presentaciones en el teatro, la reconocida sommelier continúa por la senda de acercar esta bebida a más gente, derribar mitos, despertar curiosidad y expandir el disfrute por esta pasión bien argentina.


Si leíste algo de Agustina de Alba ya sabés que fue elegida mejor sommelier del país cuando tenía apenas 20 años, que trabajó con las mejores bodegas de la Argentina, que hizo radio y que hoy, convertida en influencer del vino, evangeliza sobre el buen beber desde las redes. Pero en esta nota quisimos que Agus nos contara sobre la historia detrás de su nuevo libro y el furor que generó su show Hola vino, un espectáculo que la pone cara a cara con el público todas las noches y que ya lleva tres ediciones a tope en el teatro Picadero, recorre el interior del país y convoca a 140 personas por mes en su taller en el bar Festival.

“Fui de rebote en rebote hasta que una editorial me dijo: ‘Bueno, Agustina, nos vamos a jugar por este proyecto pero va a salir en formato pocket, blanco y negro, sin diseño ni ilustración’. Dije: ‘Bueno, listo, chau, para que sea así, no lo hago’. A veces uno lo intenta y no se puede. Esa misma noche me encuentro en un programa con Narda Lepes y finalmente es ella quien me contactó con Grupo Planeta, donde comenzó formalmente el proceso de creación”, cuenta Agus sobre el difícil arranque.

Con el libro recién salido del horno, Alba siente que su misión de hacer una guía sencilla, práctica y cercana a la hora de elegir, beber y disfrutar del vino está cumplida. Un libro accesible y para todes, donde las herramientas que se dan pueden aplicarse en un vino de $300 o de $5.000. En este sentido, Alba nunca sugiere que gastes más dinero sino que dediques más tiempo y conciencia a la hora de tomarte un vino, invitando a profundizar en la experiencia.

–¿Cómo surgió la idea del libro? ¿Qué impedimentos tuviste desde el comienzo y qué se siente tenerlo ahora en tus manos?

Hola vino es mi proyecto, mi sueño personal y nace a partir de que en los últimos años empecé a notar que había preguntas que se repetían en distintos contextos: dando una capacitación a un grupo de camareros, armando una cava privada para un cliente, haciendo una columna de radio o recibiendo un mensaje a través de mi cuenta de Instagram. Entonces decidí armar un cuadro de Excel y empecé a ordenar las preguntas por temáticas, por ejemplo: cómo se hace el vino, cómo catar, cómo elegir, cómo comprar, cómo servir y cómo acompañar. Pasé por varias editoriales que no entendían cómo quería hacer un libro de vinos… sin hablar de vinos. Si bien aparecen personas que hacen o comunican el vino, referentes de la industria (colegas, enólogos) que admiro y que aportaron muchísimo, en este libro no vas a encontrar vinos ni bodegas recomendadas ni catas técnicas. La idea es que esa búsqueda personal la haga el lector.

–¿Cómo arrancaste con el espectáculo Hola vino, hoy un formato exitoso por cuenta propia, y cómo eso nutrió el proceso del libro?

–Eso es lo más hermoso de todo: las vueltas de la vida que uno muchas veces, en el medio del proceso, no entiende por qué suceden. Te encaprichás, pero después, cuando mirás atrás, todo cobra un sentido mayor. Como el proyecto del libro se dilataba cada vez más, quería hacer algo que no dependiera de que otro me subiera o bajara el pulgar. Yo siempre fui habitué del bar Festival, donde había una galería de arte divina, y quería empezar a armar talleres de vino. Al principio venían 20 personas. Al mes de arrancar cierro con editorial Planeta y estos talleres se convirtieron en parte del proceso de trabajo. Cerrábamos un capítulo, lo llevaba al taller para ver cuál era la devolución o preguntas que la gente me devolvía, y eso lo sumábamos al libro. La realidad es que todo lo que hago hoy es posible gracias a la gente. Así fue que los talleres colapsaron, y de ahí surgió la idea de llevar Hola vino al teatro. Y en paralelo sucedió que recibía muchísimos mensajes del interior del país, así que ahí nació el Hola vino tour, donde comenzamos a viajar con los talleres y el drink team.

“Hoy me siento más sommelier que nunca. Uno es, ante todo, un comunicador. Somos el puente entre los que hacen vino y los que lo beben. Nuestra principal herramienta es el servicio.”

–¿Qué es lo más lindo que te llevás del público en las presentaciones?

–La energía y las palabras de la gente. A mí lo que más me gusta es el contacto con la gente, es algo que fomento siempre a través de los talleres o de mi Instagram y es por eso que recibo tanto. Es muy loco, porque el vino es nuestra bebida nacional, une y nos acompaña en muchos momentos de nuestra vida. Entonces me escribe gente contándome que se separó, que la dejaron, que tiene una primera cita, que va a conocer a sus suegros. Me ponen en situación y después me piden ayuda para que les recomiende un vino.

¿Ya te sentís más comunicadora del vino y embajadora que sommelier?

–Hoy me siento más sommelier que nunca. Un sommelier es, ante todo, un comunicador. Somos el puente entre los que hacen vino y los que lo beben. Nuestra principal herramienta es el servicio. Si bien hoy no elijo estar en un restaurante todas las noches, como lo hice durante nueve años, o entrenando para concursos, todo lo que hago (armado de cartas de vino, de cavas, talleres, charlas, el libro, etcétera) parte de mi vocación y mi formación. Me gusta mucho estudiar y es algo fundamental para cualquier sommelier. La carrera no termina cuando te gradúas, al contrario.

–¿Cuán importante es para vos desmitificar el consumo del vino y que más público joven se anime a probarlo?

–El vino argentino es nuestra bebida nacional, está en la mesa de todos. No hay bebida más cercana, más profunda, pura y con tanta historia que el vino. Muchas veces me dicen “la sommelier que acerca el vino a los millennials”, y es muy loco por dos cosas: por un lado, yo lo que busco es acercar el vino a todes, y por otro, y lo que más me emociona, es que en mis talleres hay gente de 20 a 65 años. Lo que hago es de todos y para todos. Sin exclusión.

–¿Qué cosas hace Agus de Alba cuando no está tomando vino, contestando notas, yendo a eventos, catando, etcétera?

–Si restamos todo eso me queda muy poquito tiempo. Principalmente, es estar con la gente que quiero, aprovecho para ver a mis amigos, para estar con mi abuela, que hace poco cumplió 93 años, y también me gusta cada vez más tener momentos para mí. Estoy meditando mucho, haciendo cursos de mindfulness. Me gusta leer sobre esos temas, además de salir a comer, descubrir nuevos restaurantes, viajar.

Cinco mitos del vino

  1. Que la elección de la copa no influye en la percepción del vino.
  2. Que el tinto se toma a temperatura ambiente.
  3. Que el maridaje es puro cuento.
  4. Que para saber de vinos tenés que tener un olfato superdotado.
  5. Que el sommelier en un borracho.
})(jQuery);