Neumáticos que se convierten en suelas y telas de descarte que llegan a las tiendas en forma de nuevos vestidos: el upcycling está cambiando la manera en que se produce moda en el mundo, y el sector del lujo también se suma a la tendencia.


La basura de unos es el tesoro de otros. Debajo de las mesas de corte de las fábricas de ropa, en los rincones de los talleres de marroquinería, en las tiendas de segunda mano y hasta en los grandes desguazaderos de autopartes se encuentra el nuevo tesoro de la moda. Los restos de telas, cuero y caucho, materiales que hasta hace poco tiempo estaban condenados a morir en los basurales, tienen hoy una sobrevida gracias al upcycling.

El reciclado de prendas no es nuevo, en verdad: los artesanos hippies, por ejemplo, crean bolsos tejidos con el plástico de los sachets de leche y morrales con la tela de jeans viejos desde hace décadas. Pero el upcycling (o superreciclado) es más que el uso del material de descarte: de lo que se trata es de convertir los desechos en productos de un valor muy superior al que tenían originalmente, mediante un proceso sostenible que genere el menor impacto ambiental posible y que beneficie a la comunidad.

“Nuestras zapas son basura y estamos orgullosos.” El eslogan es lo primero que salta al entrar al ecoshop de Xinca. Más allá de la estrategia de marketing, las alpargatas, panchas y zapatillas que se venden en la tienda online no son basura, aunque sí lo es la materia prima que se usó para fabricarlas: caucho de ruedas y telas viejas. En el video de presentación de la filosofía de la empresa argentina, Alejandro Malgor, uno de los fundadores, explica que la primera misión que tuvo con sus socios fue reducir la contaminación que produce el descarte de neumáticos, pero no fue la única: además quisieron generar fuentes de trabajo para los excluidos del mercado laboral. Hoy, Xincales da empleo a personas privadas de su libertad del Penal San Felipe (Mendoza), a miembros de organizaciones sociales y a trabajadores rurales, y fue elegida como mejor start-up de emprendimiento social en la segunda edición de Chivas The Venture Argentina, un concurso que distingue los emprendimientos que impulsan un cambio positivo en sus comunidades.

Leaf, otra fábrica argentina de zapatillas, mochilas, remeras y gorras confeccionadas con desechos, destaca el compromiso social como motor de su actividad productiva: dona el cincuenta por ciento de sus ganancias a diversas ONG, como Techo y La Barca, que tiene un proyecto educativo.

Larga vida a los trapos

Si las estadísticas de la industria textil de los Estados Unidos no mienten, tres de cada cinco prendas que se venden en ese país acaban en basurales o incineradas dentro del primer año en que fueron producidas. Los franceses usan menos del 68 por ciento de su guardarropa, y en el Reino Unido, una de cada tres mujeres considera “vieja” la ropa que usó apenas un par de veces.

El upcycling se propone cambiar la cultura del fast fashion por otra más sustentable. Los abanderados de la tendencia son los millennials (los jóvenes de entre 20 y 30 años) y los centennials (adolescentes), que rechazan la acumulación e impulsan un consumo más consciente.

Asos, una marca estadounidense popular y accesible, empezó a usar el denim de viejos jeans Levi’s, cuero reciclado y telas antiguas (en algunos casos, de prendas de etiquetas de lujo, como Dior, Lanvin y Chloé) para crear nuevos productos. Y hasta el gigante nórdico H&M, estandarte del fast fashion, inició una campaña para reciclar textiles: estimula a sus clientes a donarles la ropa vieja a cambio de cupones de descuentos para futuras compras en sus tiendas.

Beyoncé, Rosalía y Kendall Jenner son tres celebridades que usan las prendas de Left Hand LA, una marca californiana de ropa reciclada famosa por sus jeans rotos y buzos con grandes parches de telas reutilizadas. Y no son las únicas famosas que ostentan prendas de segunda mano combinadas con otras de marcas premium.

Quienes parecen no haberse enterado de la tendencia son las influencers argentinas de Instagram, que posan con ropa nueva que jamás repiten, sea de su estilo o no, sólo porque su “influencia” está rentada por las marcas de los shoppings. Pero el mercado va en otra dirección, especialmente en las grandes ciudades: se invierte en los básicos (lo que se conoce como “fondo de armario”) y se compran usados o se alquilan los accesorios y las prendas que les aportan carácter a los equipos. A la hora renovar el guardarropa, gran parte de eso se reciclará, se compartirá o se revenderá, en un círculo que busca alargar la vida de los productos.

Beyoncé, Rosalía y Kendall Jenner son tres celebridades que usan las prendas de Left Hand LA, una marca californiana de ropa reciclada famosa por sus jeans rotos y buzos con grandes parches de telas reutilizadas.

Lujo reciclado

La industria de la moda es una de las más contaminantes del planeta, especialmente por el uso de tintas y colorantes y por la gran cantidad de agua que insume. Se estima que para fabricar una simple remera de algodón se utilizan más de 2.600 litros de agua; para un par de zapatillas, 4.000, y para un jean, 3.000. Al reutilizarse las telas, el impacto en la naturaleza disminuye. En las etiquetas de la ropa de Reformation LA, que transforma ropa vintage y restos de tela en vestidos divinos (incluso de novia), figura la información de cuánta agua se ahorró con el proceso de reciclado respecto de la forma de producción tradicional y, además, cuánto dióxido de carbono menos se liberó en el proceso.

Para las compañías, esas acciones ya forman parte de su política de responsabilidad social empresarial, incluso para las firmas que operan en el mercado de lujo. “Las marcas de lujo se volvieron más accesibles y les es difícil atraer a los consumidores que buscan exclusividad. En cambio, su valor agregado puede derivar del cuidado del medioambiente y su desempeño social, expresado a través de una marca ‘más profunda’ en valores y en prácticas comerciales más sostenibles”, aseguran los investigadores Jem Bendell y Anthony Kleanthous en Deeper Luxury, un trabajo que publicaron en 2007 con apoyo de la World Wildlife Fund. Hoy, a los amantes del lujo no los espanta que los productos que compran (incluso a precios altísimos) tengan materia prima reciclada, siempre que el diseño y la calidad merezcan la inversión

Desde 2005, la empresa inglesa Elvis & Kresse rescata material de descarte (mangueras de incendios, velas de barco, bolsas de café y paracaídas, por ejemplo) y lo convierte en accesorios de lujo accesible. Su trabajo llamó la atención de grandes de la moda, como Burberry, que acordó entregarle los restos de cuero y lana de su propia producción. Las carteras, mochilas y billeteras fabricadas a mano con material reciclado se venden online a precios que pueden llegar hasta los 400 dólares. El 50 por ciento de lo recaudado se destina a la Fire Fighters Charity, la obra de caridad de los bomberos ingleses.

Lo que la Fundación Burberry hace con Elvis & Kresse en el Reino Unido es similar a lo que Hermès hace en Francia con Petit H: Pascale Mussard, de la propia familia Hermès, crea objetos de decoración y accesorios con los productos defectuosos y los restos de material de la maison de lujo.

La moda reciclada llegó también a las pasarelas. Para hacer uno de los abrigos de su colección, Christoph Rumpf trabajó como un orfebre más que como un modisto: recortó la tela de unos antiguos trajes de ballet, combinó las piezas y luego las unió como si montara una filigrana. Rumpf, de 25 años, era uno de los participantes de Les Salins d’Hyères, el festival de diseño de Francia que cada año distingue a los nuevos talentos de la moda. En la edición 2019, el joven austríaco fue el consagrado en la categoría “Première Vision Jury” y, además de un premio de 20 mil dólares, ganó una tutoría para difundir en China su experiencia con el reciclado de prendas, un lugar en los desfiles del Fashion Week de Berlín, la posibilidad de crear una colección cápsula para Petit Bateau y la curaduría de un proyecto para Chanel Crafts.

Una prueba más de que, cuando se trata el upcycling, no sólo se transforman los materiales, también evoluciona la conciencia sobre la huella que dejamos en el planeta.

Upcyclin es convertir los desechos en productos de un valor muy superior al que tenían originalmente, mediante un proceso sostenible que genere el menor impacto ambiental posible y que beneficie a la comunidad.