La serie estrella de la BBC One y HBO plantea desde el comienzo un escenario distópico para 2027, aunque conocido para todos los argentinos: un revival de la crisis de 2001 pero a nivel mundial, sin escapatoria más que recurrir a gobiernos de ultraderecha. Los gérmenes de todo lo que sucede en cada capítulo existen en nuestro presente, aguardando a desarrollarse.


El mundo arde. En el Amazonas, en Siberia, en Alaska, en Indonesia, los incendios forestales se propagan a un ritmo histórico. El Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del planeta. Las protestas se reproducen en Hong Kong. Trump, Brexit, Boris Johnson, crisis de refugiados, la era de la posverdad, el creciente ultranacionalismo, el auge de los gobiernos totalitarios, los estragos de las deepfakes, las fake news y el reconocimiento facial. Y más.

Los vaivenes de un planeta convulsionado se registran en los titulares de los diarios y en las redes sociales así como también en las historias que nos contamos. Hace tiempo, la ficción dejó de ser un oasis de tranquilidad y evasión para convertirse en un espacio de digestión y alarma ante lo que sucede frente a nuestros ojos.

Years and Years es, quizás, una de las más claras muestras de esto. Heredera de distopías como Black Mirror, esta serie inglesa emitida por la BBC One y HBO atrapa al espectador no con los giros comunes de la ciencia ficción –el viaje espacial, el viaje en el tiempo, la amenaza de invasión alienígena– sino a través de la prospectiva, es decir, la previsión de situaciones concebibles que se abren a partir de nuestro ya oscuro presente. De ahí su crudeza, su impacto, su inquietante grito de alerta.

Esta producción de Russell T. Davies, creador de la versión original de Queer as Folk pero mejor conocido por el relanzamiento de Doctor Who, arranca en un futuro cercano, casi a la esquina: en el año 2027. La derecha y los regímenes totalitarios avanzan en Europa de la mano de Vivienne Rook (interpretada por Emma Thompson), una especie de Bolsonaro inglesa. Donald Trump va por su tercer mandato. Estalla una nueva crisis de refugiados (esta vez ucranianos). El cambio climático se acelera provocando inundaciones y apagones generalizados. Las bananas se han extinguido, el chocolate se ha convertido en un lujo, los adolescentes sueñan con implantarse dispositivos electrónicos en el cuerpo para conectarse íntimamente a internet y una bomba nuclear explota cerca de China.

En el medio de tanta pesadilla está una familia de clase media, disfuncional como todas: los Lyons, de Manchester. A través de sus ojos (y cuerpos) vemos capítulo tras capítulo y en el transcurso de quince años cómo las situaciones más increíbles pero a la vez verosímiles moldean sus vivencias, los atraviesan.

En unas de sus líneas argumentales centrales, Years and Years hace a la crisis actual de los refugiados lo que la miniserie Chernobyl hace, justamente, al desastre de Chernóbil: expone en clave dramática una tragedia. En este caso no se trata de Siria o Venezuela sino de Ucrania, donde las tropas rusas han entrado forzando una crisis humanitaria internacional. Los refugiados ucranianos invaden Inglaterra y el resto de los países europeos. Mientras aumenta la xenofobia, muchos jóvenes mueren ahogados en el canal de la Mancha al intentar llegar a un mejor destino.

Además de este drama humanitario, la serie aborda las desapariciones forzosas, la lucha por los derechos de los homosexuales, el caos económico y el desastre climático. Por ejemplo, imagina que, para 2028, Inglaterra vivirá una serie de apagones que llevarán a tomar la decisión de volver a imprimir todo en papel: diarios, documentos de gobierno, todo.

En una especie de ejercicio de realismo distópico, la serie funciona como un pronóstico escalofriante que transmite al espectador una sensación de temor. Los gérmenes de todo lo que sucede en cada capítulo existen en nuestro presente, aguardando a desarrollarse. Ahí reside uno de los principales ejes de esta suerte de profecía premonitoria: o nos adaptamos y preparamos ante lo que se viene o nos despertamos e intentamos cambiar nuestro destino.

En medio del colapso social general y las tensiones geopolíticas provocadas por líderes demagógicos, la serie también explora el auge de las ideas transhumanistas, es decir, aquel movimiento que pronostica la fusión de nuestros cuerpos con la tecnología hasta la emergencia de un ser completamente nuevo. En este aspecto, Years and Years supera a Black Mirror, que con el tiempo perdió todo poder de conmoción para abordar los dilemas éticos así como las pesadillas propiciadas por el cambio tecnológico.

“Creo que se avecinan grandes transformaciones”, dice Davies. “El clima me preocupa enormemente. Pero no importa la política. No importa lo que digan nuestros primeros ministros o presidentes. En el fondo, siempre tengo esperanzas. Creo que somos una especie creativa y una vez que reevaluamos estos problemas podríamos llegar a encontrarles una solución.”

Frente a los cambios (tecnológicos, culturales, políticos, sociales), la serie enfatiza la sensación de aceleración y pérdida de control. Así como también remarca la habilidad humana para adaptarse: pese a las conmociones que sufren –crisis bancarias, amenazas nucleares, el derretimiento de los casquetes polares, implantes de teléfonos en las manos–, sorprende ver a los personajes retomar el curso de sus vidas. Levantarse una y otra vez.

Por eso, en el fondo, esta serie más que buscar embriagarnos con las anticipaciones de las transformaciones tecnológicas que se avecinan se distingue por su mensaje sobre la responsabilidad.

En uno de los últimos episodios, la abuela Muriel, la cabeza de la familia, sienta a sus nietos y bisnietos y les dice: “Es su culpa. Es culpa de cada persona alrededor de esta mesa. Lo hicimos. Nosotros hicimos el mundo tal cual es hoy”. Así, Years and Years nos interpela a hacernos cargo del futuro. Nos muestra lo que puede llegar a suceder si no actuamos para evitarlo.

En el medio de tanta pesadilla está una familia de clase media, disfuncional como todas: los Lyons, de Manchester. A través de sus ojos (y cuerpos) vemos capítulo tras capítulo y en el transcurso de quince años cómo las situaciones más increíbles pero a la vez verosímiles moldean sus vivencias, los atraviesan.