“No llamen, no soy nadie tan interesante”, dice el artista argentino más escuchado de Spotify. Fóbico a la prensa –o demasiado tímido como para sentarse frente a un periodista–, habló por única vez de sus comienzos en las batallas de Córdoba, su salto a la fama mundial de la mano de Ed Sheeran y el proceso creativo, casi mágico, que lo lleva a encontrar su flow.


–¿Cuándo empezaste con la música?

–Un día estaba en mi casa, y mi hermana me dijo: “Mirá esta película que te va a gustar”. Era 8 Mile. La vi y aluciné. Me pareció increíble cómo Eminem manejaba la música, el respeto, el barrio, las batallas de rap. Y eso me inspiró a arrancar, a salir de mi zona de confort, a escuchar cómo otra gente se comunicaba. Para mí, él es el número uno.

–¿Y qué aprendiste de esos cruces que se dan en las batallas?

–Las ganas de expresarse. En las batallas cada uno se muestra como es. Se nota si estás aparentando algo. Al principio me parecía difícil. Me iba bastante mal, porque siempre ganaba el más agresivo. Yo tenía ganas de hacer otra cosa. Me gustaba más cómo rapeaba el que no se trababa, el que fluía distinto. Por eso me fui alejando de ese mundo y me metí a grabar música. Pero me acuerdo de que las primeras veces que iba a la plaza con mis amigos decíamos entre nosotros: “Che, ¿vos sentís lo mismo que yo en la panza cuando estás acá?”. Era una mezcla de miedo, ansiedad, nervios. Pero estaba bueno.

–¿Te acordás de la primera vez que fuiste a una competencia?

–Sí, tenía 12 o 13 años y fui con un amigo. Estaba en Córdoba y no conocía nada. Entonces, busqué en Google “competencias de rap en Córdoba”, y me salió una que era un local de Área, una marca de ropa. Yo pensé que iba a ser una competencia normal, pero llegué y era con micrófono. “Ni en pedo me subo, se escucha la voz re fuerte”, dije. Y mi amigo me contestó: “Ya está. Acá no te conoce nadie. Si perdés, nos vamos”. Y me subí. Pasé primera ronda y en segunda, por confiado, me la aplicaron (risas).

“Nunca pensé que iba a estar al lado de Ed Sheeran rapeando. Me acuerdo de que ese día estaba grabando con Ovy, mi productor y beatmaker, en el cuarto de un hotel que estaba alquilando él en Córdoba, y me dice: ‘Me está llamado Fred, el productor de Ed Sheeran’.”

–¿Y cuándo supiste que esto no iba a parar?

–Cuando me empezaron a llamar para los primeros eventos dije: “Esto puede ser lo mío”. Al principio, los llamados eran muy paulatinos. Yo estaba estudiando Derecho, entonces sostenía las dos cosas. Pero después se me empezó a complicar y me di cuenta de que tenía que elegir. Pensé: ya fue, me lanzo con esto aunque sea un tiempo y veo qué onda. Después saqué el tema “Relax” y tuve tantas visitas que no lo pude creer.

–“Ahora me siento mejor”, dice ese tema. ¿Te sentiste mal en algún momento?

–Sí, yo fui a un colegio público y me encontré con un montón de locos que eran re agresivos. A mí no me salía. Yo quería hacerme el rapero, entonces me tomaban de punto, me cargaban. Una vez, en el baño, un chico sacó un anillo con una punta y me lo puso en la panza. Me dijo: “¿Y si ahora te pincho?”. Yo no lo podía creer. Pero lo lindo que me pasó con la música fue que un día me animé a hacer una canción, por el Día del Maestro. Me subí al escenario del colegio y empecé a rapear. A la gente le gustó, me aplaudió, y los mismos que me cargaban me vinieron a felicitar. A partir de ese momento nunca más me molestaron. Ahora pienso que si yo no me hubiera encontrado con esa gente que me agredía, capaz no me hubiesen dado ganas de demostrarles a todos que yo podía. Creo que todo sirve.

–Hoy sos el artista argentino más escuchado de Spotify.

–Sí. Cuando veo a la gente escuchando mi música, alucino. Pero trato de no pensarlo mucho porque, si no, no paro. Aunque no parezca, paso horas en Instagram viendo videos de fans. Veo sus caras, me doy cuenta cuando algo les gusta y cuando algo no. Me mato viendo eso, porque los oyentes saben mucho y aprendo de ellos. Aprendo qué es lo que esperan de mí, cómo los puedo sorprender. Busco hacer algo distinto, porque al final los que eligen qué música la pega son ellos.

–¿Qué te pasa cuando se genera algún comentario negativo?

–Hay gente que tira mala onda y eso está mal, porque uno no le quiere hacer mal a nadie. Cada uno hace lo suyo, representa algo. Por eso no entiendo por qué lo hacen. Una crítica la acepto siempre. Te pueden no gustar mis rimas, mi tono de voz, te puede parecer torpe mi tema. Que me pase a mí, bueno, ya soy grande. Pero, ¿cómo van a criticar así a un pibe que recién está empezando? Paren un poco, porque si no nadie va a tener ganas de exponerse y crecer. Es horrible, pero por suerte son más los que tiran buena onda.

–En “Forever alone” decís: “Chico reservado, tranquilo, perezoso y dormilón. Estoy bien con mi gata, mi familia, el fernet, sushi, olvidar los celulares. No llamen, no soy nadie tan interesante”. ¿Eso habla de vos?

–Esa canción es mi carta de presentación. Es la que más habla de mí. Muchas veces me preguntan cosas y yo no sé qué responder. No hay tanta magia como creen, es más simple la cosa.

–¿Seguís siendo el mismo que cuando empezaste?

–Sí, yo tengo muy marcados mis valores. Libertad, respeto, responsabilidad, pasión. No me la creo. Si te la creés, dejás de ser vos mismo.

–¿Pero podés salir a la calle igual que antes?

–Lamentablemente, no. Es una de las cosas malas. Yo no salgo tanto, porque es complicado. Hace poco fui a ver un partido de básquet en Córdoba y me tuve que ir. Fue feo. Estaba con mis amigos en un palco, alentando, nos habíamos tomado unas cervezas, y todos se acercaban a sacarse una foto. Yo lo hacía, pero cuando arrancaba el partido, con un ojo quería ver lo que pasaba y con el otro hacer las fotos y los videos. No podía. Quisieron venir a hacerme una nota y yo quería ver el partido, nada más.

–¿Cómo te enteraste de que Ed Sheeran quería grabar con vos?

–Me habían dicho que podía salir algo con él, pero yo creí que no iba a pasar. Pensé que iba a terminar en el famoso “no, al final…”. Nunca pensé que iba a estar al lado de Ed Sheeran rapeando. Me acuerdo de que ese día estaba grabando con Ovy, mi productor y beatmaker, en el cuarto de un hotel que estaba alquilando él en Córdoba, y me dice: “Me está llamado Fred, el productor de Ed Sheeran”. Lo atendemos. “Miren, acá les paso la base del tema. Estamos medio apurados”, nos dice. Y yo, como quería quedar bien, le mandé mi parte del tema a los cinco minutos por WeTransfer. Me habían dado un poco más de 30 segundos de canción y estaba en llamas. Quería rapear sí o sí.

–¿Y qué pasó cuando se la mandaste?

–Me dijeron que estaba bueno, pero me pidieron que mandara una segunda versión más cantada, por las dudas. Yo les decía: “Estoy seguro de que van a querer la primera”, pero ellos querían que cantara más. ¿Cómo iba a cantar al lado de él, con la voz que tiene? Sabía que no tenía que cantar ahí. Pero igual les mandé una versión dos, en otros cinco minutos, para que quedaran contentos. Al final, quedó la parte en la que yo rapeaba. Eligieron la que yo dije que iban a elegir. Tenía que hacer eso, porque es lo mío.

–Lo conociste personalmente cuando fueron a grabar el video de la canción a Londres. ¿Te dijo por qué te eligió a vos?

–Sí, es increíble lo buena persona que es. Es increíble como persona y como artista. Yo soy tímido, y allá era peor. No sé hablar muy bien en inglés, pero me dijo que le gustaba mi tono de voz y cómo me desenvolvía. No podía creer estar al lado de él.

–Hablando de tu música, ¿es un secreto que la base de la canción tenga que ver con la letra?

–Sí, porque hay que saber sentir el beat. El beat te habla, te marca el tema del cual vas a escribir. Para componer, casi siempre escucho primero el beat y después le pongo la letra. La música te va transmitiendo cosas: felicidad, tristeza, intriga, nervios.

–Es indispensable la buena relación con tus productores.

–Para crear, lo primero que tiene que haber es conexión, buena onda, comunicación. Estás intercambiando ideas constantemente. Con Big Ligas, el sello discográfico, y Ovy aprendí a sonar comercialmente. No tan calle, no tan barrio, no tan hip-hop. Ellos hicieron que mi música se adaptara a todo el público. Y lo que más me gustó fue que se adaptaron mucho a lo que yo quería.

–Muchos chicos quieren ser como vos. ¿Qué les dirías?

–Que sean libres y que hagan lo que ellos sientan. Uno tiene que tener soltura, siempre y cuando haya un límite, que es el respeto por el otro y la responsabilidad. Pero hay que sentirse confiado y hacer lo que uno quiere. Esa libertad no se negocia. Tengo muchos amigos en el barrio que me dicen que se sienten representados por mí, que se sienten orgullosos. Y eso me genera un peso. Siento que llevo una camiseta.

–¿Qué camiseta llevás?

–La camiseta del talento de barrio. Soy un apasionado, loco del rap y de la música.