Así se autodefine la tienda online de accesorios y productos de diseño creada por Candela Vetrano y Melina Soldo. Lo que empezó como un juego, terminó como una marca con identidad propia.


Candela Vetrano y Melina Soldo juegan, ante todo. Disfrutan de inventar desde un llavero hasta un par de lentes, o un aro, un collar, un picador, una gorra, un piluso. En definitiva, un museo de cosas. Cande se dedica principalmente a la actuación, y Mel, a su empresa de diseño de uñas y tatuajes, Melanía. Pero en Come to Mama, ellas se permiten jugar sin parar, para lograr una marca única, con una identidad inimitable, que transforma lo cotidiano en un verdadero juego.

–¿Qué las unió?

Candela Vetrano: –Un día fui al local de Mel a hacerme las uñas para mi cumpleaños y ahí surgió la idea de hacer algo propio. Yo ya venía con ganas de hacer unas bolsas con dibujos míos, ella quería hacer llaveros con frases, y dijimos: “¿Por qué no hacemos algo?”.

–¿Cómo fue el proceso creativo hasta llegar a la marca?

Melina Soldo: –Arrancó muy chiquito todo, y después se volvió una apuesta muy gigante. El nombre surgió ese mismo día.

C. V.: –Sí, había sido mi cumpleaños y yo había puesto en Instagram: “27, come to mama”. Estaba con esa frase y quedó.

M. S.: –En un momento en el que la idea es que la mujer sea la protagonista, parafraseamos un poco lo que sostenemos ideológicamente.

“Tenemos un público feminista bastante fuerte, y todos nuestros productos con frases feministas son al costo; no nos da lucrar con esas cosas. Es un momento re sensible. Es un aprendizaje muy profundo para ambas.”

–¿Cómo fue meterse en algo que nunca antes habían hecho?

M. S.: –Un quilombo. Producir en la Argentina es una tarea bastante ardua, sobre todo por los tiempos. Las dos teníamos cero experiencia en producto. En un momento de crisis, en el que la gente no consume nada, hubo buena recepción.

C. V.: –Estábamos explorando en este mundo como dos personas que no sabían hacerlo, fuimos teniendo experiencias buenas y malas. Decís: “Ay, yo quiero que esto sea así” y después te das cuenta de que quizá no se puede llevar a cabo.

–¿Qué creen que es lo que hace única a Come to Mama?

C. V.: –Que es una marca muy personal. Llevamos nuestra manera de ser a los productos; la idea es que la gente se sienta identificada cuando los use. Uno busca ser un poco diferente.

–¿Qué las inspira?

C. V.: –Muchas veces es la necesidad. Digo: “Esto no está acá” o vuelvo de viaje con un montón de ideas. Es un espacio en donde crear y soñar que hay cosas que pueden suceder. La idea es propagar el concepto “Come to Mama”. Que sea una comunidad.

M. S.: –Consumimos mucho arte y buscamos cosas que corten con esto de que alguien saca una argolla plateada y de repente hay tres millones de argollas plateadas. Tenemos un público feminista bastante fuerte, y todos nuestros productos con frases feministas son al costo; no nos da lucrar con esas cosas. Es un momento re sensible. Es un aprendizaje muy profundo para ambas.

C. S.: –Sí, nuestro público es profundo, entonces muchas veces nos educan a nosotras sin quererlo.

–¿Cuál es su secreto para llegar juntas a una idea?

C. V.: –Tenemos ideas distintas, y la marca es como si fuera mitad una y mitad la otra.

M. S.: –Todo en nosotras es re distinto, y es re divertido. Sigue siendo medio un juego, y yo no quiero salir de esa sensación. Es muy difícil ser extremadamente creativo en un mundo muy capitalista en el que todo ya se inventó.

–¿Qué aprendieron de ustedes mismas haciendo esto?

C. V.: –Yo he tenido un montón de proyectos paralelos a la actuación, pero no terminaban en nada porque me cansaba, me aburría. Me parece sano tener otra cosa que no tenga nada que ver con mi trabajo, y estoy aprendiendo a sostener y tener paciencia en todos los procesos de este laburo: a bancar para ver los frutos.

M. S.: –Ella es una gran alumna y una gran maestra al mismo tiempo.

–¿Qué les gusta que le pase a la gente cuando usa sus productos?

C. V.: –Que los inspiren. Yo soy fanática de las “cositas”, que me sacan del día a día. Fantaseamos con que la marca sea realmente un museo de cosas. Que haya un espacio y la gente pueda ir y ver ese mundo, o una fiesta adonde ir y lookearse con las cosas de Come to Mama.

M. S.: –Que jueguen, no hay “una forma de”. Que cada uno pueda entrar en la sociedad con su escudo social como lo quiera. Nos imaginamos un scrolleo eterno de cositas donde te metas y te sientas alojado en un lugar que te encanta.

–¿Hay algo de su infancia, de coleccionar “cositas”, que tenga que ver con Come to Mama?

M. S.: –Yo iba a muchas ferias americanas de chiquita, nos dejaban faltar al colegio los viernes para ir a una feria muy grande en Rosario, con containers hasta de los Estados Unidos. Y mis abuelos tenían todo un mambo con las antigüedades, pasé toda mi infancia acompañándolos a remates. Era encontrar algo mágico entre todos esos objetos.

C. V.: –A mí siempre me gustaron las cosas rotas o ya sin uso; imaginarme cómo las transformaría. Y hacemos eso: de una teta, un picador; de una frutilla, un aro. Resignificamos los objetos.

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