Black Forest · Música en la oscuridad

Whisky, sesiones de vinilos y ciclos de improvisación en vivo, en el primer jazz kissa de Buenos Aires: un espacio de inspiración japonesa oculto bajo las calles de Chacarita.


En el subsuelo de la librería Falena, Marcela Giscafré abrió las puertas del primer jazz kissa porteño, un espacio que promueve el concepto de “deep listening” en un ambiente íntimo y sofisticado. Con sillones de estilo escandinavo, equipos de audio analógico reciclados a la perfección y un piano que se vuelve protagonista de muchos de los ciclos de improvisación en vivo, Black Forest ofrece una experiencia cultural totalmente nueva en la escena local. El término, que significa “jazz café”, surgió en Japón el siglo pasado para nombrar a los clubes en donde se juntaban a escuchar música e intercambiar vinilos. “Nosotros ofrecemos unos ricos vinos y whisky para completar la propuesta, para acompañar y dar placer. Pretendemos, sensorialmente, llegar un poquito más lejos”, cuenta la dueña y anfitriona del espacio junto a su socio, Jali Wahlsten. Black Forest apuesta a lo desconocido y va más allá: del 5 al 7 de diciembre producirá el primer Nordic Jazz Harvest en Buenos Aires, con el apoyo del Consejo Nórdico de Ministros, una organización de cooperación entre los parlamentos de los cinco países nórdicos. “Será una especie de boutique festival, algo pequeño, porque nuestro lugar es para 30 personas, pero que promueva el espíritu del jazz kissa. Vendrá un selector noruego para musicalizar, y participarán un pianista y un saxofonista, ambos finlandeses”, adelanta Marcela.

Abriste el primer jazz kissa de Buenos Aires. ¿Qué te llevó a apostar por algo totalmente nuevo?

Mi socio, JaliWahlsten. Él es finlandés, me comentó que existía este concepto y me gustó mucho. El jazz kissa proviene de Japón, pero no del Japón cool y minimalista, sino del intelectual. Son lugares muy pequeños, medio nerds, en donde hay enormes colecciones de vinilos y equipos de audio analógicos. Yo tenía un sótano debajo de la librería y dije: “¿Por qué no hacerlo acá?”.

Hay algo de lo personal e íntimo que funciona muy bien en estos dos espacios.

Sí. Falena tiene una propuesta en donde lo público y lo privado se conjugan. Es una librería que está abierta, pero propone un espacio de intimidad en donde el foco está puesto en la literatura. Buscamos crear esa burbuja de placer, que estés cómodo cuando elegís un libro. Y eso lo trasladamos a la música.

Promueven el concepto de “deeplistening” en un espacio en el que también se puede beber. ¿Cómo reacciona la gente ante el protagonismo de la música?

Nosotros ofrecemos whisky japonés y unos vinos muy buenos, pero pretendemos que la escucha de la música supere a la propuesta del bar. La bebida tiene la función de ser un complemento de la situación, de acompañar y dar placer. Buscamos, sensorialmente, llegar un poquito más lejos. Hace un año empezamos con Black Forest, y el foco está puesto en la escucha cada vez más activa, más consciente. Eso, definitivamente, funciona muy bien.

–Por eso es fundamental el audio analógico.

Sí, tenemos equipos vintage, reciclados perfectamente. Lo mejor que hubo en su momento hoy está acá. El sonido analógico es diferencial, es mucho más humano. Si escuchás un piano, por ejemplo, te sentís mucho más cerca de estar escuchando a un pianista en vivo. De alguna forma, es la misma comparación que podés hacer con la imagen, con las fotos de antes y las de ahora. La foto digital es mucho más perfecta, pero tambiénaplana la imagen.

–Black Forest tiene una impronta muy particular gracias a la ambientación y el nombre que eligieron.

Cuando empezamos a armar el espacio, con mi socio encontramos una foto de un bosque y nos pareció que quedaba muy linda colgada en la pared. La ampliamos y la usamos para iniciar la decoración. Fue la punta para arrancar, y el nombre está vinculado a eso, al bosque negro. Una vez que entrás, podés sentir que estás en una cabaña, en algún lugar diferente. Es un espacio que,en términos de ambientación,fusiona lo nórdico y lo japonés. Y todo pasa dentro de un sótano. Hay algo en el nombre que completa lo que se intuye. Arma una imagen, una identidad.

Las sesiones de vinilos son los jueves de 19 a 21, y el tercer lunes de cada mes se realizan ciclos de improvisación en vivo. La única forma de ingreso es con reserva a través de blackforest.buenosaires@gmail.com.

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