Recientemente ganadora del concurso Mejor Sommelier de Argentina 2019, organizado por la AAS, la especialista se hace tiempo para hablar del momento único que atraviesan las mujeres en la cultura vitivinícola del país y se prepara para un futuro lleno de desafíos.


A medida que el consumidor promedio va mostrándose más abierto a probar cosas nuevas, en pleno boom epicúreo –a prueba de toda crisis–, y el vino va llegando también a un target más joven gracias a la difusión de figuras del ambiente y eventos varios, las mujeres del vino están teniendo su momento. Con varias finalistas y ganadoras sucesivas del concurso organizado por la AAS, la Argentina se posiciona como referente mundial y femenino en estos menesteres, que no es decir poco, sobre todo en un ambiente históricamente machista y en donde la figura masculina siempre predominó en el inconsciente del servicio del vino. Así, Valeria Gamper, ganadora como mejor sommelier de la Argentina (pronta a competir en los Panamericanos de Sommellerie en busca de un lugar para el mundial), mamá y amante de la cultura vitivinícola, contesta amable y superprofesional todas las preguntas de un celular que seguramente está estallado por estos días.

–Según datos oficiales de la CAVE y otros centros de estudio, la carrera de sommelierie es una de las más concurridas por mujeres. ¿Por qué creés que la gente por fuera del circuito gastronómico se sigue sorprendiendo con tres finalistas mujeres? ¿Hay algo de prejuicio asociado al conocimiento y disfrute del vino desde el género, como pasa en otras áreas de la industria, por ejemplo con los destilados?

–Si bien aún no está censado, la cantidad de mujeres y hombres estudiando para sommelier y ejerciendo la profesión es bastante equitativa. El consumidor, por suerte, reconoce la figura, y la solicita en los lugares, se deja aconsejar y guiar, sin importar el género.

–En la Argentina, en ese sentido, al ser una profesión relativamente nueva, las chicas corren con ventaja en comparación con otros países más tradicionales, como Francia. ¿Cómo es afuera, qué experiencias has tenido con colegas y jefes masculinos?

–No he trabajado afuera aún, por lo cual no puedo darte mi experiencia. En cuanto a la vivencia con colegas y jefes masculinos, he trabajado con gente muy talentosa como no tanto. Lo importante es aprender e inspirarse de todo.

¿Cómo empezaste en el mundo del vino y qué fue lo que más te atrajo?

–Empecé estudiando Hotelería y trabajando en Alimentos y Bebidas de un hotel. En cuanto hice un curso de bartender, a los 19 años, supe que quería dedicarme a la gastronomía. Sentía que detrás de cada plato o cada bebida había mucho más que la comida o bebida en sí. Veía al vino de una manera muy romántica, lleno de historias y viajes. No sabía nada y no tomaba vino en esa época, pero estaba llena de preguntas que buscaban una respuesta.

–Para la gente que no tiene idea de lo que sucede a nivel competitivo en el mundo de las bebidas, por ejemplo que existen y hay cada vez más torneos de coctelería y barismo, ¿podés contar un poco qué sucede en una instancia como esta y qué se evalúa en el concurso Mejor Sommelier de Argentina?

–El concurso, organizado por la Asociación Argentina de Sommeliers, si bien corona una persona cada dos años, busca darle visibilidad a la profesión y mostrar lo que hace un sommelier día a día y cuán preparado debe estar. Hay pruebas relacionadas con el servicio, con la cata a ciegas e identificación de bebidas distintas al vino, reconocimiento de productores y etiquetas emblemáticas, así como también de coctelería, café, tés, sakes y producto gastronómico. Se fueron incorporando en esta edición pruebas relacionadas a otras áreas, entiendo que para mostrar que un sommelier puede trabajar en otros ámbitos de la industria, como ser bodega, área comercial, educación, periodismo, etcétera.

–A menudo se señala, un poco injustamente, que las mujeres son muy competitivas las unas con las otras. ¿Cómo viviste la final con tus otras compañeras? ¿Hay sororidad en el mundo del vino? ¿Y de la gastronomía en general?

–La preparación es muy personal, pero rara vez se transita solo con éxito, es fundamental encontrar compañeros o compañeras de ruta que se apoyen mutuamente cuando el ánimo no es el mejor. Mi preparación la hice en CAVE junto a colegas (mujeres y hombres), entre ellos, Andy Donadio. Saber que llegamos a la final, habiendo recorrido el camino juntas, fue superemocionante.

¿Qué expectativa te genera la final?

–Creo que lo divertido de la final es no saber qué puede venir o qué prueba puede tocar. Hay que tratar de dejar los nervios de lado y disfrutar.

–¿Qué te gusta hacer cuando no estás trabajando? ¿Bebés mucho vino o en tus tiempos libres preferís probar otras cosas?

–Me gusta ir al gimnasio, escuchar música y leer.

“En cuanto hice un curso de bartender, a los 19 años, supe que quería dedicarme a la gastronomía. Sentía que detrás de cada plato o cada bebida había mucho más que la comida o bebida en sí.”

})(jQuery);