Con espacios cada vez más pequeños y costosos, las viviendas en las grandes ciudades se reconvierten y e intentan adaptar diversos muebles, objetos de diseño y electrodomésticos para aprovechar al máximo la cantidad de metros cuadrados.


“Mind the gap”, clama el metro de Londres cada vez que sus puertas se abren, como una forma de pedirles a los pasajeros que tengan en cuenta el pequeño espacio que queda entre el vagón y el andén. Esa frase podría aplicar perfectamente a la tendencia que crece a medida que aumentan los precios de las propiedades, el consumo excesivo y la población: las viviendas mínimas, las tiny houses, los microdepartamentos, los muebles funcionales, transformables y rebatibles. El fenómeno tendiente a repensar hasta el más mínimo espacio para convertirlo en un verdadero hogar ya es parte de la rutina.

El concepto “menos es más” parece llevar el estandarte de la arquitectura sostenible desde hace varios años. Hay quienes crean proyectos con conciencia ambiental, en los que el hecho de construir con menos, y en un espacio menor, tiene como objetivo principal reducir el impacto negativo en el medioambiente. Y hay quienes desarrollan proyectos de real estate en busca de nuevos inversores y clientes interesados en tener una propiedad, tenga el tamaño que tenga. En este tipo de emprendimientos, la “sortija” está en los amenities y los espacios de uso común, que sirven de algún modo como un vehículo para interactuar socialmente y compartir experiencias, un volver al vecindario, a las bases de una especie de comunidad.

La tendencia a construir microdepartamentos nació en Japón hace más de medio siglo, para luego expandirse a ciudades como París, Londres, Vancouver, Nueva York y, desde hace algunos años, Buenos Aires. Una pionera que fue noticia por la pequeñez de sus creaciones fue Felice Cohen, una artista y bloguera que viralizó su piso de ocho metros cuadrados en Manhattan. El departamento contaba con una micrococina con minifrigorífico y microondas, un mini-living y una cama a centímetros del techo. Otro hito fue el departamento de ocho metros cuadrados que desarrolló Kitoko Studio, un estudio francés de arquitectura, al reconvertir el “cuarto de la empleada” de una casa parisina en un hogar funcional con puertas corredizas que ocultan y dan paso a un armario, una mesa, un baño, una cama y una minicocina debajo de una ventana. El arquitecto italiano Leonardo Di Chiaria también desarrolló una vivienda móvil de nueve metros cuadrados.

Tal vez nueve metros impliquen un desafío que sólo unos pocos pueden enfrentar, pero los microdepartamentos hoy seducen a muchos. Son superficies de aproximadamente 18 metros cuadrados. En Buenos Aires, la firma Predial desarrolló unidades en La Paternal, Almagro, Balvanera, Monserrat y Flores. La clave está en el uso eficiente de la superficie transitable y los grandes ventanales, pero sobre todo en los amenities, como solarium, parrillas, jacuzzis, bares internos, y los planes de pago en cuotas.

Vivir en un espacio ínfimo, para una sola persona, pero con la posibilidad de interactuar con otros en espacios comunes: esta parecería ser la clave del coliving, la tendencia que prioriza la calidad de la forma de vivir por sobre la cantidad de metros cuadrados. Casa Campus es uno de los referentes de este movimiento en Buenos Aires. Con su reversión contemporánea del dicho “La casa es chica pero el corazón es grande”, proponen experiencias de interconexión constante entre los vecinos, como after offices, clases de yoga, cenas multiculturales, coworking y asados.

Otra expresión de este tipo de arquitectura que prioriza aún más los valores sustentables es el movimiento de las tiny houses, que comenzaron en los Estados Unidos y Canadá y desde hace unos años llegaron a Buenos Aires. Son casas móviles y transportables de aproximadamente 22 metros cuadrados, que cuestan alrededor de 24 mil dólares y se adaptan a cualquier tipo de clima y ambiente. Las escape homes estadounidenses cuentan con una construcción arquitectónica horizontal, mucha madera y ventanas panorámicas largas, que invitan a “sembrarlas” en el medio de un bosque o una playa. En la Argentina, la desarrolladora Casarella es la primera en comercializar este tipo de viviendas, construidas a través del sistema steel framing, de acero galvanizado, hechas con paneles impresos en 3D, interioresy pisos de PVC, listas para usar, con cañerías y luces led. Hugo Giménez, arquitecto cordobés dedicado a la arquitectura sensible, creó Kombi Hotel, un hotel nómade montado sobre camionetas Volkswagen recicladas. La idea, obvio, es seguir la caravana y alojarte en donde haya decidido parar en ese momento.

Estar en movimiento constante, flexibilizarse, adaptarse y mutar son algunos de los conceptos claves de este fenómeno, que también puede verse en los muebles rebatibles y robóticos, desarrollados para cumplir varias funciones al mismo tiempo. La lista de creaciones es interminable y las hay por todos los rincones del mundo: en Israel, por ejemplo, es furor el Pivot, una mesa gabinete diseñada por Shay Alkalay; en Rusia, el Zevaka, un escritorio ergonómico con interior acolchado para dormir pequeñas siestas, creado por el diseñador Yaroslav Misonzhnikov; desde un estudio de diseño en Madrid, Alberto Gobbino Ciszak y Andrea Caruso Dalmas inventaron el Lungi, un carro con una rueda, transportable, con una despensa, un ropero, un escritorio y una librería; la Living Tools es una lámpara adaptable con un escritorio de pared, ropero y rieles para cortinas, diseñada por Yi Cong Lu, o las camas rebatibles de la marca MinBai de Buenos Aires.

La tendencia más novedosa son los muebles que pueden moverse robóticamente y transformarse con sólo apretar un botón. Pasan de ser un living a convertirse en una habitación con cama o un vestidor. Ori Studio es el principal desarrollador de esta tecnología, surgida a partir del concepto japonés del origami. Se puede desplazar por partes o todo entero, de acuerdo a la necesidad de organizar el espacio. IKEA no se quedó atrás y se asoció con esta marca para crear a Rognan, un robot móvil que comprende un placard, una cama, un sillón y un escritorio en un solo mueble. Tal vez la clave hoy sea reinventarse, transformarse y crear con lo que se cuenta; un dejar las aspiraciones barrocas de acumular y poseer de lado, y una invitación a soñar en grande en un espacio chico.

Vivir en un espacio ínfimo, para una sola persona, pero con la posibilidad de interactuar con otros en espacios comunes. Esta parecería ser la clave del coliving, la tendencia que prioriza la calidad de la forma de vivir por sobre la cantidad de metros cuadrados.