Además de resolver problemas de fertilidad, la medicina reproductiva es utilizada por parejas del mismo sexo que tienen el deseo de tener hijos. A continuación, un repaso por los principales métodos para lograrlo.


Inseminación artificial

Este tratamiento, considerado de baja complejidad, consiste en colocar espermatozoides, previamente seleccionados en un laboratorio, en el interior del útero de una mujer que está ovulando. ¿Cómo se determina el momento exacto para hacerlo? A través de un monitoreo hormonal. La muestra de semen es introducida por medio de un catéter estéril plástico descartable, y puede aplicarse en ciclos ovulatorios naturales o en casos en los que se estimula la ovulación (claro que es más efectivo de esta forma). La tasa de embarazo con cada inseminación oscila entre el 14 y el 18 por ciento. Por eso, se aconseja repetir el procedimiento al menos tres veces antes de descartarlo.

Fertilización in vitro

Esta técnica de laboratorio –el término “in vitro” significa “dentro del vidrio”– consiste en fertilizar uno o más óvulos fuera del cuerpo humano para luego transferir los embriones al útero de la mujer. El procedimiento abarca una etapa de estimulación ovárica (en la que se administran hormonas, en la mayoría de los casos inyectables), la aspiración de los folículos (en un quirófano y con anestesia) y la posterior inseminación de los óvulos con espermatozoides seleccionados. Luego del cultivo embrionario y una profunda examinación, se espera entre 48 horas y cinco días para proceder a la transferencia al útero mediante un catéter. ¿El resultado? Se calcula que en el 25-35 por ciento de los casos se produce el embarazo. Aunque, claro, las chances varían según la edad de la mujer y su respuesta hormonal.

Método ROPA (Recepción de Óvulos de la Pareja)

A diferencia de las inseminaciones tradicionales, en las que una sola mujer lleva a cabo el embarazo, esta técnica conocida como “maternidad compartida” permite que dos mujeres en pareja compartan el proceso. ¿Cómo es posible? Una de ellas provee los óvulos, que son extraídos y fecundados con los espermatozoides de un donante a través de una fecundación in vitro, y la otra recibe el embrión en su útero y se encarga de atravesar el parto. Así, las dos juegan un papel activo, una como madre biológica y la otra como madre gestante. Un dato importante: para recurrir a este método, las mujeres deben estar casadas legalmente. De lo contrario, se podría entender como una donación de óvulos no anónima, la cual no está permitida.

¿Qué pasa con ellos?

Gestación subrogada

También conocida como “alquiler de vientre”, es la única forma de que dos hombres puedan tener un hijo que comparta, al menos, la mitad de su carga genética con uno de ellos. Para esto es necesaria la donación de un óvulo que será fecundado in vitro y luego transferido al útero de la mujer que llevará a cabo el embarazo (claro, una vez que dé a luz, el bebé será entregado a la pareja).

En la actualidad, la legalidad de la maternidad subrogada depende de cada país. En Francia, Alemania, Italia, España y Bulgaria, la ley la prohíbe en todas sus formas. Pero en lugares como el Reino Unido, Irlanda, Dinamarca y Bélgica es permitida mientras la madre sustituta no sea remunerada. ¿Los países más populares para llevar adelante este procedimiento? Los Estados Unidos (aunque no está regulado en todos los estados), la India, Tailandia, Ucrania y Rusia.

En la Argentina no hay una ley que reglamente este proceso. Pero, aunque no esté prohibido, las parejas que desean llevarlo a cabo viajan al exterior. Un dato extra: el alquiler de vientre es válido para toda persona que desee tener un hijo y no pueda llevar adelante un embarazo. Es decir, también es útil para hombres solteros y mujeres con ausencia o afección del útero o alguna enfermedad que contraindique la gestación.