Con el auge de las nuevas tecnologías, la industria del jean tiene la oportunidad de cambiar sus procesos de trabajo y apostar por la sustentabilidad a la hora de producir. El desafío es lograr modelos de negocios responsables, con eje en la circularidad del ciclo de vida del producto y la sostenibilidad de toda la cadena de fabricación.


Hay varias marcas internacionales y diseñadores independientes que inspiran un cambio de pensamiento. Ya no se trata de diseñar un producto sólo para que sea comercial, sino también de considerar la solución del diseño y de la cadena de abastecimiento completa (desde la elección de la materia prima hasta el proceso de fabricación y su futuro una vez que ya no sea utilizado) para que genere el menor impacto ambiental y social posible.

En la industria del jean ya se observa este cambio de paradigma. La producción de esta prenda tan utilizada globalmente –por ser la más democrática, trascender estratos sociales, edades y culturas– es una de las que más contamina el medioambiente. Es imprescindible ver el premiado documental canadiense RiverBlue (disponible en YouTube) para entender el impacto ambiental que genera la producción de la industria del denim. Dirigido por Roger Williams y David McIlvride, deja en evidencia la grave situación que afrontan muchos ríos en Asia debido a la contaminación.

Para lograr los diferentes lavados de los jeans se utiliza un colorante denominado “índigo” que se desgasta mediante procesos industriales y demanda el uso de toneladas de agua y energía. En consecuencia, muchas fábricas con deficientes tratamientos hídricos dejan los ríos de sus comunidades repletos de toxinas y teñidos de azul.

Como un ejemplo de las nuevas tecnologías disruptivas, Wrangler, la icónica marca estadounidense, acaba de lanzar globalmente una línea de productos con el nombre “Indigood”, que puede cambiar la industria por completo. Se trata de un revolucionario proceso de teñido del índigo que se realiza con espuma: no se utiliza agua, se gasta un 60 por ciento menos de energía y, prácticamente, no genera residuos. Utilizada a gran escala en la industria textil, podría reducir notablemente el uso del agua y la contaminación. Las prendas se fabrican con un 30 por ciento de algodón reciclado posconsumo y, bajo el lema “Icons live forever” (“Los clásicos siempre van a estar vigentes”), se induce al consumidor a comprar productos que trascienden la moda rápida.

Levi’s ha sido una de las pioneras de la industria del denim en desarrollar iniciativas sostenibles. Entre otras medidas, ha invertido grandes sumas de dinero en tecnología láser para automatizar y digitalizar el lavado de sus jeans, lo que permitió reducir al máximo el uso de productos químicos y eliminar gran cantidad de procesos manuales dañinos para los trabajadores. De esta forma, además, se logra acortar los tiempos de producción sustancialmente y se hace hincapié en la economía circular: los productos se diseñan y fabrican para perdurar, y frente al enorme problema que generan mundialmente los desechos textiles, se busca educar a los consumidores para que extiendan el ciclo de vida de sus jeans (ya sea a través de sus “Tailor shops”, donde sastres especialistas reparan o “customizan” –decoran con parches o dibujos– las prendas, o a través de sus programas de recolección de productos para su posterior reciclaje).

En cuanto a las materias primas, hoy en día la industria textil está logrando disminuir el uso de algodón (que en su cultivo intensivo daña los suelos) y el poliéster (un derivado del petróleo que no es biodegradable) y utilizar fibras naturales que utilizan menos químicos en su cultivo o que se obtienen luego de reciclar residuos textiles o materiales desechables (como granos de café posconsumo o botellas de plástico).

La marca holandesa G-Star RAW causó furor en la industria cuando lanzó su línea RAW for the Oceans, codiseñada por el músico Pharrell Williams. La empresa produjo sus jeans con “bionic yarns”, un hilado que contiene fibras obtenidas de botellas de plástico recogidas de los océanos, y ayudó a concientizar sobre la situación crítica del agua. Es alarmante la cantidad de desechos plásticos que son arrojados al mar, por lo que ya son muchas las marcas que utilizan esta fibra, sin duda mucho más amigable para el medioambiente que el poliéster.

Otro ingenioso invento llegó de la mano de la firma taiwanesa Singtex, que consiguió crear telas con el reciclado de granos de café posconsumo. Al recolectar los desechos de las grandes cadenas del mundo, como Starbucks, y combinarlos con fibras recicladas de botellas de plástico, obtuvo un nuevo material para producir una gran variedad de telas, como denim, que además tienen propiedades antiolor, protección contra rayos UV y secado rápido.

En la Argentina no es fácil encontrar este tipo de materias primas a gran escala, y menos ahora que la industria textil está atravesando una compleja crisis. Pero en un país en donde abunda el talento y la creatividad, cada vez son más los diseñadores independientes que se suman con emprendimientos sustentables o iniciativas con gran compromiso social. Sin duda, existe una nueva generación de diseñadores locales que impulsa el cambio.

En el plano corporativo, es destacable la iniciativa que llevó a cabo la empresa Jazmín Chebar a fines de 2018. A través de la campaña J Recicla, logró recolectar en sus locales más de tres mil jeans usados, con los que fabricó mantas que luego fueron donadas a comedores y escuelas de distintas provincias.

Wrangler acaba de lanzar una línea de productos con el nombre “Indigood”, que puede cambiar la industria por completo. Se trata de un revolucionario proceso de teñido del índigo que se realiza con espuma: no se utiliza agua, se gasta un 60 por ciento menos de energía y, prácticamente, no genera residuos.

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