La edición más importante de las revistas de moda ya está en marcha, y todo un batallón de críticos, diseñadores y periodistas especializados espera agazapado. Cómo sobrevivir, cómo reconvertirse y cuál será la magia de Anna Wintour para sobreponerse, una vez más, a la crisis del papel.


Punto de quiebre. Intento escribir sobre el September Issue –el número principal de las revistas de moda a nivel mundial, ese que anticipa el otoño en el hemisferio norte y una esperanzada primavera con prendas más coloridas y accesibles en el alicaído sur–, pero Federer no me deja. Rogelio, el tipo al que hace un par de años daban por jubilado, le está ganando a Nadal el pase a la final de Wimbledon sin siquiera transpirar su tecnológica remera Uniqlo. La acción se extiende hacia la tribuna, en el Royal Box –un sector ultra-VIP de la cancha central del All England donde se reúnen las celebs del entretenimiento, el deporte, la cultura y la realeza–Anna Wintour, editora general de Vogue, está sentada al lado de Mirka Vavrinec, pareja de Federer. Y Anna tampoco transpira porque no es humana, se sabe. Mientras Mirka muere por que termine el partido para volver a casa y chequear qué desastre le hicieron sus cuatro pibes, Wintour se deja adorar por la cámara, la enfrenta con gafotas desmesuradas, calcula cada tintineo de su collar que se reproducirá en cada televisor, tablet y celular hasta viralizarse como el Ébola.

Unas butacas más allá, Meghan Markle, duquesa de Sussex, charla con Catherine, duquesa de Cambridge, y ambas intercambian unas palabras con la actriz Janelle Monáe, exótica amazona gender fluid. Meghan al gobierno, Anna al poder. Según Us Weekly, Markle, ex actriz de reparto en la serie Suits y actual mujer del príncipe Harry, protagonizará el September Issue de la Vogue británica editada por Edward Enninful, aquel señor que arrancó con un tsunami de ideas y terminará con una princesita, como cualquier ejemplar de la revista ¡Hola! El número incluirá una exclusiva sesión de fotos en la nueva casa ducal de Frogmore Cottage en Windsor y la curaduría total del contenido por parte de Meghan, quien escribirá una columna de opinión y presentará una selección de mujeres agentes del cambio global. Amén.

Todo se teje en las gradas. Si querés palpitar el número de septiembre, sentate frente al televisor y anticipá cada movida, Wintour es Kaspárov, aunque manijear a una princesa en pleno estallido feminista esté cerca del jaque mate. Alguien me retrucará que el feminismo rescata la figura de la bruja, y en ese rubro reconozcamos que Anna no tiene competencia.

Todos los años, algún genio pronostica el fin del September Issue y el retiro de Wintour. Son los mismos que auguraban el PAMI para Federer en 2017. Ya sabemos, vivimos una crisis del periodismo gráfico, hay tres generaciones que no logran concentrarse ni para leer un posteo y Kim Kardashian tiene 144 millones de seguidores pero no te hace vender cincuenta revistas porque para likear se necesita un dedo, pero para agarrar la billetera se requiere usar los otros cuatro. Sin embargo el September Issue permanece en pie; podemos analizar cómo y para qué, pero perdura. La moda es una poderosa industria que mueve la economía global y, por sobre todas las cosas, también es fantasía. ¿Quién puede vivir sin ilusión?

Poco queda de aquel September Issue que conocimos en 2009 gracias al documental dirigido por R. J. Cutler, mencionado hasta el hartazgo en las listas de “películas sobre moda” y más gastado que sueldo a fin de mes. En esta última década, la industria cambió y el negocio también. Aquella redacción donde el equipo corría incansablemente para seleccionar fotos y anunciantes se transformó en mito pop.

Hoy la célebre editora Grace Coddington ya no es el corazón de Vogue sino una celebridad dedicada a cimentar su marca personal creando colecciones cápsula para Louis Vuitton, colaborando con Comme des Garçons en el lanzamiento de su propia fragancia y firmando ejemplares de su biografía. Las sesiones fotográficas con Bruce Weber y Patrick Demarchelier están puestas en pausa después de varias acusaciones por abuso sexual y es mayor la lista de espera de tu odontólogo que la de los anunciantes desesperados por pautar en una revista que alguna vez superó en páginas a Crimen y castigo. Pero contra todo pronóstico, el número de septiembre sigue agitando el negocio y generando expectativa. Alguien podrá decir que ahora el crimen es haber cedido ante los anunciantes, y el justo castigo, la disminución de interés en los lectores. La gente es mala, ya saben.

Tomemos como ejemplo lo sucedido con el September Issue de Vogue en 2018: la revista le cedió totalmente el control de la edición a su protagonista, Beyoncé. Ella eligió al fotógrafo Tyler Mitchell, primer afroamericano en dirigir una portada en la historia de la revista; autorizó personalmente cada prenda usada en los editoriales de moda y pidió contar su propia historia “ayudada” por la periodista Clover Hope.

Wintour dijo: “¿Quién mejor que Beyoncé para hablar sobre sí misma?”. “Yo”, respondería un redactor competente, y agregaría este pacto: “Doy mi palabra de no cantar más si Beyoncé se compromete a no repetir la experiencia de escribir un ego trip”.

El resultado fue un gran boom publicitario reforzado por el hecho de que la revista decidió subir el autorreportaje completo a sus redes por primera vez, pero no mucho más. Hace varios años, Diego Maradona ya se había entrevistado a sí mismo en La noche del 10, todo vuelve… excepto los lectores.

Vogue y otras publicaciones del sector se enfrentan al desafío de la manta corta: desde que las redacciones empezaron a ser manejadas por los compromisos comerciales se desdibujó la línea editorial. Las revistas de moda comenzaron a transformarse en lujosos catálogos, y la opinión, salvo honrosas excepciones, empezó a ceder para evitarles cualquier incomodidad a los sponsors. Pero el público perdió motivación y cayeron las ventas. ¿Quién pagaría por lo mismo que encuentra gratis en Instagram? Esa es la cuestión.

La comunicación cambió y la cultura también. Hoy el lujo es otra cosa, la moda se acomoda dentro de una horizontalidad más democrática, se buscan otras lecturas en las referencias. Las nuevas generaciones táctiles esperan que los medios tomen partido, sostengan un punto de vista y brinden experiencias diferentes a la acumulación de likes en el TL. La resolución de la ecuación es un desafío, donde probablemente sólo una vuelta al contenido nos salvará.

Mientras tanto, si buscás tendencias 2020 te digo que por aquel principio de acción y reacción vuelve el corset, una manera de disciplinar cuerpos, pero también prevalecerán las siluetas sobredimensionadas y los colores estridentes mezclados con un camel cremoso. Los contrastes traducirán todas las contradicciones de un mundo que se mueve en los extremos y las cadenas dibujarán un nuevo punk que se resiste a morir, como la palabra escrita.

Wintour aplaude: match point.

Vogue y otras publicaciones del sector se enfrentan al desafío de la manta corta: desde que las redacciones empezaron a ser manejadas por los compromisos comerciales se desdibujó la línea editorial.

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