Luego del estreno de Dolor y gloria, el filme español que compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cannes, el actor de 49 años cuenta cómo fue su debut con Pedro Almodóvar. Su regreso a la Argentina, la situación actual del país y una participación especial en la serie de Maradona.


Se ganó un lugar en la televisión argentina después de participar en Clave de sol y desde entonces no paró. Leo Sbaraglia supo convertirse en uno de los actores locales con mayor proyección de estos tiempos, y sus más recientes éxitos lo confirman: formó parte de Relatos salvajes; protagonizó Nieve negra, junto a Ricardo Darín; interpretó al boxeador Ramón Alvia en Sangre en la boca y al padre de Dolores Dreier en Acusada. Pero 2019 lo dejó en lo más alto, luego de su debut con el director español Pedro Almodóvar en Dolor y gloria. Compartió elenco con figuras como Antonio Banderas y Penélope Cruz y pisó la alfombra roja de Cannes con un filme que compitió por la Palma de Oro. Hoy, de regreso en la Argentina, continúa con su vida y su proyecto teatral, El territorio del poder, mientras se prepara para ponerse en la piel de Guillermo Coppola en la serie de Maradona. Todas las caras de un actor que, a sus 49 años, parece haber llegado a la cima. Y sigue escalando.

En Dolor y gloria, Almodóvar utiliza muchos elementos autobiográficos. ¿Qué desafío te implicó debutar con él en su filme más íntimo?

–La presión más grande que sentía era la de estar a la altura de trabajar con él. Cuando empezamos a grabar la primera escena, yo no sabía si en algún momento de mi vida me iba a volver a ocurrir algo así. Tenía un tenor de algo sagrado. Pedro tenía algo muy especial con mi personaje, una mirada muy particular sobre él. Entonces, tardó mucho en encontrar al actor para interpretarlo. Nosotros ya habíamos hecho juntos Relatos salvajes, y se ve que le caí como anillo al dedo para algo que estaba buscando. Justamente, porque quería cuidar al personaje y darle un color especial. Creo que también por eso lo eligió a Antonio Banderas para protagonizar la película. Más allá de su calidad actoral, lo que buscaba Pedro era esa complicidad que ellos siempre tuvieron.

–¿Y a vos cómo te llegó su propuesta?

–Recibí un e-mail de Esther García, la mano derecha de Almodóvar en El Deseo, la productora de él. Me mandó un mensaje diciéndome que Pedro siempre pensaba en mí para los proyectos y que esta vez también lo había hecho. Me contó que, al principio, descartaron la posibilidad porque el personaje tenía que ser español. Pero que todavía no terminaban de encontrar al actor, y entonces estaba bueno que fuera para allá. Me aclaró que eso no significaba nada, pero que Pedro quería verme y trabajar conmigo. Me invitaron a ir a España y me dieron unas escenas para estudiar.

–Vos justo habías renunciado, un mes antes de que empezara, a la serie Morir de amor, de Telefe.

Sí, yo había dejado un espacio abierto, entonces se hizo todo mucho más fácil. Me quedé sin trabajo y a los 20 días apareció esta propuesta. Si yo hubiese estado trabajando no sé si hubiese podido viajar. Porque no me estaban ofreciendo un personaje; me estaban diciendo que tener una reunión no significaba nada. De hecho, había actores que estaban haciendo pruebas hacía tres semanas ininterrumpidas para mi personaje. Yo sólo era una alternativa más.

–Cuando llegaste a España, ¿cómo fue ese primer encuentro con Almodóvar?

Viajé una semana después de recibir la propuesta, pero ya tenía el guión y lo había estudiado muchísimo. Yo quería que el encuentro fuera cuanto antes, porque estaba muy ansioso. Así que llegué y al otro día fui a la casa de Pedro. Había gente del equipo con una cámara, charlamos, pasamos la escena y vimos lo que él ya tenía grabado. Fue bastante corto el encuentro. Prácticamente a la media hora me dijo que ya no tenía mucho que pensar.

–Te tocó compartir elenco con actores de primer nivel. ¿Cómo se dio la dinámica del grupo?

Muy bien. Con Antonio [Banderas] enseguida tuvimos una muy linda química. Él es un tipo agradable, muy abierto. Incluso, mi estadía en España coincidió con la fecha de mi cumpleaños y pasé el día con todos ellos. Fue muy loco. Pedro había organizado una reunión en su casa de campo y pasamos todo el día juntos. Hasta vimos un partido de la Argentina.

–Un cumpleaños rodeado de estrellas.

Sí (risas).

–La película aborda, entre otros temas, la degradación física y la vejez. ¿Cómo te llevás con tu edad y el paso del tiempo?

Por ahora no es un tema que me preocupe. En mi caso, todo lo que viene con la edad es positivo. Creo que con el paso de los años uno va sumando experiencias, y todavía sigo sintiendo que estoy subiendo la montaña. En algún momento habrá que empezar a bajar. Pero trato de ocuparme de manera consciente de mi cuerpo. Hay cosas que son inevitables y hay que asumirlas. Porque, a veces, uno ve a gente que no asume su propia edad y resulta un poco patético.

–En la serie de Maradona tenés la difícil tarea de interpretar a Guillermo Coppola. ¿Cómo estás trabajando al personaje?

Lo estoy construyendo sobre la base de mucho material suyo, de encuentros que tuvimos en persona (porque se predispuso a ayudarme de manera muy generosa) y de intercambios con amigos de él. Alejandro Aimetta, el director, tiene muy claro lo que quiere. Y en la serie nadie busca hacer imitaciones. Mi papel va a ser una mezcla entre el Coppola presente en el imaginario de la gente y un personaje funcional a la historia. Más allá de lo poco o mucho que yo pueda intuir de él, creo que Guillote es un hombre que ha disfrutado de todas las etapas de su vida. Es un gran hedonista, partidario del disfrute. Y, además, tiene una gran historia de amistad con Diego.

–¿Pensás que, al ser personajes tan conocidos, van a estar más expuestos a las críticas?

Eso va a depender de la verosimilitud que tenga la serie. Si hay un contenido verosímil y entretenido para el público, se acabó todo. Cuando empiece el primer capítulo, la gente tiene que comprar la historia. Al margen de que pueda ser más o menos parecida a la realidad. Pensá que es un producto que está vendido a más de 200 países, y en algunos de ellos ni siquiera conocen a fondo la vida de Maradona. Seguramente sea una serie que funcione en todo el mundo. Pero en ese resto del mundo que no es la Argentina es poca la importancia que tiene cuán cerca estemos de los personajes reales. Tiene que funcionar como una serie en sí, con la narración, la emoción y la épica de la historia.

–En lo personal, contaste que tu hija se estaba preparando para ingresar en el Colegio Nacional de Buenos Aires. ¿Hablás con ella de política?

Sí, hablamos. En la Argentina es medio imposible no hablar de política, porque todo el tiempo están ocurriendo cosas, siempre estamos al borde de la cornisa. Entonces es bueno acompañarse… en la tragedia.

–Varias veces expresaste tu opinión política en público. En octubre son las elecciones, ¿ya sabés si vas a estar en el país para votar?

Probablemente sí. En principio, sólo viajo para grabar en diciembre.

–Hace un tiempo recordaste una frase de Federico García Lorca: “Un pueblo que no fomenta su cultura, si no está muerto, está moribundo”. ¿Dónde estamos parados los argentinos?

Creo que, culturalmente, la Argentina es un país muy interesante. Históricamente, ocurrieron cosas muy valiosas. Diferentes son las coyunturas en las que se apoya cada gobierno, y eso trae consecuencias. Creo que todavía seguimos gozando de haber tenido una educación pública ejemplar en el siglo XX, pero eso se ha ido degradando. Los gobiernos más neoliberales han recortado no sólo la educación y la cultura, sino también la ciencia y todas aquellas cosas que sienten que no son parte de la lógica del mercado. Hoy la gente que hace cultura está bastante empobrecida. Sabemos que ha habido recortes concretos y estadísticos en todos esos ámbitos. Pero, aun así, creo que seguimos teniendo la originalidad y la posibilidad de producir cosas buenas. Todavía queda mucha admiración.

“Cuando empezamos a grabar la primera escena de Almodóvar, yo no sabía si en algún momento de mi vida me iba a volver a ocurrir algo así. Tenía un tenor de algo sagrado.”