Gracias a la excelencia de muchos de sus restaurantes, hoy comer en hoteles ya no es una experiencia exótica ni algo sólo reservado a sus huéspedes, sino una nueva y refrescante opción calibrada por el buen gusto y la búsqueda constante, esos pilares que transforman la salida gastronómica en una hora mágica.


Para muchos, la vida de hotel es ideal. Un lujo esporádico que suspende la realidad cotidiana y apila situaciones de confort que difícilmente se encuentren en el devenir diario. Habitaciones arregladas, baños siempre limpios y camas enormes y cómodas conviven con la oferta gastronómica del establecimiento, que, si es de los que superan la media en cuestiones de categoría, funciona acorde a esas premisas de excelencia. Y saber que esos spots ya no son exclusivos para huéspedes –algo que además sus responsables se encargan de promocionar, sobre todo señalando que no hay precios que los distingan de los restaurantes hechos y derechos– es un elemento más para tentar a aquellos amantes de la gastronomía siempre en búsqueda de lugares nuevos. Aquí, cuatro de ellos: un nuevo clásico porteño que es casi una meca para foodies; otro que hace rato hace buen pie en Palermo; el sorprendente refugio de cocina de autor que se asoma en una zona donde mandan cafés y pizzerías, y otro que, en silencio, confirma su solidez a través de los años.

Elena

Un ambiente extraordinario para una cocina extraordinaria. El restaurante del Four Seasons cautiva a simple vista con su mezcla de señorío, mesas amplias y separadas, cocina a la vista y detalles como la heladera vidriada, donde asoman los cortes de carne dry-aged, una de las estrellas de la carta. El chef ejecutivo del hotel, Juan Gaffuri, opera con simpleza: su gastronomía es como una foto del momento, con toques urbanos y cosmopolitas para productos de primera calidad, bien arraigados al gusto argentino. Una historia que narran entradas como la burrata con salmorejo o los langostinos con falafel y sigue con principales que llevan a lo seguro (sabroso arroz negro con chipirones, langostinos, calamar y chistorra; contundente ojo de bife dry-aged, perfecto en su cocción, ideal para acompañar con cualquiera de las inspiradas guarniciones disponibles). Los postres, ideados por Joaquín Grimaldi, merecen una mención aparte (imperdibles el volcán de chocolate y los helados Dolce Morte). El servicio es de los más atentos, cordiales y preparados de Buenos Aires.
Four Seasons Hotel Buenos Aires
Posadas, 1086/88, Recoleta
Tel.: 4321-1200

Patio #378

Embutido (literalmente) en la zona más álgida de la avenida Corrientes, el restaurante del Novotel Buenos Aires, cuya cocina conduce el chef Mauro Campos, es una opción excelente entre tanta pizzería, por más ilustres que estas sean. Lo desangelado del salón no debe distraer: Campos pone acento en los sabores mediterráneos y sabe elegir productos como para interpretarlos a la perfección. Y aunque cada plato que llega evidencia la influencia de técnicas francesas en su cocina, siempre los sabores se imponen al diseño. Entre las entradas sobresalen el tataki de atún rojo y las mollejas con hinojo agridulce; los principales se lucen en las preparaciones con carne (ojo de bife, lomo de ciervo, cordero), la rotunda porchetta de cerdo con berenjenas y chimi cítrico y las opciones más livianas (pescados de mar y río, pastas que van de los gnocchi a los canelones de kale rellenos de queso pheta, un etéreo risotto de remolachas). Los postres, aunque viran a lo clásico, siguen la premisa de Campos: ser tan simples como sofisticados. Una propuesta notable en un lugar insospechado.
Novotel Buenos Aires
Av. Corrientes 1334, San Nicolás
Tel.: 4370-9512

Rëd Resto & Lounge

Alejandro Bontempo lleva cinco años al frente de la cocina del restaurante del Hotel Madero, sitio que funciona casi como un local independiente debido a su fácil acceso desde la calle. La filosofía culinaria de Bontempo tiene base francesa (trabajó con Olivier Falchi y Jean-Paul Bondoux) aunque adaptada a productos autóctonos. Pescados fresquísimos, carnes superseleccionadas y langostinos ecuatorianos sufren la mínima intervención del chef. Los hits del menú responden a ello: costilla de ternera grillada y perfumada con manteca de trufa negra; salmón rosado del pacífico, salteado de mango, guacamole y crujiente de langostinos; braseado de cordero, rabo de ternera, gnocci de sémola y espinaca. Los fines de semana hay muy buenas opciones de brunch, que así como el menú ejecutivo diario o la consumición a la carta (además de los menús especiales, que pueden ser temáticos, en alianzas con bodegas o con la participación de chefs invitados) guardan una interesante relación calidad/precio.
Hotel Madero
Juana Manso 1691, Puerto Madero
Tel.: 5776-7676

Uco

Por un rato no más, Palermo está en silencio. Es que en el interior de Fierro Hotel, el jardín de Uco vive su propio tiempo. Los huéspedes bajan de sus habitaciones, se sientan a la barra y comparten un Pinot Noir de la Cava de Uco, el wine store ubicado al lado del hotel. Allí, Francisco García maneja los hilos de la cocina. Con una renovada carta de otoño/invierno, el ex Iñaki sorprende con una nueva selección de platos acompañados con los clásicos de siempre. Entre las entradas se destacan la burrata y remolacha y el pato con palta y nuez. La idea de que compartir mejora la experiencia es otro de los pilares de la filosofía de Uco. Por eso siguen sumando opciones a la lista de platos para comer de a dos. En esta oportunidad se trata del T- Bone, una chuleta de un kilo que se acompaña con hierbas, papines y vegetales asados. En los postres mandan los clásicos: la bavaroise de mandarina y la clásica tarta de manzana con helado de canela, brandy snap y almendras. “Comida sin ego”, explica el chef García. El producto en este hotel es el verdadero invitado de lujo.
Hotel Fierro
Soler 5862, Palermo
Tel.: 11 3220-6820