La actriz que interpreta a Alicia Muñiz en la serie Monzón reflexiona acerca de la coyuntura que atraviesa el entretenimiento y continúa, en los Estados Unidos o Buenos Aires, su lucha por la igualdad de género.


Hace unos años, Carla Quevedo era un misterio para algunos. De esas intérpretes que alguna vez se la había visto en algún proyecto pero que no se sabía con certeza si era argentina, extranjera o, directamente, un alien. Viviendo en los Estados Unidos, hizo una entrada, pequeña pero gloriosa, en el cine con El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, y luego fue la gran protagonista de algunas comedias de culto, como 20.000 besos, de Sebastián de Caro, o Abril en Nueva York, de Martín Piroyansky.

La industria local reposó la mirada una vez más en ella tras Pasaje de vida, película en la que comparte cartel con el Chino Darín y Marco Antonio Caponi. Luego sorprendió a varios con su rol de Nay Noe, esposa de Nick Wasicsko, alcalde de Yonkers, interpretado por Oscar Isaac, en la miniserie Show Me a Hero, de HBO, en la que, una vez más, el compromiso de entretener y dialogar con la actualidad estuvo presente. Tras esa participación protagonizó, junto a Julio Chávez, El maestro, serie en la que encarnó a una bailarina de clase baja empecinada en triunfar de la mano de un estricto y conflictuado docente.

Comprometida con causas políticas y sociales, como la legalización del aborto; feminista de primera hora; luchadora incansable por la igualdad entre el hombre y la mujer, hoy Quevedo deslumbra como Alicia Muñiz, víctima de femicidio por parte de Carlos Monzón, en Monzón, la biopic sobre el boxeador que arrasa el rating de la TV por cable. Además, estrenó la comedia (We are not going to) Fiesta Nibiru, en la que su costado más salvaje pidió pantalla una vez más, y presentó recientemente su libro Me peleé a los gritos con el manager del spa, demostrando una vez más talento y creatividad, pasión y lucha.

–¿Cómo vivís un año tan intenso con tantos proyectos?

–Creo que tiene más que ver con una percepción de afuera, porque se dio que se estrenó Monzón y que presenté mi libro, perola carrera del actor y de la actriz tiene como característica la inconstancia. La profesión está buenísima pero nunca sabés cuándo volvés a trabajar, es medio de sorpresa y tal vez de hacer nada pasas a rodar trece o catorce horas diarias.

–¿Qué hacés para mantenerte activa mientras esperás? ¿Tu nueva faceta literaria ayuda?

–Sí, creo que sí, pero como todo; la rutina ayuda. Para balancear la inconstancia de la industria en la que me muevo, trato de hacer cosas, la escritura, el ejercicio, porque, si no, te volvés loco viviendo el minuto a minuto de la profesión. La escritura era algo más como un hobby y siempre de chica fantaseaba con escribir un libro, pero no imaginé que sería real.

–No lo imaginabas pero lo soñabas.

–Yo tiendo a minimizar o incluso a sabotear mis cosas, creo que de afuera se ve otra cosa. Escribo desde muy chica como necesidad, es inevitable, y mi manera de transitar es por escrito, a veces ficcionalizándolo, a veces no. Me sirve para mí y no imaginé, más allá de un sueño, que se materializara. Me trajo cosas muy lindas.

–En televisión te están tocando protagónicos jugados, como Luisa en El maestro o ahora Alicia Muñiz en Monzón, ¿qué pasa cuando te llegan estos roles siendo vos una activa militante feminista, en los que además todo se hilvana?

–Es lo mayor que puedo pedirle a mi profesión, es la mayor alegría. Es muy difícil en esta carrera poder elegir. Desde afuera parece que uno siempre toma el papel que elige, pero la verdad, durante muchísimo tiempo, la mayoría de los actores no puede elegir; sólo unos pocos. Cuando llega un proyecto que se condice con tus deseos e ideología, de poder hacer un producto más allá del mero entretenimiento, que no es poco, desde tu perspectiva y gusto personal, es éxtasis absoluto. Me encantaría trabajar en proyectos que traigan un aporte para nosotros como sociedad y como humanos. Interpretar a Alicia Muñiz en Monzón fue una oportunidad y una responsabilidad enormes, que acepté con mucha convicción y desde mi lugar traté de asegurarme de que todo esté en línea con el presente, con lo que atravesamos como sociedad.

–En un reportaje previo habías manifestado que no ibas a estar si es que se lo miraba como el campeón y no como el femicida.

–Sí, pero me da miedo que se diga así, porque suena a que yo puse esa condición. Ojalá tuviera ese poder, todavía no lo tengo. Sí quise leer los guiones, hablar con las personas involucradas y asegurarme de que la visión que iban a contar fuera la acertada, si no, no lo hacía. Por suerte los guionistas, los primeros que trajeron el proyecto a la mesa, después el director, los productores, todos estuvieron con compromiso con el ahora, para contar esta historia tan necesaria en un momento como este, con todos los condimentos de un montón de cosas que aún hoy nos proponemos superar, hablando nuevamente de problemáticas, temas, en las casas, en la televisión; todos hablan de eso y está buenísimo que así sea.

–Yendo específicamente a la serie y al caso, ¿por qué creés que se sigue sugiriendo que esa noche pasó otra cosa?

–¿Por qué lo decís?

–Porque dentro del periodismo, por ejemplo, se debate la serie, y muchos resisten aquello que la serie cuenta.

–Hay que nombrarlos y mandarlos de nuevo a la escuela. Históricamente, cuando hubo cambio de paradigma o un avance en materia de derechos, siempre hubo dinosaurios que se resisten, porque tampoco somos nosotras solas, las mujeres, quienes buscamos una expansión de derechos, somos todos, y los que se resisten a los cambios son aquellos que más están dentro del sistema. Sobre Monzón hay mucha gente que simpatiza con él y dice “era un monstruo”; no hay que caer en eso, no era un monstruo, era el hijo ejemplar de la sociedad patriarcal que lleva hasta la última consecuencia ese mandato de poder por sobre la mujer. Estuve viendo en YouTube sesiones de diputados por el matrimonio igualitario y el divorcio y los argumentos son ridículos y hasta irrisorios, y en esto también pasará eso, ¿por qué las mujeres no vamos a ganar igual que los hombres? El desafío es seguir empujando para despertar a más personas, para que las cosas se vean como son. En el caso de Monzón es algo objetivo, fue declarado culpable y condenado por el homicidio de Alicia Muñiz, ahí no hay opinión, es así.

–Estuviste en varias comedias emblemáticas del cine nacional, ¿qué te atrae del género?

–Todo, de hecho quiero hacer más comedia. Hay un prejuicio y algo con que los actores hacemos más drama porque los premios no los ganan los comediantes. Hay una necesidad de aparecer y estar en escena para que la mirada esté en uno o en el trabajo de uno, y la comedia no ha sido valorada. Se dice “es muy bueno para la comedia”, pero no se celebra al comediante. Históricamente, no hay muchas comedias que ganaron el Oscar como mejor película, es un prejuicio. Yo apuntaba a ser buena actriz, y en mi cabeza y en el colectivo tiene que ver con el drama. Después me llegaron cosas. Cuando me llegó 20.000 besos, que no la busqué, y me metí en el trabajo con Sebastián de Caro, la disfruté mucho, la volvería a hacer. En Monzón, por ejemplo, la pasé mal, muy mal, energéticamente, porque es difícil sacarte rápidamente la tensión. En comedia, ver de reojo a un técnico aguantándose la risa para no arruinar la toma es maravilloso, lo ves también cuando se le cae una lágrima en el drama, pero en la comedia es doblemente gratificante.

–Hasta el momento ¿qué fue lo más difícil de rodar/interpretar y lo más feliz?

–Actoralmente, me cuesta mucho el enojo, y sin ponerme hiperpolítica, tiene que ver con mi condición, cómo crecí, cómo me formé, por ser mujer, no es algo que podemos recorrer, es algo que se reprime, porque es una expresión mucho menos tolerada. Yo me enojo mucho, pero lo direcciono sobre mí, a veces se transforma en frustración o en risa, pero eso no tiene que ver con los personajes y me cuesta mucho hacerlo, me cuesta enojarme, y las escenas de enojo son algo que siempre encuentro dificultoso. Busco crecer como actriz para poder enojarme en serio y no pilotearla así nomás. Sentí mucha satisfacción con El maestro, porque dudé, pensé en abandonar más de una vez, la primera semana estaba destrozada, quería abandonar, pero lo logré y la primera vez que rodamos una secuencia de danza volví a casa feliz. Creo que las alegrías de la profesión tienen que ver con sobrellevar o superar miedos, trabas.

–¿Cómo sigue el año de trabajo?

–No sé si decirte la verdad o mentirte, para que piensen que soy más magnífica de lo que realmente soy. No tengo nada por ahora, había un proyecto muy lindo que me convocaba pero a último momento decidieron ir con otra actriz por cantidad de seguidores. Sigo viviendo en los Estados Unidos y audicionando, me encantaría hacer algún proyecto allá, acá o donde sea, necesito trabajar y confío que con Monzón va a haber posibilidades nuevas y se van a abrir nuevas puertas. Ahora no estoy comprometida con nada.

“Cuando llega un proyecto que se condice con tus deseos e ideología, de poder hacer un producto más allá del mero entretenimiento, que no es poco, desde tu perspectiva y gusto personal, es éxtasis absoluto.”

Fotos Monzón: Prensa Space

Fotos: Santiago Albanell
Styling: Vale Polnoroff
Peinó: Vardo Management