Del 15 al 18 de agosto de 1969, cerca del pueblito de Bethel, más de 400 mil personas asistieron a un encuentro histórico de la cultura joven. Ahora quieren revivirlo, pero las luchas internas lo impiden. Medio siglo de paz, música… y mucho barro.


El eslogan del famoso póster con el mango de guitarra y un pajarito blanco lo resumía todo: “Un encuentro en la Era de Acuario. Tres días de paz y música”. Ni más ni menos que eso, un fin de semana completo conviviendo pacíficamente entre el pasto y el rock, algo que hoy parece una obviedad con tanto Lollapalooza suelto por el mundo, pero en los años 60 era todo un acontecimiento. ¿La idea? Simplemente armar un festival en una localidad al norte del estado de Nueva York, donde artistas como Bob Dylan y The Band se habían recluido alguna vez en un alto en sus carreras. La historia demostró que no fue un festival más porque el público, tal como le pasó a Kevin Costner en El campo de los sueños (con la frase “Constrúyelo y ellos vendrán”), acudió masivamente buscando quizás un paraíso hippie donde hacer realidad las fantasías de sexo, drogas y rock ’n’ roll de toda una generación. ¡Amor libre, ácido lisérgico, marihuana y música!

En la previa, más de 180 mil abonos para los tres días de Woodstock se vendieron por correo y en disquerías, así que los organizadores calcularon una convocatoria de 200 mil fans. Pero se quedaron cortos, porque ocurrió una peregrinación masiva desde todo el país, con gente que pensaba comprar las entradas en el lugar. En total hubo más de 400 mil hippies, las autopistas se convirtieron en un gigantesco embotellamiento de tránsito y el gobernador amenazó con enviar a 100 mil soldados de la Guardia Nacional para dispersarlos a todos. El predio se mudó de lugar una y otra vez, porque siempre quedaba chico y no entraría tanta gente, así que finalmente consiguieron alquilar un campo. Ni siquiera tuvieron tiempo de poner vallas y boleterías, apenas llegando a construir el escenario, así que ingresaron todos los que tenían tickets… y los que no también. Woodstock pudo haber sido un desastre, pero el sueño hippie se hizo realidad y fueron tres días de paz y música… y barro, porque llovió y la situación se puso épica.

El llamado “verano del amor” se desarrolló en la costa oeste con epicentro en San Francisco, pero gracias a Woodstock también plantó bandera en la costa este. Fue un éxito descomunal desde un punto de vista y un desastre desde otro, pero sin duda que el festival se convirtió en un hito, el punto máximo de la generación hippie de la Era de Acuario. Un hecho que ayudó mucho a crear el mito fue que luego salieron una película (con un joven Martin Scorsese como asistente de dirección) y un álbum legendario (donde pasó a la historia la interpretación de “With a Little Help from My Friends” por Joe Cocker). Económicamente, sin embargo, el poder de la marca creció después, ya que en el evento ni siquiera había merchandising oficial de remeras y pósteres. Todo eso vino después, al punto que se armó un festival que coincidió con el aniversario número 40, y ahora se viene el festejo del medio siglo.

El revival de 2009

Desde fines de los años 60, el nombre de Woodstock se instaló en la cultura popular y apareció en películas, libros, cómics, canciones y obras de arte. Más que olvidarse del hecho, creció a proporciones inimaginables, y por eso el 15 de agosto de 2009 se armó un festival en el flamante Bethel Woods Center for the Arts, un centro cultural ubicado justo al lado del predio original. Fue como un encuentro de ex alumnos de colegio, 40 años después, ya que estuvieron presentes Country Joe McDonald, Big Brother and the Holding Company (la banda de Janis Joplin), Canned Heat, Ten Years After, Jefferson Starship, Mountain y The Levon Helm Band, mientras que Richie Havens tocó la noche anterior y Crosby, Stills & Nash la semana previa. Fue emotivo, hubo un documental y un álbum, pero fue imposible repetir la magia. A esa altura de la historia, fue un festival más, con músicos viejos tocando para un público de viejos, más allá de las ganas de adolescentes y veinteañeros intentando recrear la experiencia.

La pulseada de 2019

A principios de este año se anunciaron dos festivales para celebrar con todo el aniversario de Woodstock. Uno sería el “oficial”, a cargo de los mismos organizadores del 69, y el otro estaría realizado por el Bethel Woods Center For The Arts.

La gente del centro cultural armó lo que se describió como “un evento pangeneracional de música, cultura y comunidad”, con actuaciones en vivo y charlas tipo TED de figuras claves de la generación hippie y del mundo actual. El Bethel Woods Center For The Arts abrió en 2006, con un museo y un auditorio al aire libre con capacidad para 15 mil personas. Muchos de los artistas del 69 volvieron varias veces a tocar ahí, como Joe Cocker, Joan Báez, Arlo Guthrie, Richie Havens y The Family Stone. Para agosto de 2019 ya confirmó su presencia el mismísimo Carlos Santana, que dio un concierto antológico en el mismo lugar en el 69.

Por otra parte, Michael Lang, el legendario promotor de los años 60, declaró a los medios que él iba a realizar su propio festejo de aniversario, pero lejos de Bethel, porque “no tiene la capacidad para un evento de este tipo”. Consiguió reservar el autódromo de Watkins Glen, atrajo a socios capitalistas y avanzó en las contrataciones, pero los inversores, tras poner 30 millones de dólares para los cachés de los artistas, decidieron retirarse en abril y anunciaron la cancelación del evento que iba a llevarse a cabo con artistas de primera línea, como Jay Z, The Killers, Miley Cyrus, Santana y Chance the Rapper. Al cierre de esta edición, un juez falló a favor de Lang, diciendo que los inversores no tenían el derecho a cancelar el evento, y el terco Lang asegura que lo llevará a cabo, aunque no sea en Watkins Glen. El desenlace de esta novela es una gran incógnita, pero está claro que los aniversarios no son el fuerte de Woodstock, cuyo poder quedará en el pasado, mientras su mensaje de paz, amor y música seguirá vivo por siempre. Como dijo Joni Mitchell, “Woodstock fue un chispazo de belleza donde medio millón de chicos vieron que eran parte de algo más grande”.

Damas y caballeros

• El festival de Woodstock no se llevó a cabo en Woodstock exactamente, sino en el campo de un tambero que les permitió hacerlo en su propiedad cerca del pueblito de Bethel, a 100 km de Woodstock. El predio incluía una colina, un valle y un pequeño lago donde el público podía bañarse.

• Los artistas no pudieron llegar a tiempo y el orden de las actuaciones fue cambiando sobre la marcha. La apertura quedó a cargo de Richie Havens simplemente porque era el único que estaba en camarines, y tuvo que agregar temas porque no llegaba ningún otro artista. Al segundo día, el ejército puso helicópteros a disposición del festival para trasladar a los músicos.

• Los medios dijeron que hubo dos nacimientos durante el festival, pero hasta la fecha no hubo ninguna persona que se presentara como “el bebé de Woodstock”. Sólo se sabe que uno nació en un auto yendo a Woodstock y otro en un hospital cercano.

• En 2009 hubo un festival en la ciudad de Woodstock ubicada en el estado de Illinois. ¡Mismo nombre, distinto estado! Contó con el visto bueno de uno de los organizadores originales, Artie Kornfeld, y tocaron dos artistas del evento original (Barry Melton, de Country Joe and The Fish, y Robin Williamson, de The Incredible String Band) y dos bandas de covers de Santana y Grateful Dead.

En la previa, más de 180 mil abonos para los tres días de Woodstock se vendieron por correo y en disquerías, así que los organizadores calcularon una convocatoria de 200 mil fans. Pero se quedaron cortos, porque ocurrió una peregrinación masiva desde todo el país, con gente que pensaba comprar las entradas en el lugar.