Luego de un camino exitoso por los medios de comunicación, la periodista y escritora se lanza de lleno a intentar solucionar los problemas de los porteños, junto a Matías Lammens, como candidata a vicejefa de Gobierno de la ciudad por la fórmula del Frente de Todos.


Veintisiete años como periodista, 44 de mujer, mamá de Rafael y Alfonsina,
escritora. Todas las vidas de Gisela Marziotta confluyen hoy para dedicarse de lleno a una de sus pasiones inevitables: darle solución a las problemáticas que visibiliza. Candidata a vicejefa de Gobierno porteño por la fórmula del Frente de Todos, junto a Matías Lammens, la periodista que
brilló en radio, televisión y gráfica reflexiona acerca de los problemas que atraviesa la Ciudad, analiza el rol de la mujer en estas elecciones y adelanta algunas ideas de sus próximos.

–Dejaste a un lado el periodismo para dedicarte de lleno a la política. ¿Qué te llevó a tomar esta decisión?

–Fue un devenir natural. El periodismo me permitió estar cerca de las personas, escuchar sus problemáticas, sus necesidades. Durante años me dediqué a investigar la Ciudad y a hablar con los vecinos para escribir mis notas y darles voz a aquellos que ponían sobre la mesa alguna cuestión que debía ser tratada. Empecé a sentir la necesidad de ser parte de quienes pueden acercar la solución. No sólo visibilizar los problemas, sino resolverlos. Y esa herramienta me la acerca este frente amplio que integro, que desde un lugar de sentir al otro, a los vecinos, quiere aportar a que vivamos mejor.

–¿Qué recursos del periodismo te sirvieron para afrontar esta nueva etapa?

–La investigación periodística te acerca a las estadísticas y a las cifras, y la escucha activa te conecta con el otro. Ambas cosas son fundamentales para esta nueva etapa. Detrás de los números hay personas, y entender lo que les pasa, escuchar las historias en primera persona, es fundamental para poder planificar cualquier política pública. La sensibilidad no puede estar escindida de las medidas que se planifican porque, si no, no sólo no son eficientes, sino que no son constructivas ni reales para que las personas mejoren su calidad de vida.

–¿Cómo te llegó la propuesta de formar parte del equipo de Matías Lammens? ¿Qué cosas tienen en común a la hora de hacer política?

–Matías me convocó luego de reunirse con Alberto Fernández, e inmediatamente supe que quería formar parte de este espacio. Ambos venimos de la sociedad civil: él, vinculado con el fútbol y desarrollando un gran trabajo social desde ahí. Es un emprendedor, no les tiene miedo a los desafíos, y pudo forjarse un camino propio que le permitiría estar tranquilo. Sin embargo, como a mí, le duele la realidad del país y de la Ciudad y decidió salir de su zona de confort para involucrarse con lo que pasa. Las ganas de modificar esta realidad que nos duele es lo que nos une, sin duda.

–¿A qué electorado apuntan con la fórmula Lammens-Marziotta?

–Queremos conectar con todas aquellas personas que creen que doce años de gestión del macrismo en la Ciudad han dejado indicadores vergonzosos, indicadores que representan familias enteras en situación de calle –hablamos de más de 7.200 personas–, 600 mil pobres en la ciudad más rica del país… Un gobierno que ve como más urgente poner macetas que atender los problemas más estructurales, como la salud y la educación.

–¿Qué problemas que atraviesa la Ciudad te afectan en primera persona?

–Soy vecina de la Ciudad de Buenas Aires. Los problemas nos afectan a todos transversalmente. Mis hijos van a la escuela de gestión pública; entiendo lo difícil que es conseguir vacante o inscribirlos en la colonia. Vivo en Balvanera y la suciedad del barrio y la inseguridad me atraviesan cotidianamente. También viajo en subte y manejo en hora pico: o viajás totalmente apretado o te estancás en el tránsito sin poder estacionar después. En un momento intenté utilizar las mal llamadas bicisendas, pero son muy peligrosas. Hago una salvedad en este punto: creo fundamental fomentar el uso de la bicicleta porque no sólo son saludables sino que aportan al medioambiente, pero la manera en que esto está planteado tiene que ser mejorada, del mismo modo que es necesario tener una política de educación al peatón, al ciclista y al conductor.

–Dijiste que “estos doce años de macrismo nos dejaron más de 7.200 personas en situación de calle y 600 mil pobres en la ciudad más rica de la Argentina”. ¿Qué medidas concretas tomarían para revertir esta situación?

–Estructuralmente, lo primero que hay que rever son las cifras oficiales, ya que hoy en día no las hay. El Censo Popular advirtió una realidad que se palpaba en la calle pero que las cifras del Gobierno de la Ciudad desconocían. Sin estadísticas no se pueden aplicar políticas públicas eficientes. En lo inmediato, hay que revisar lo existente. Que en los paradores a las familias las obliguen a separarse es uno de los factores que empujan a las personas en situación de calle a preferir dormir al desamparo del frío. De la misma manera, el hecho de no tener un lugar para sus cosas los obliga a dejar lo poco que tienen en la calle, y eso también lo pierden.

–En la última elección, en 2015, casi la mitad de los porteños votó a Martín Lousteau por sobre el macrismo, y ahora él es parte de la alianza oficialista. ¿Qué conclusión sacás al respecto?

–Creo que el electorado de Martín Lousteau quedó sin representación. Él se había propuesto a sí mismo como una alternativa al gobierno de Macri en la Ciudad y hoy es su aliado político. Lousteau es Macri.

–Durante las campañas electorales se busca instalar en la agenda pública aquellos temas de los que no se habla durante el año. ¿Cuáles son, en este caso, los temas que omite el Gobierno?

–Creo que hoy el Gobierno intenta desviar el foco de los problemas cotidianos que vienen aparejados de la fuerte crisis económica que atraviesa el país. La pérdida de poder adquisitivo, la inflación, el hecho de que el sueldo no alcanza hoy son las mayores preocupaciones de los argentinos. Sin embargo, el oficialismo no ofrece soluciones y desvía la atención hacia la obra pública, que, si bien es fundamental, no es suficiente. En la Ciudad, la situación es semejante pero con el agravante de que vivimos en una ciudad rica con cada vez más pobres. Hay obras en ejecución, pero no hay contención hacia los vecinos ni sensibilidad hacia quienes la están pasando realmente mal.

–¿Cómo analizás el rol y la participación de la mujer en la política, luego de la aprobación de la ley de cupo? ¿A qué problemas se siguen enfrentando las mujeres a la hora de acceder a espacios de poder?

–La Ley de Paridad de Género viene a garantizar la participación, y en ese sentido es un puntapié inicial. Rescato que las fórmulas del Frente de Todos están encabezadas, en sus distritos más representativos a nivel electoral, por una pareja de un varón y una mujer. Eso me parece un rasgo distintivo dado que la paridad es ley, pero que una y uno encabecen las listas no es un requisito. Las conquistas conseguidas y el sólo hecho de que todos hablemos de determinados temas, de que el debate del rol de la mujer esté instalado, sólo promete un mejor futuro. Ahora bien, hay temas sobre los que tenemos que ahondar. Un claro ejemplo de los problemas que seguimos atravesando son las tareas de cuidado de niños y ancianos. Las políticas gubernamentales deben contribuir a resolver las tareas de cuidado para favorecer la equidad y paridad. Si no hay una política de Estado que nos acompañe, nos contenga, nos dé las herramientas, vamos a seguir estando muchos pasos atrás.

–¿Qué proyectos te entusiasman por fuera de la política? –En la actualidad estoy escribiendo dos libros: uno junto a María Seoane, a quien admiro profundamente, y otro para editorial Planeta que tiene como objetivo hablar de las primeras mujeres argentinas en realizar algo, las pioneras en alguna actividad. Ambos proyectos me entusiasman muchísimo porque amo investigar y escribir. Creo que nunca voy a poder dejar de hacerlo.

“Soy vecina de la Ciudad de Buenas Aires. Los problemas nos afectan a todos transversalmente. Mis hijos van a la escuela de gestión pública; entiendo lo difícil que es conseguir vacante o inscribirlos en la colonia. Vivo en Balvanera y la suciedad del barrio y la inseguridad me atraviesan cotidianamente.”