Cada vez más, los consumidores de noticias, historias e información customizada tienen la necesidad de elegir qué escuchar, cuándo y en qué formato. Un repaso por las piezas sonoras del momento y su fenómeno en cifras.


Que quede claro: aunque la radio no murió, estamos en pleno boom del podcast. En las últimas décadas han cambiado los distintos formatos radiales: las noticias coparon la agenda de las AM y de las FM por encima de radioteatros u otras piezas de ficción, y las sociedades de todo el mundo han modificado sus hábitos de consumo de películas y programas al ritmo de las promesas on demand. Tal vez sea esa la pista sólida para lograr una definición global: ¿qué es un podcast? ¿Una charla grabada? ¿Un cuento con ruiditos? ¿El diario íntimo de algún deprimido? Todo eso y nada de eso a la vez.

Podemos decir que es una pieza sonora que escuchamos cuando y donde queremos.

Los primeros podcasts ni siquiera eran catalogados como tales. A fines del siglo XX empezaron a surgir aquellos que hablaban de los nuevos videojuegos o computadoras y avances tecnológicos, pero en los últimos años –el pico se dibuja en 2017–, el contenido del podcast fue variando tanto como las personas que habitan este planeta, con los Estados Unidos y los países europeos encabezando la producción. El podcast Limetown, que trata sobre un pueblo ficticio donde 300 personas desaparecen de forma misteriosa, ha liderado los rankings de iTunes durante su primera temporada, y antes de emitir una nueva entrega sus productores ya habían recibido una oferta del gigante WME Entertainment para asociarse con ellos en futuros proyectos o en adaptaciones a otros formatos.

A esta altura, y más allá de cualquier variable, con lentes pragmáticos podemos definir a los podcasts como archivos de audio que pueden descargarse o escucharse online, gratis o pagando. Pican en punta las distintas apps o plataformas, como Spotify, que les dan un marco de difusión muy importante. De hecho, la compañía sueca aseguró que, durante 2019, viene invirtiendo alrededor de 500 millones de dólares en este mercado. La flamante competencia también marca el ritmo de la expansión de este formato y su lugar en la cultura pop.

Series, deportes, feminismo, comida… Todo aparece en las listas de opciones del catálogo sonoro de podcasts mundiales. Son una forma de ordenar el inmenso caudal de material que nace y crece en internet y que es el corazón de un contenido que, con suerte, se vuelve radiable al oído. Los podcasts tienen temas centrales, followers y se cuentan en episodios. Su veta comercial se mide a través de la cantidad de escuchas en determinado tiempo (una semana, un mes) y pueden surgir desde la mesa de un bar hasta ser producto de la inversión de grandes multinacionales, como la mismísima CNN, que también tiene frecuencias de radio.

Hay quienes se dedican a contar cosas y hay quienes desean (y pueden) escucharlas. La rueda funciona por inercia y su estética gira en constante transformación, surcando los adoquines de su propia coyuntura. Los podcast locales se caracterizan por enfocarse en la conversación, la información o el debate. En estas latitudes se despliegan redes como Posta.fm, dirigida por el periodista Luciano Banchero, y Argentina Podcastera, la guía que aglomera la mayor cantidad de podcasts de producción nacional.

Toda lista es arbitraria, pero ¿no es lindo que nos recomienden cosas interesantes? Claro que puede fallar, pero ¿no es lindo? Si te gusta la música y querés recorrer el camino de las mujeres en el rock, tenés que escuchar Mostras del rock, el podcast que conduce la música y compositora Barbi Recanati para Futuröck. Cada episodio bucea en la trayectoria de alguna de las tantas artistas invisibilizadas que fundaron o exponenciaron la música y la contracultura rockera. Si te activa la cumbia, Qué Temaikén, de Agustín Gennoni, es para vos. El deseo de Pandora, producción de revista Anfibia, aborda desde el mito griego las huellas manoseadas del feminismo moderno. La revista Slate Magazine acumula más de 300 episodios de Hang Up and Listen, uno de los tantos podcasts deportivos superescuchados de internet; la filósofa Tamara Tenenbaum hace #Deconstruides junto a su amigo y colega Diego Tajer, con el deseo de explorar qué significa (en sus propias palabras) “hacer las cosas bien” para la generación dentro de la cual se reconocen (30 años en promedio).

Hay oferta de contenido para emprendedores, para amantes del mandato fitness, para veganos, runners y cinéfilos. Podcasts para quienes estudian, para abogados, paseadores de perros, amantes de los libros; nadie queda fuera, sólo es cuestión de navegar por internet. Pero, aquí y allá, son los profesionales de clase media quienes más los escuchan.

Hasta el momento, el celular es el dispositivo preferido para reproducir estas piezas sonoras. Según las mediciones globales, un oyente promedio escucha cinco horas de contenido en formato podcast a la semana. Un 36 por ciento escucha una hora o menos. A quienes escuchan más de diez horas se los conoce como “hardcore users” y conforman un quince por ciento de los usuarios. También se sabe que cada oyente escucha alrededor de cinco programas distintos con un promedio de un episodio por semana.

Como todo estallido, es imprevisible. Mientras tanto, dale play.

Según las mediciones globales, un oyente promedio escucha cinco horas de contenido en formato podcast a la semana. Un 36 por ciento escucha una hora o menos. A quienes escuchan más de diez horas se los conoce como “hardcore users” y conforman un quince por ciento de los usuarios.