Ese emoji que alimenta el ego, la fantasía, el amor propio, la autoconfianza y la seguridad está en peligro de extinción. ¿Qué pasará con nuestras vidas digitales cuando finalmente se ponga en práctica la idea de eliminar los likes de Instagram?


La noticia explotó en portales de todo el mundo hace pocas semanas: los popes de la red social del momento trabajan en el desarrollo de una nueva versión de la aplicación en la que los likes dejen de ser visibles en el feed de cada cuenta, y que sólo el usuario pueda ver de forma privada los corazones que recibió.

Cincuenta años atrás, cuando no existía siquiera el concepto de la red social virtual, nadie pensaría que esto pudiera ser noticia, pero lo cierto es que, así como Francis Fukuyama sentenciaba el fin de la historia hacia el cambio de milenio, esta novedad podría significar el fin de una era, la de los likes.

En la última conferencia de Facebook de 2019, la F8, un evento anual donde se anuncian nuevos planes de la marca, se esbozó la preocupación por la ansiedad que genera el conteo de likes en un usuario, tema sobre el que muchas organizaciones de psicólogos investigan y debaten. Tras varios reclamos de diferentes asociaciones a los creadores de este inocente pero poderoso corazoncito, anunciaron que ya están haciendo pruebas de Instagram y Facebook sin “me gusta” visibles en Canadá.

Adam Mosseri, vicepresidente de Instagram, habló de la posibilidad de generar una experiencia de uso de las redes con mayor conexión entre las personas y menor competencia u obsesión. Los mismos que les dieron poder a estos corazones ahora buscan un antídoto para aplacarlos. ¿Será que nunca imaginaron que podrían generar tantas sensaciones y pensamientos en una persona?

Es curioso que estos expertos no busquen eliminarlos permanentemente, sino sólo ocultarlos a los ojos de los demás, como para que pasen a ser algo íntimo, que nadie pueda exhibir ni alardear. Para la generación like, que nuclea a quienes nacieron a partir de 1996, rodeados de corazoncitos y pulgares arriba, ¿significará esto un alivio?

“Queremos que la gente se preocupe menos por la cantidad de likes que recibe y más por conectarse realmente con otras personas”, declaró Mosseri. La pregunta que surge es: ¿si los “me gusta” dejan de ser visibles para esos usuarios ante los que nos mostramos, seguirá teniendo relevancia conseguirlos? Tal vez esa sed se apague. La sed de aprobación, de que quede una evidencia para los demás, de que eso que subís gustó.

Según especialistas, la sensación que se genera al obtener un “me gusta” libera dopamina, el mismo neurotransmisor que se activa a partir de un beso, una comida rica o de algún agente externo que nos dé placer al instante. Si esas microdosis de felicidad dejan de ser visibles para los demás, ¿serán tan ansiadas? ¿Qué es lo que nos lleva a querer tener un like?

Tal vez los dueños de Instagram ya pueden llegar a ver mucho más cercano ese capítulo de Black Mirror en que las personas recibían una puntuación virtual instantánea con cada interacción humana que tenían, y ese porcentaje de aceptación regía su éxito o fracaso social.

Otro grupo humano nacido y criado por los “me gusta” son los influencers. ¿Qué podría llegar a pasar con sus carreras sin la fiebre del like? ¿De qué van a vivir si sus “me gusta” no son visibles?

Tras una entrevista casera a diferentes amigos y amigas, surgieron declaraciones como las siguientes: “Si nadie puede ver cuántos likes tengo, ya no tiene mucho sentido Instagram, porque el like para mí es un reconocimiento”. Para otros, el hecho de que el “me gusta” se vuelva algo privado a los ojos de los demás puede convertirse en una nueva herramienta de seducción, un guiño del que sólo dos serán testigos, tal como funcionan hoy las instagram stories.

Otra amiga habló de la posibilidad de que con esta medida el corazón se vuelva algo más sincero; otro se preguntó qué iba a pasar ahora con los y las coleccionistas de likes. Otras esbozaron el fin del stalkeo, porque suelen ir a mirar los perfiles de las ex de sus parejas actuales para chequear si aún se ponen “me gusta” en las fotos, y suelen espiar a qué le dan like a diario.

Otra reacción fue de indignación pura: “Qué amargos, que se vea la cantidad de likes es algo hedonista, ¿por qué eliminarlo?”. Muchas personas también confesaron que toman la cantidad de “me gusta” como una especie de garantía de que esa persona es valiosa o interesante, y si al entrar en el perfil de alguien cuenta con pocos likes en una foto, eso les genera desconfianza. También hay un código que muchos disfrutan, que tiene que ver con mostrar los gustos y elecciones a través del like y experimentar un vínculo o sensación de pertenencia al compartir el gusto por algo, al darle “me gusta” a lo mismo que un amigo o ser admirado (o influencer) le dio.

En conclusión, el poder de estos corazones es tan infinito como subjetivo. Será cuestión de esperar y ver qué pasa cuando desaparezcan. ¿Nos veremos obligados a empezar a “megustear” instantes de la vida real?

La sensación que se genera al obtener un “me gusta” libera dopamina, el mismo neurotransmisor que se activa a partir de un beso, una comida rica o de algún agente externo que nos dé placer al instante. Si esas microdosis de felicidad dejan de ser visibles para los demás, ¿serán tan ansiadas?