En los últimos años el cannabis ha estado en boca de todos, se generó una polémica constante respecto a la ley nacional 27350 y el acceso a los productos de “grado de uso médico” para, inicialmente, el diagnóstico de epilepsia refractaria.

Pero, ¿por qué es tan difícil instalar la medicina derivada del cannabis en los diversos países? La realidad es que el cannabis es una de las sustancias prohibidas a nivel internacional y recién a fines del 2018 y durante este año la Organización Mundial de Salud generó una acción incipiente para cambiar al cannabis de la categoría de prohibida a “controlada”, pero aún está en espera una respuesta por parte de las autoridades de los entes multilaterales.

La investigación médica a nivel científica de los cannabinoides (componentes del cannabis) se inició en Israel con el Dr. Mechoulam, quien pudo aislar los componentes CBD y THC, y con los cuales se iniciaron cientos de investigaciones médicas en diversos diagnósticos. Los primeros testeos clínicos completados (cada testeo clínico se compone de cuatro fases de investigación) fueron los asociados al diagnóstico de Epilepsia refractaria, pero en la actualidad se llevan a cabo testeos en Fibromialgia, Depresión, Trastornos de alimentación, e incluso el uso de cannabinoides como antibacterianos de uso tópico.

Esta realidad que vive la ciencia médica a nivel internacional y la expectativa de los pacientes de diferentes diagnósticos, dependen de la posible producción de productos medicinales, para que realmente éstos puedan ser accesibles a las diversas comunidades.

En la actualidad, Argentina, está dando sus primeros pasos con el acceso mediante receta a productos recetados para Epilepsia refractaria, se proyecta generar accesibilidad también para diagnósticos de dolor crónico, siempre mediante lo que se conoce como “uso compasivo”, y detrás de estos adelantos en el acceso al producto, los gobiernos provinciales y municipales inician proyectos de investigación para favorecer en un futuro de mediano plazo la producción local.

Tal es el movimiento de proyectos gubernamentales y necesidad de medicamentos, que en nuestro país ya se conformó una Cámara empresaria del sector del cannabis medicinal, que pretende ofrecer propuestas al gobierno nacional y a los provinciales (estos últimos tienen aplicaciones normativas a la ley nacional) para mejorar e impulsar una actividad económica con impactos positivos en el desarrollo de economías regionales, el posicionamiento y competencia en una industria internacional, y claramente en la producción de posologías para uso médico y otros productos asociados a salud y alimentación.