Este año, la marcha del orgullo universal tendrá su sede en la Gran Manzana, con Madonna como anfitriona y un line up más colorido que el arcoíris. Antes de la gran fiesta, repasamos la historia de una lucha que todavía no encuentra su final.


La noche de ese 28 de junio insinuaba aquellos cuerpos que se batían en un duelo sexual y secreto. Greenwich Village no era el barrio trendy que es hoy, sino el cuartel de una resistencia intelectual que percibía el hervor del cambio. Si caminabas por Christopher St. llegabas al Stonewall Inn, un bar gay que cobijaba todo lo que hacía tambalear la tranquilizadora idea de familia nuclear: chicos contra chicos, marineritos Querelle soñados por Genet, drag queens rocambolescas y mujeres que bailaban pegadas como el mar con los delfines.

Y lo que digan los demás está de más, ya lo sabemos; esa noche nadie se escondió debajo del mantel.

La razia irrumpió brutal, a fuerza de cachiporra. Todos en fila: manoseo y humillación. Allá por el 69 si te detenían en un procedimiento dentro de un reducto gay perdías trabajo, amigos y familia. Imposible imaginar peor pesadilla que la de quedar fichado usando el vestido dominguero de tu mamá.

Alguien se resistió y entonces la gota que rebalsó el vaso se convirtió en marea, el silencio en patada, el miedo en grito. Afuera se armaba una espontánea chorus line, y si de un lado estaban los bastones, del otro asomaban las medias can-can, el pelo batido y las rimas dragueadas

“Somos las chicas de Stonewall, nuestro pelo es enrulado, no llevamos ropa interior”, cantaba el coro en la cara del machismo. Y llegó la golpiza pero también la reacción. Un “basta” que se volvía gay power, visibilidad, tumulto, derechos civiles, comunidad, marcha y orgullo. Para nosotres, la libertad.

La Pride Parade neoyorquina, que recorre la Quinta Avenida y termina en el Village, no es sólo una fiesta diversa y colorida, sino la celebración de una comunidad que este año conmemora el 50º aniversario de la revuelta de Stonewall. Si ahora hay un doodle en tu buscador que te invita a saber más sobre la historia del movimiento que estableció los derechos de la comunidad LGTBQ, el camino hacia la diversidad no es aún una autopista. Lo saben las víctimas de la masacre en la disco gay Pulse de Orlando, las pibas que golpearon la semana pasada en un bus de Londres o Mariana Gómez, que va a juicio oral por fumar un pucho y besarse con su mujer en Constitución.

¿Hechos aislados en una sociedad cada vez más diversa y tolerante? Me permito dudarlo. La revista Entertainment Weekly sacó un número especial para conmemorar el Mes del Orgullo donde reunió, entre otros, a la icónica cantante Melissa Etheridge, al genial actor Neil Patrick Harris, a la actriz Ruby Rose –quien encarnará a Batichica, la primera superheroína abiertamente gay– y al periodista de CNN Anderson Cooper.

Con edades que van desde los 33 hasta los 58, todos comentan lo difícil que ha sido encontrar figuras con las que identificarse y vivir fuera del clóset. Es justamente Cooper quien señala un hecho cotidiano como extraordinario: “Es interesante lo raro que resulta ver a dos hombres o a dos mujeres de nuestra generación tomados de la mano. En los barrios gay puede ser, pero viajo por todo Estados Unidos y puedo decirte que no lo vi nunca en un aeropuerto, ni siquiera en Nueva York”. El estallido gender fluid millennial todavía no atravesó transversalmente la cultura.

Pero si vas el 30 de junio a NY podés empezar por recorrer la Pride Fest, con sus puestitos callejeros repletos de artículos diversos y esos pequeños conciertos gratuitos que se arman alrededor de Hudson Street. O tomar el Gay Tour en Greenwich Village, donde un experto guía queer te cuenta la historia del barrio y te pasea por hitos de la vecindad, como el bar Marie’s Crisis o la heladería Big Gay Ice Cream, para terminar en el mítico Stonewall. Despedí el día en un rooftop after o en el Housing Works Bookstore Café del Soho, donde el escritor David Goldberg entrevistará a comediantes, intelectuales y performers en su ciclo The Queer Luminaries.

Si te da el cuero, mandate para Folsom St. East: allí encontrarás la celebración Leather & Fetish, a puro látigo y arnés. Si estás con las chicas, el destino es Teaze, la pride party for girls hosteada por dapperQ. Twerking hasta que se acabe el mundo.

La World Pride Opening Ceremony es un evento ineludible. Será conducida por Whoopi Goldberg, Cindy Lauper y Ciara, quienes ayudarán a juntar fondos para la inmigración igualitaria. En cuanto a la Pride March, este año será tamaño extra grande: 250 carrozas, puestos informativos sobre salud y educación, merchandising, tacones y pelucón para todes. Y que ardan las calles, bitches.

Si alguna vez tuviste tu propia isla de la fantasía, que sea Pride Island. Ahí Tatoo no anuncia “el avión, el avión” sino la llegada de nuestra reina madre: Madonna, quien confirmó su participación con un video en The Today Show. Será un cierre épico para el line up que incluye a Teyana Taylor, Grace Jones, el performer trans PablloVittar, Lauren Jauregui y la ex spice girl Melanie C, con su nueva banda, Sink The Pink.

Esa noche neoyorkina de 2019 aún contiene el eco de aquella tarde porteña en noviembre del 92 en la que Carlos Jáuregui encabezó la primera Marcha del Orgullo argenta. Fueron sólo 250 personas con los rostros cubiertos por máscaras de cartón para evitar ser discriminados laboral y socialmente. Se acaba la nota, cierro el libro Orgullo. Carlos Jáuregui, una biografía política, de Mabel Bellucci. Lo conseguí en una librería de viejo que está en Santa Fe y Pueyrredón, al lado del bar El Olmo. Carlos Jáuregui es hoy el nombre de la estación de subte que homenajea la diversidad. Les chiques selfean frente a su mural a pleno día y con la cabeza en alto; Madonna canta su nuevo single “I Rise”, y Carlos manda un guiño incandescente desde la Línea H.