A contramano de los likes y superlikes, una nueva aplicación creada por un argentino prioriza la conexión a través de los gustos, preferencias o intereses en común que pueden llegar a tener dos personas. Lo esencial, ahora, es invisible a las selfies.


En tiempos donde el like, el superlike, los corazones, los follows, los unfollows, los crushes, los matches y los emojis parecen marcar el pulso de la atracción entre desconocidos, surge BlindLove, la aplicación que prioriza la conexión química que se puede llegar a dar entre dos personas más allá de la imagen física. No hay selfie ni foto de perfil que pueda superar el vínculo que se puede dar cuando el “match” va más allá de la virtualidad.

Tinder, Happn, Facebook, Instagram, Bumble, Badoo; hay algo que todas estas aplicaciones no supieron entender y que una historia de amor reveló: la selección de una persona por su mera imagen puede llevarte por caminos más oscuros que reveladores y hacerte abrazar una vez más el cliché de que “las apariencias engañan”, o reivindicar la tan aclamada frase de El principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

BlindLove es la aplicación que viene a hacer carne ese concepto y que surgió nada más y nada menos que de la experiencia de su creador; Federico Volinsky conoció a su actual esposa a través de las redes sociales, con muy pocas esperanzas de que se dé el famoso “match”: “Al principio hablábamos más de siete horas, pero ella estaba convencida de que yo no era su tipo: entre otras cosas, mide 1,80 y yo 1,70”, afirma Federico.

Ella es modelo y le saca varios centímetros de altura, pero como cantó el Potro Cordobés allá por 2000, “el amor puede más”, y tras varios días de conversaciones y chats eternos descubrieron una química inesperada, que los llevó a encontrarse en Uruguay para tener una cita y no separarse nunca más.

Basado en su experiencia y asesorado por psicólogos y expertos en productos digitales, Volinsky detectó una falta en las dating apps actuales: todas se basaban en que la unión se dé a través de la apariencia física, y no en los gustos, preferencias o intereses en común que puedan llegar a tener dos personas. Así fue cómo nació la primera aplicación basada en el concepto de “slow date”: las imágenes de los usuarios se ven desenfocadas o blureadas inicialmente, y a medida que crece la interacción, el algoritmo asigna un puntaje y permite que el usuario pueda develar una porción de la foto gracias a la opción “sneakpeek”; cuanta más conexión entre los usuarios, más se devela la imagen.

“El amor no se basa en la mejor foto de perfil, sino en una conexión emocional y física. La gente está cansada de las aplicaciones de citas que te venden matches; están vendiendo dos personas que se ponen ‘like’ a una foto”, sostiene. Con una inversión inicial de 250 mil dólares y la participación de ex empleados de Google y Microsoft, la app ya está disponible en inglés y español tanto en Google Play como en la App Store. Además de preservar el misterio de la imagen en primer lugar, tiene funciones novedosas que otras dating apps no tienen, como la “ask on a date”, un banco de ideas de primeras citas, basada en un algoritmo que sugiere lugares para ir a comer o eventos para compartir según los gustos de los usuarios que están en plena interacción. La misma aplicación te sugiere una fecha, un lugar y un tipo de evento: desde ir a tomar un trago hasta compartir un evento deportivo.

“Todas las herramientas de la aplicación están pensadas desde el amor. Es una love app, más que una dating app. La idea es conseguir que dos personas se tomen el tiempo de conocerse antes de tomar una decisión basada solo en una foto de perfil”, afirma Volinsky, que también detectó que muchos de los usuarios de las dating apps mienten en su perfil, con fotos que no los representan o información que no es real, cuestión que genera frustración y decepción cuando se conocen y se revela la verdadera imagen o identidad de la persona.

Tal vez esta aplicación siembre una nueva semilla en el campo minado de la vorágine de selfies, fotos de perfil, stories, imágenes y hasta aplicaciones que te permiten “tunear” tu foto y mostrarte más cerca del estándar de la imagen perfecta. Hoy son muchas las personas que tal vez nunca llegan a conocerse y se quedan en la nebulosa de los likes, esa pequeña “caricia” al ego que pocas veces se transforma en algo real más allá de la contención de la red social. Será hora de “blurear” los prejuicios, matar la necesidad de que una simple imagen nos cuente todo sobre una persona y lanzarnos a la charla a ciegas, para generar una conexión más profunda, un match en la vida real.

“El amor no se basa en la mejor foto de perfil, sino en una conexión emocional y física. La gente está cansada de las aplicaciones de citas que te venden matches; están vendiendo dos personas que se ponen ‘like’ a una foto.”