Con el apoyo de la radio Futurock, la ex Utopians lleva adelante un sello discográfico dedicado a grabar proyectos liderados por mujeres. Su regreso como solista, la futura presentación de un disco y una idea fija: romper los moldes de la industria musical actual.


Barbi Recanati de Barbie no tiene nada. No tembló cuando decidió disolver Utopians, la banda de rock indie que llegó a telonear a The Cure y Guns N’ Roses, después de conocer las denuncias por acoso contra su ex amigo y guitarrista, Gustavo Fiocchi. Tampoco cuando, el año pasado, se animó a encarar su carrera como solista y fundó Goza Records, un sello discográfico propio, dedicado a impulsar proyectos liderados por mujeres. “Tenía un estudio de grabación en casa y entendí que tenía que usarlo para que muchas artistas pudieran grabar sus discos por primera vez”, explica. Paralelamente a su reclamo por el cupo femenino en festivales, Barbi rompe con los moldes de la industria musical y pone en cuestionamiento al público rocker: “Si pensás que una mina no tiene que estar en el escenario es porque sos un conservador”. 

–¿En qué contexto nace Goza Records?

El año pasado, después de la marcha del 8M por el Día de la Mujer, me empezaron a llegar muchos mensajes de chicas buscando músicas para armar bandas. Me mandaban videos tocando en vivo, pero no sólo para pedir ayuda sino para demostrar que estaban ahí. Al mismo tiempo, yo me estaba volviendo a conectar con amigas que tenían proyectos en movimiento desde hacía muchos años, y eso me hizo preguntarme por qué todavía no las había escuchado en la radio ni cruzado en un escenario. El talento de todas ellas me parecía superior a mucho de lo que ya conocía. Entonces, entendí que el ambiente del cual venía, desbordaba mucho más sexismo del que yo podía ver. Me di cuenta de que, más allá de hablar del tema en público, tenía un estudio de grabación en casa que podía usar para que esas artistas grabaran sus discos por primera vez. Y me propuse publicar un disco o un EP por mes, durante doce meses.

–¿Cuán diferente se vuelve el camino que recorre una banda integrada por mujeres, con productoras y sellos con perspectiva de género?

Creo que 2019 es un año muy distinto. Pero tocar en un festival, por ejemplo, es un paso que suele llegar después de lograr cierta exposición y aprobación de una parte de la industria. Esos pasos suelen estar liderados por hombres cis heterosexuales, y el patrón de conducta más común es el de recibir una invitación a una reunión que termina en una incitación sexual que rechazás y hace que nunca más te vuelvan a llamar. La realidad es que tenés que cumplir con muchas expectativas que los hombres no. Sexualmente, estéticamente e incluso líricamente. A mí me han dicho: “Tu voz es muy masculina; tu voz es muy ronca; te vestís como varón; no te mostrás; te ponés fea; gritás”. Cuestiones que jamás escucharía un tipo. Imaginate que un pibe o una mina trans, un artista no binarie, lo sufre cien veces peor. Cuando los sellos y las productoras tienen perspectiva de género, entienden estas problemáticas y son empáticos. Todo cambia 180 grados. 

–Es importante que el público que escucha rock también pueda dar ese paso.

Sí, mil veces sentí situaciones incómodas arriba del escenario, y hoy entiendo que se trataba de machismo. Creo que el rock es contracultural, es contestatario y es deconstrucción. Si sos público de rock y para vos una mina no tiene que estar ahí arriba es porque sos un conservador. 

–El mes pasado el Senado aprobó el proyecto de ley de cupo femenino en espectáculos musicales. ¿Sos optimista, pensando en un futuro cercano? 

Sea lo que sea que suceda, si no es acompañado por conciencia de género desde la base de lo más under, y con inclusión de parte de las y los colegas, no sirve de nada. Si el cupo se usa para llegar arriba y no para derribar la cima, es todo al pedo.

–Marilina Bertoldi ganó el último Gardel de Oro y, por segunda vez en la historia, el premio fue para una mujer. ¿Qué cambios concretos creés que pueden darse en lo inmediato?

Los cambios ya están hechos. Este mes, Marilina tocó en el Teatro Flores y 1.500 pibas hicieron pogo con canciones de rock. Saltaban sin miedo a que las manoseen, pedían por la legalización del aborto. Ese día, entendí que Marilina abrió un portón, empujada por un movimiento de años y lucha. Pero pasó y dejó la puerta abierta para todas, cuando podría haber elegido cerrarla. Eso es un cambio enorme. 

–En lo personal, estás por presentar tu primer proyecto como solista. 

Sí. El año pasado saqué un EP bastante a las apuradas, por las ganas que tenía de tocar en vivo. Este disco es un poco lo contrario. Ahora que tengo la banda armada, encuentro espacios para componer y grabar que tienen más que ver con un momento personal. Voy a sacar una primera parte en julio, agosto, y un lado B más adelante. El nuevo material tiene mucho que ver con lo que disfruto escuchar: el new wave, el dark de los años 80 y la psicodelia americana.

“Creo que el rock es contracultural, es contestatario y es deconstrucción. Si sos público de rock y para vos una mina no tiene que estar arriba del escenario es porque sos un conservador”.