Julieta Novarro y Pablo Bossi llevan adelante la sucursal porteña del formato disruptivo que surgió en Madrid hace diez años. Obras de 15 minutos para 20 personas en 15 metros cuadrados. Algo está cambiando…


Julieta Novarro es actriz, directora y productora. Se formó con maestros como Raúl Serrano y Ricardo Bartís. Trabajó con su padre (Chico Novarro) como productora en sus espectáculos y directora de sus videoclips. Entusiasta y de espíritu inquieto, se puede ver en ella a una buscadora incansable.

Pablo Bossi, productor de cine, en el año 94 armó Patagonik, una de las productoras cinematográficas más importantes del país, con trabajos que marcaron una fuerte impronta en la cultura local (y con reconocimiento internacional), como Nueve reinas, Cenizas del paraíso y El hijo de la novia, entre otros.

Juntos llevan adelante desde hace dos años la sucursal porteña de Microteatro, aquel concepto de formato teatral que surgió en 2009 en un prostíbulo de Madrid donde se alojaron trece grupos de artistas independientes con la consigna de crear una obra teatral de 10 a 15 minutos para un público de menos de diez personas por sala sobre un tema común.

–¿Cómo surgió la idea de traer Microteatro a Buenos Aires?

Pablo Bossi: –Yo lo vi en Madrid, no en el prostíbulo donde nació originalmente, sino inmediatamente después, en el local de Loreto y Chicote, y me encantó la idea. Finalmente, me asocié con Julieta y armamos esto juntos. Hace ya casi dos años que inauguramos, nos está yendo muy bien.

¿Fue difícil encontrar el lugar?

P. B.: –Muy difícil. Pasaron varios años hasta encontrar el lugar idóneo. Había una casa en Belgrano que no me convencía del todo, luego apareció este espacio y todo cobró forma.

–¿Cómo fue el momento en que empezaron juntos con el proyecto?

Julieta Novarro: –Yo viajé a Madrid para conocer Microteatro y ahí me di cuenta de que Buenos Aires necesitaba una vuelta de tuerca. Ningún lugar del mundo tiene la oferta ni el nivel teatral que tenemos acá. Creo que para que esto perdure y se haga sustentable en el tiempo tenés que pensar en subir la apuesta. En el equipo de curaduría somos tres leyendo los materiales: Mey Scápola, María Figueras y yo.

–¿Puede ser que otra de las diferencias tenga que ver con el polo gastronómico que han armado?

J. N.: –Cien por ciento. Contamos con la realización de un espacio ad hoc. En ese sentido, tampoco hay otro Microteatro como este. Generalmente, lo que se busca son casas grandes que tengan cuartos para hacer las diferentes salas. En cambio, nosotros construimos todo el espacio desde cero.

–¿Cómo fue amalgamar el teatro y lo gastronómico en un mismo lugar?

J. N.: –Pablo quería una barra prominente central, entonces se empezó a armar la gastronomía en función de lo espacial y con un concepto de cocina tipo “callejera”, para que la gente se expenda rápido y no se pierda las obras. Pasa algo muy lindo; por un lado tenés lo que se vive arriba, lo teatral, el silencio, y por el otro, lo que pasa acá abajo, que es como una salida nocturna, donde ves gente de todo tipo.

P. B.: –No sabíamos que eso iba a pasar, pero obviamente uno siempre imagina que va a ser un éxito. Lo que sí tenía claro es que esto podía ser tanto para la gente a la que le gusta el teatro como para la que no. En Microteatro se juntan esos dos mundos.

–Es tan mágico lo que ocurre con Microteatro que hasta Pablo se animó a escribir y dirigir, ¿estás haciendo una obra acá?

P. B.: –Sí, se llama Garotes de Ipanema, está en cartel actualmente, es de las más vistas, estoy contento. Es increíble la ventaja que te da el formato, a nivel de poder testear la obra casi de manera instantánea con el público y modificarla.

J. N.: –Tal cual, por eso yo siempre digo que esto es un laboratorio,y los actores también lo viven así. Tuvimos a Héctor Bidonde actuando y dijo una frase maravillosa: “Todos los actores deberían tener la experiencia de pasar por Microteatro”.

–Suena a que es todo una mística.

J. N.: –Exacto. Acá no hay espacio para el divismo: son un montón de personas compartiendo camarín, están dentro de una salita de 15 metros cuadrados. Se recupera una cosa muy artesanal del teatro. Y cuando se van nos agarra angustia porque nos encariñamos. Y, a la vez, el recambio es permanente, no podés estar triste. El domingo despediste y el lunes estás recibiendo gente, esto es cama caliente (risas).

P. B.: –Sí, y más allá de los planteos de puesta en escena de cada grupo, hay que pintar las salas todos los meses para mantenerlas en condiciones.

–Si cada uno tuviera que decir qué es lo que más le sedujo del formato de Microteatro, ¿qué sería?

P. B.: –Creo que la posibilidad de vivir una experiencia artística, sin tanta solemnidad ni acartonamiento, y, a su vez, económica: acá una entrada cuesta $130. Y es una muy buena opción para una primera cita: tomás una cerveza mientras ves algo, bajás, tenés tema de conversación…

J. N.: –Para mí, la posibilidad de contar algo de calidad en un formato nuevo y dar una conjunción al mundo de la dramaturgia, de la dirección y al gastronómico en un solo lugar. Igual, creo que a Pablo algo de esto le atrajo también, porque tiene mucho de cine. Es casi promiscua la relación entre el espectador y los actores, esa cosa medio voyerista.

P. B.: –Tiene razón. Te cuesta más lo que es el plano general acá, pero todo lo que es emoción, gestualidad y primer plano es impecable.

–¿Se les ocurrió la posibilidad de llevar Microteatro a otras ciudades del país?

J. N.: –En primera medida vamos a hacerlo en Córdoba y Mar del Plata. Rosario es un plan a futuro.

P. B.: –Hay dos posibilidades también abiertas, una al sur y otra al norte del Gran Buenos Aires. Así que sí, claramente el plan es abrir en otros lugares del país.

“Acá no hay espacio para el divismo: son un montón de personas compartiendo camarín que están dentro de una salita de quince metros cuadrados. Se recupera una cosa muy artesanal del teatro.”

Microteatro Buenos Aires
Serrano 1139
Instagram: @microteatroba