MALENA VILLA · FUTURO BRILLANTE

Formó parte de una de las ficciones más exitosas de la televisión en 2018 y participó de la película de la que habló el mundo, El Ángel. El camino para esta joven llena de talento recién comienza.       


La fantasía de la actriz que cuando no está filmando está en su casa disfrutando de la buena vida, acompañada de sus mascotas, meditando sobre si pintar aquella pared de color palta, no es más que eso: una fantasía. El encuentro con Malena Villa para hacer esta entrevista se vio postergado porque la joven actriz de 23 años tenía que realizar un casting para ver si pegaba otro laburo que pague las expensas, como cualquier hija de vecino (aunque también se está diversificando con una inminente carrera musical). Si bien participó de una de las ficciones más exitosas de 2018 (100 días para enamorarse) y de la película de la que habló el mundo (El Ángel), el lugar nunca está asegurado en la mente de los productores.

–¿Cómo se vive esa situación de casting? Quizá una tiene una idea distorsionada, a lo Emma Stone en La La Land.

–Bueno, hay algunos que son medio La La Land. Depende mucho del casting, de quién te lo toma, pero generalmente son bastante frustrantes. No es una experiencia para nada agradable.

–¿Y cómo la enfrentás? ¿Te preparás anímicamente unos días antes?

–Sí, depende el casting, el proyecto. Estoy muy acostumbrada a la situación porque la vivo desde que tengo 9, 10 años. Siempre fui con las expectativas en cero. Y, sobre todo, al finalizar el casting tratar de olvidarme. Una vez, por ejemplo, tuve un casting muy importante para una peli de afuera, y pasan cosas como que el director te da a entender que vos sos su favorita y después no sucede. Muchas veces no elige el director, eligen los productores, sobre todo en pelis grandes. El director te puede dar todas las señales que quiera pero después no sucede nada y ahí te preguntás para qué. ¡Callate la boca! En las pelis de acá, que en general son más independientes, más de cine de autor, el director sí tiene una presencia muy grande y es el que termina decidiendo. Pero en los Estados Unidos, en pelis de estudio, no funciona así, elige el estudio.

–Muchas veces se elige por el nombre más que por la calidad actoral, ¿no?

–Por el nombre o por el físico. Si quieren a una latina, por más que yo lo sea, no les doy latina, entonces van y eligen a otra que sí. Hay cuestiones de mercado. Nosotros acá no tenemos idea, pero funciona medio así.

–Es curioso cómo funcionan los estereotipos, porque sos latina pero no “das latina”.

–No, claro. Hay un mercado del latino muy grande, que se está expandiendo, entonces están muy con esa de que necesitan meter latinoamericanos en las películas. Pero entonces no les sirve una persona que no tenga ese estereotipo. Si metés una rubia de ojos claros no te da latina, es la realidad.

–¿Y te dicen “no quedaste porque no das latina” o van por la indirecta?

–No, son todas conclusiones que saco yo al ver quién quedó. Hay algo muy frustrante del actor, que nadie lo sabe, que es que la mayoría de las veces nadie te avisa nada. Nadie te dice “che, gracias por venir pero no”. Muy pocas veces ocurre. Vos te mandás y si quedaste recibís noticias, y si no, no. Es parte del trabajo, pero la verdad es que hay mucha gente a la que la frustra mucho. El del actor es uno de los pocos trabajos en los que estás aplicando todo el tiempo, estás teniendo entrevistas de trabajo constantemente. No es que tenés un día una entrevista y si quedaste estás dos años trabajando. Es muy fuerte.

–¿Y cómo enfrentás esas situaciones hoy, a diferencia de cuando eras chica?

–De chica tuve mucha suerte y a los primeros castings que fui, quedé. Entonces fue un subidón. Mi papá es actor, entonces desde un primer momento él me decía “andá segura de que va a ser un no”. Siempre me mentalicé de esa manera. Ir a hacer un casting random me lo tomo de manera muy tranquila. Pero cuando el director te dice que sos vos, o hay cosas que te lo dan a entender, y después no, es lo más fuerte de todo. Me ha pasado que me hayan dicho que iba a ser la protagonista de tal película, empezar a trabajar con el director, hacer un tráiler, y que, cuatro meses después, me digan “che, te dimos de baja” porque la llamaron a tal, que es mucho más famosa.

–¿Y cómo encaja la exposición de las redes sociales? Parece ser otra parte del trabajo.

–Sí, sobre todo en este ámbito, que me parece que es algo bastante mediocre, porque la verdad es que en otras industrias, en otros países, nada que ver. Pero acá se le da un valor, hay productores que eligen con base en los seguidores que tenés en redes sociales porque piensan que eso te va a traer público a las salas, que nada que ver. Pero hay todo un estigma con las redes sociales que hace que ahora los actores tengamos que tener seguidores en Instagram y ser influencers. Me parece muy vacío, pero bueno, funciona medio así. Hay momentos de decisión que ya no pasan por alguien que trabaje en la tele, o que sea más conocido. Pasa por los seguidores.

–El planteo sería: las tengo a Malena y Fulana, las dos me cierran por sus cualidades artísticas, físicamente me dan con el rol…

–…y Fulana tiene 500 mil seguidores y Malena tiene 50, entonces van a ir con Fulana. Sí. Sobre todo es un pensamiento más de productor que de director.

–¿Y a vos eso cómo te repercute?

–No lo vivo tan cercanamente. Me ha pasado esto que te conté de que me han bajado de una película porque apareció una opción mucho más famosa. Y me dolió muchísimo, estuve deprimida mucho tiempo y no estuvo bueno. Después vi la película y entendí adónde apuntaban. Cuando leí el guión, la película iba por un lado, y después vi que fue algo más comercial de lo que yo imaginaba, entonces lo entendí. Yo, por suerte, como hice algo de tele y después El Ángel, tengo una buena cantidad de seguidores. Pero tengo amigos que a veces necesitan seguidores para laburar, es una cosa rarísima.

¿Fue 100 días para enamorarse el trabajo que te dio mayor popularidad?

–Sí, acá la tele te da, no sé si prestigio, pero sí exposición. Te lleva a obtener más trabajos y en otros lugares no es tan así. En otros lugares lo que te da prestigio es el cine, pero acá el cine, sobre todo el independiente, lo ve poca gente. El cine argentino tiene bastante prestigio afuera, sobre todo en festivales internacionales, y acá quizá no se ve.

–¿A qué se lo atribuís?

–A cierto cipayismo, no sé. A los niveles de difusión. Si no me equivoco, en Francia hay una ley que obliga a las salas a proyectar creo que un 40 por ciento de películas francesas. Eso es una política de Estado que hace que el cine nacional se vea, que tenga la obligación de pasarse y darle lugar. Acá siento que las políticas de Estado, sobre todo con la cultura, y especialmente lo que es el cine, son cada vez peores.

–¿Cómo trabajaste con la exposición que tuviste el año pasado?

–Se dio todo al mismo tiempo, entonces hubo una explosión. Sacaba a pasear al perro y siempre había alguien que me paraba para decirme algo. Ahora ya no tanto, son momentos en los que estás más expuesta y la gente te reconoce, y cuando estás más guardada te dejan de reconocer. También me cambié el color de pelo, no estoy ayudando. Igual a mí me gusta pasar desapercibida, me gusta mucho andar por la calle sola. No sé cómo haría si fuera Darín, ponele. Me mato.

–Son distintas aristas que hay que laburar, lidiar con los periodistas, con la gente en la calle…

–Igual es un perfil que escogés vos. Hay actores a los que los paparazzi o el periodismo amarillo no joden porque el actor no se engancha con eso. Darín no tiene a todos los paparazzi en la puerta de la casa. Están en la casa de los que siguen el juego. Debe de pasar mucho que alguien cree que tiene que ir a la tele a generar tal chisme para que lo vean y así conseguir más trabajo. Debe de pasar un montón, entiendo. Hay una cosa de no ser olvidado.

–Espero no verte de acá a un tiempo mostrando tu casa y tus perros.

–No, no va a pasar. A mí me gusta ser olvidada cada tanto.

–Es una buena forma de manejar tu ego.

–Y sí. Uno siempre quiere el reconocimiento y el aplauso, el actor lo necesita, pero a mí me gusta cada tanto estar en la oscuridad.

“Me ha pasado que me hayan dicho que iba a ser la protagonista de tal película, empezar a trabajar con el director, hacer un tráiler, y que, cuatro meses después, me digan ‘che, te dimos de baja’ porque la llamaron a tal, que es mucho más famosa.”

Fotos: Guido Adler
Styling: Florencia Herrera
Pelo y make up: Igna Mora y asistente Lucas Escolano para Estudio Olivera con productos @schwarzkopfpro.arg
Agradecimientos: Bouquet, Natalia Antolin, Mishka, FH Accesorios, Lignée Bar (Lavalle 945)

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