Desde algún lugar de España, el Salmón habla. La gira de su último disco, Cargar la suerte, acaba de empezar, y en un derrotero punzante y vertiginoso, el ex Abuelos de la Nada no mira atrás sencillamente porque su vista está puesta adelante. El cantante está de vuelta.


La llama, ese fuego que es tanto creatividad como inquietud, curiosidad e imaginación, sigue encendida. En algún momento pareció descarriada, incluso absolutamente perdida, pero ahí está ahora mismo: flameando como una bandera de un territorio colonizado hace mucho tiempo. Como en los mejores días de nuestras vidas. ¿De qué zona estamos hablando? Se trata de la canción popular como una de las grandes artes que le prenden fuego al alma de la tribu y la colocan en un espacio de emoción y, sí, conexión con lo que es propio de lo humano: la comunión alrededor de las palabras y los múltiples niveles de sentidos que otorgan los sonidos en ese arco extraordinario que va del rock al pop. Y en ese aspecto, ¿no es Andrés Calamaro (y acá podemos sumar, por supuesto, al Indio Solari) quien le entregó a su pueblo en los últimos años las mejores alegrías dentro del formato, noble y notable, llamado canción popular? Cargar la suerte, su más reciente disco de estudio, publicado cuando 2018 estaba por bajar la persiana, viene a demostrar eso: que la inspiración de Calamaro, aquella que en algún momento pareció extraviada para un sector del público y la crítica de rock, se encuentra intacta y se presenta con la potencia indeleble de un toro mecánico.

Hacía cinco años que no sacaba canciones nuevas. Su último trabajo de estudio había sido Bohemio (2013). Pero su cuerpo y su mente no estuvieron quietos, más bien todo lo contrario. A ver: publicó cinco discos en vivo, de versiones y de rarezas (Pura sangre, Jamón del medio, Hijos del pueblo, Romaphonic Sessions y Volumen 11); sacó un libro de memorias crípticas (Paracaídas y vueltas, Planeta); salió de gira por varios continentes en formato de trío acústico y con pose crooner que le quedaba muy bien; se volvió DJ Loto Volador con un programa propio en FM La Patriada, donde crea intervenciones con ejes temáticos; lanzó, junto al periodista Rodolfo Palacios, la revista Nervio Digital (con el legendario Enrique Symns al frente); colaboró en los discos de varios artistas (Poli y Maxi Prietto, Mala Fama, Los Palmeras, Juan Gabriel y David Lebón); escribió una canción (“Gibraltar”) para la película Taxi a Gibraltar, y agitó el avispero de Twitter varias veces con polémicas fugaces pero intensas. Es una capacidad de trabajo bestial. Y si bien en 2019 se conmemoran los 20 años de la salida de Honestidad brutal, su obra maestra de 1999, Calamaro no mira atrás con rencor sencillamente porque su vista está puesta adelante: ahora mismo comenzó en España su nueva gira mundial, que en octubre lo traerá a nuestro país en formato banda eléctrica.

Desde España, el músico cuenta cómo se siente al empezar un nuevo tour: “La gira es otro mundo, el ‘modo gira’ es obsesivo e insólito para mí. Vivo enfocado en las siguientes dos horas en el escenario, siempre al borde del ataque de nervios. Cantar en público es terrorífico; menos mal que aplauden después de cada canción. Alguna vez las giras fueron 24 horas de hedonismo rockero, ahora estoy subyugado por la siguiente responsabilidad, porque tocamos en teatros importantes, y por las expectativas, así sean pocas o demasiadas”.

Las doce canciones de Cargar la suerte fueron recibidas por crítica y público con un renovado entusiasmo que no se veía y percibía desde la salida de La lengua popular (2007). Y es probable que sea así por la impronta clásica que tiene este trabajo grabado en cuatro días en los Estados Unidos y que significa una nueva etapa en su carrera, donde la música se consume de modos muy distintos a los que se estaba acostumbrado y la idea de una audiencia masiva parece desdibujada hasta que se vuelve material en los conciertos. “El público son muchas personas, los que conocen los discos y vienen a los recitales son ‘público íntimo’. Me considero ‘público’ yo también, soy muy fiel con mis artistas buenos. Pero casi nadie entiende lo que es un disco hoy en día, lo único que sabemos es que ya no es ‘redondo y plano’. Entiendo que la idea de ‘renovar credenciales’ con una nueva grabación y una gira es una tremenda responsabilidad. Los músicos de rock tenemos público leal, de amor declarado no platónico; no que yo sepa”, explica.

Rizoma

En el periodo 1997-2000, Andrés Calamaro se vuelve imprescindible para el rock nacional y en lengua castellana luego de sacar su trilogía involuntaria Alta suciedadHonestidad brutalEl salmón. Una tríada magistral con la que modificó ciertos parámetros de la canción popular, resignificó los materiales con los que venía trabajando (desde Los Abuelos de la Nada, su primera etapa solista y hasta Los Rodríguez), tendió puentes hacia su propio futuro y, de paso, influenció a varias generaciones de músicos argentinos y del exterior. Es también por esos años cuando su necesidad de expandirse le permite ampliar sus horas de trabajo hacia otras zonas de interés. Esa voracidad no se detuvo y por estos días creó con sus amigos la revista Nervio Digital. Cuenta un poco de qué va esta experiencia: “Rodolfo Palacios me mantiene escribiendo, cree en mí como escritor y lo sigo intentando, ahora estoy escribiendo versos académicos y me van a publicar en el diario ABC. Las próximas metas son el cine y publicar libros. El objetivo de Nervio Digital es seguir publicando a Enrique Symns y a los bandidos amigos nuestros”.

A este recorrido de periodista atípico e intelectual comprometido con los temas que le interesan, y que muchas veces le traen problemas cuando los expresa, se le suma su trabajo ad honorem como DJ Loto Volador con programa propio y también pasando música en Cosa de negros, todo dentro de la FM La Patriada. ¿Qué lo lleva a realizar estas actividades, incluso en medio de otros compromisos, como esta gira que recién empieza? “Escucho música todos los días para programar y armo ‘listas’ de cincuenta minutos. No se me ocurre mejor plan, nos grabamos con ‘mi primo Alberto’ hablando tupido de música, con detalles. La música moviliza desde antes del flautista de Hamelin. Si la música no nos da placer, no sé, lo intentamos con otra cosa”, cuenta desde algún lugar de la ruta antes de llegar a Galicia para su próximo show.

Brothers in arms

La pasión –no se puede expresar de otro modo– de colaborar que lleva adelante Andrés Calamaro no tiene punto de comparación dentro del rock argentino. Ese afán por generar gestas colectivas y conectar mundos sonoros, que en realidad forman parte de la misma galaxia, lo lleva a darles vida a canciones que de ninguna otra forma podrían existir en el aire. Sus últimas dos aproximaciones fueron a la cumbia y también se volvieron hits inesperados. Uno fue con Mala Fama (“Cochi Nini”), referente de la cumbia villera, y con Los Palmeras (“Asesina”), estandarte de la cumbia del Litoral. Dice Calamaro al respecto: “Me gusta distinguir el encanto de la música, disfruto de la importancia que tiene y de su idioma interior. Hace cuarenta años no podías ofrecerte como músico si no eras capaz de tocar ‘todos los géneros’: tango, progresivo, fusión, funk, jazz rock, soul, éxitos, experimental. Les Luthiers, por ejemplo, ensayaban en mi casa, literal. Mala Fama y Los Palmeras son artistas de maestranza y pueblo; Hernán Coronel es un gitano de los suburbios, es un pedazo de artista bueno, me inspiró mucho y me hizo sentir querido. Cantar con Los Palmeras era un deseo. No es fácil cantar con Cacho, son dioses de la cumbia, que es un género panamericano, desde México hasta la Argentina. Estudio la salsa, el arte criollo de América latina, las canciones que inspiraron a los revolucionarios, el compás, un siglo de música grande de la Argentina. El inabarcable tesoro del tango y el folklore criollo y popular, Piazzola y Spinetta. Ricardo Iorio. Es sencillo encontrar canciones mejores que las mías para cantar”.

En ese sentido, si en estos músicos encuentra aliados, en Twitter descubre su territorio de combate cotidiano virtual. Varias de sus declaraciones (sobre feminismo, sobre tauromaquia, sobre Gustavo Cordera, sobre la derecha en España) han causado un resquemor que produjo un debate al que Andrés no le quitó ningún grado de atención; les hizo frente: “Hoy en día las polémicas duran dos días como mucho. Ocurre que hay colectivos buscando visibilidad, se cuelgan de cualquier cosa, como una ‘religión próxima’ discutiendo la ciencia y la libertad. Parece que viven para eso, una especie de repudio moralista. Correr por izquierda, o presumir de principios más elevados que el resto, es de una ingenuidad terrible. Respondo por mis palabras textuales y por escrito. Entiendo las conversaciones y debates como tertulias, de la forma clásica. No algo que pueda hacerse por teléfono. No siempre. Para mí la ‘atmósfera pública’ es otra cosa: son mil personas en un teatro o conversar con trabajadores y amigos”.

Corazón en venta

La actualidad con la que se maneja Calamaro es indudable, como además lo es su vigencia. El olvido no le ha llegado y eso le da una experiencia vital para poder entregar cierto grado de sapiencia, lucidez y humildad. Como este: “No me tomo muy en serio, no creo en una posible evolución. Una verdadera obra de arte es ‘apenas la sombra de la perfección divina’, y soy un músico de rock. A veces evolucionamos en reversa hasta 1959 o incluso antes. A veces nos expandimos. No me considero un artista, los músicos nos llamamos ‘artistas’ por una formalidad en los viejos contratos discográficos que se imprimían así. Entre los cantantes tenemos una palabra secreta que son dos palabras. Los mirlos son todos negros, si uno canta mejor es imposible distinguir quién es porque son todos iguales. Para los toreros, una cosa es torear (de verdad) y otra es ‘pasarse el toro por delante’. El arte es eso: sentir un destello de transmisión inexplicable. Trabajo para encontrar buenas sensaciones en el escenario”.

Antes de que el músico continúe con su gira por España le pregunto por su legado y su futuro. Me responde esto: “El legado sólo le importa al legado, es como la posteridad. La música existe, luego desaparece Quedan algunas grabaciones, pero la música se disuelve en el aire y es invisible. Pasado mañana tocamos en un prestigioso escenario de Barcelona, la ópera donde cantaba Pavarotti. Mi futuro es poder cantar en semejante sitio. Cuando termine el recital voy a tratar de dormir, es complicado después de cantar, me siento como un motor en marcha. El siguiente futuro es frente al mar. No se presenta mal el futuro. Desafortunadamente, me encuentro en la necesidad de recordarte que el futuro es complicado para todos. Todos los legados son iguales en importancia: ninguna”.

“Para los toreros, una cosa es torear (de verdad) y otra es ‘pasarse el toro por delante’. El arte es eso: sentir un destello de transmisión inexplicable. Trabajo para encontrar buenas sensaciones en el escenario.”

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