En 2005, un grupo de amigos creó una agencia de viajes disruptiva a medida de las necesidades del explorador-cliente. Desde viajar para unir lazos familiares hasta moverse por el mundo para aprender a llevar un estilo de vida más sustentable.


¿Por qué viajamos? La pregunta suscita múltiples argumentos para intentar explicar aquél elemento esencial: la curiosidad. Viajamos por causas familiares, por diversión, esparcimiento y ocio; pero fundamentalmente por la novedad que conlleva un cambio de aire. La cultura travel que se renueva y reconstruye en el proceso de globalización moderno va precisando de otras variables alternas que la definan, puesto que lo único seguro en esta vida es que somos seres cambiantes.

Si el viaje al pueblo natal de nuestros abuelos puede traer hallazgos interesantes, un emprendimiento personal puede dar inicio preguntando por un tomate negro en un menú de Moscú y que un ruso local responda que no hay que dejar pasar la oportunidad de “una rara y maravillosa” experiencia.
Y es en este intercambio cultural repleto de trascendencia, de querer “ser el tomate negro de los viajes” y brindar “raras y maravillosas” vivencias a las personas, nace Black Tomato en el 2005 de la mano de Tom Marchant, James Merrett y Matt Smith, amigos y viajeros frecuentes, que se conocieron en Queensland, Australia una década antes.

Se trata de una agencia de viajes de lujo, cuya premisa consiste en “aprovechar cada minuto”. Estableciendo su primera oficina en Shoreditch, uno de los barrios más creativos de Londres, la agencia se impuso desde entonces en el mercado, brindando servicios y planificación de viajes a otro nivel. En palabras de la propia compañía, “Instalamos un bar, decoramos la oficina con grafiti e invitamos a los clientes a tomar un trago y sacar un mapa. Un escapismo virtual convertido luego en un verdadero escape”.
En 2013 apostaron por otra oficina en la ciudad de Nueva York, para acercar una manera distinta de viajar a los clientes norteamericanos aburridos de la cultura travel clásica del viaje a un resort.
La agencia se presenta como disruptiva en un mapa de viajes dominado por los folletos estándar de itinerarios fijos, las búsquedas de lunas de miel a destinos de playa y la planificación de vacaciones que no conllevan más que la realización del descanso pasivo.

El quiebre, o más bien la clave del éxito, reside en considerar al explorador-cliente como un sujeto activo, encaminado hacia una introspección espiritual y una transformación de su realidad.
En su página web aseguran: “todo lo que hacemos está hecho a la medida, guiado por las necesidades y deseos de nuestros clientes”. Focalizan en viajes personalizados y cuentan con la asistencia de equipos de trabajo divididos en áreas específicas, que indagan sobre temáticas relevantes, destinos recónditos y exóticos y secretos de las ciudades.

La Agencia Black Tomato parte para organizar cualquier viaje de tres preguntas básicas: quién, qué y si busca una experiencia particularmente única. El quién abarca a familiares, recién casados, amigos, grupos, pareja o viaje en solitario; el qué refiere a experiencias de playa, aventuras, safari o ski.
Finalmente y quizá la característica más interesante y novedosa que posee la compañía, son las experiencias únicas. Paquetes de viajes con una misión específica, tal como mejorar el equilibrio entre la vida laboral y la doméstica, hacer de una pasión una carrera, fortalecer un lazo familiar, impulsar la creatividad o aprender a llevar un estilo de vida más sustentable.
En una nota para Bloomberg News Platform, Tom Merchant, cofundador de la agencia, afirma: “Veo constantemente a gente luchando con frustraciones que necesitan sacar y simplemente no sienten que tengan el tiempo. No hay nada de malo en usar los viajes para recargar energías en la playa, pero también pueden ser un vehículo brillante para encontrar esas respuestas a las preguntas fundamentales que todos tenemos”.

A diferencia de las vacaciones tradicionales, los viajeros reservan según lo que quieren aprender y no a dónde quieren ir. Por ejemplo, para fortalecer las relaciones familiares, Merchant propone a Mongolia como destino; allí, los clientes pueden pasar tiempo con comunidades nómadas cuyos estilos de vida se basan el mutuo cuidado de generaciones, los jóvenes a los abuelos y los abuelos a los jóvenes.

La agencia, además, cuenta con otros paquetes como Tasting Notes, basada en una travesía culinaria por Perú, Eslovenia, España y Argentina, conociendo en persona a chefs profesionales como Fernando Trocca; o mismo “recetas de viaje” de tinte místico como Get Lost, que propone viajar sin saber a dónde, sólo con la indicación de un próximo aeropuerto.

La clave, concluye Tom Merchant, es pensar no sólo como agente de viajes, sino como psicólogo. “No se trata necesariamente de encontrar la forma correcta, sino de encontrar una forma alternativa. Queremos que las personas se expongan a una manera de pensar diferente para que puedan incorporarla a su vida diaria”.

Recobrar al ser y su esencia curiosa es una terapia que acompaña la tendencia de la cultura travel moderna de realizar viajes con lecciones. Aprendizajes que posibiliten la salida de una crisis hallando la respuesta en otras fuentes culturales. Dichos intercambios que resultan en resignificaciones del saber propio, conducen de nuevo al mismo interrogante del principio, ¿por qué viajamos? Para transformarnos a nosotros mismos.