Tomar un café junto con un bocado mientras se comparte una charla con colegas. Una antigua tradición que es parte del día a día laboral en Suecia y ya ha saltado a otras partes del mundo como una de las razones del bienestar de esa sociedad casi perfecta.


La palabra “fika” en realidad refiere a la bebida en sí, el café, pero la costumbre va más allá. El término surgió del intercambio de sílabas –que se acostumbraba en un dialecto callejero antiguo– de “kaffi”, de igual significado que “kaffe”. Hay registros de su uso a comienzos del siglo XVIII. Con los años, la fika (también el fika) se convirtió en una tradición que nadie pasa por alto en Suecia y explica además las altas marcas de consumo de café de ese país. Los puestos del podio cambian según el año, pero los protagonistas se mantienen: Suecia es uno de los países en los que se consume más café. En 2010 alcanzó su propio récord, con 8,8 kilos de café por persona en el año; en 2014, la media de tazas por persona fue de 1.211 en 12 meses. Según la International Coffee Organization, en 2017 cada sueco consumió 8,2 kilos de café, sólo superados por sus vecinos nórdicos (Noruega, Islandia, Dinamarca) y los Países Bajos.

“Fika puede ser tomado a solas o en grupos, puertas adentro o al aire libre, estando de viaje o en casa. Es un tiempo para descansar del trabajo y charlar con amigos o colegas junto a una taza y algo dulce para comer. Fika refleja el ideal sueco de tomarse una pausa para apreciar los pequeños placeres”, cuenta en su introducción El arte del coffee break sueco, de Anna Brones y Johanna Kindvall.

En las oficinas, a media mañana y a media tarde se hace una pausa para compartir un café y comer algo. No se trata de una colación sino de un momento social: alrededor de la mesa surgen charlas, anécdotas, chistes e historias que contribuyen a cohesionar equipos y potenciar el ambiente creativo. “Más que una pausa para el café, es un tiempo para compartir, conectar y relajarse con los colegas. Algunas de las mejores ideas y decisiones ocurren durante la fika”, cuenta Andreas Astrom, de la Cámara de Comercio de Estocolmo, según BBC Mundo. “El estilo de gestión sueco es diferente al de la mayoría de los demás países. Es horizontal y no muy jerárquico. En las estructuras horizontales es importante escuchar a cada persona, y la naturaleza comunitaria de la fika promueve la conversación entre empleados y directivos. Es una buena manera de conocer el punto de vista de cada uno en cuanto a la gestión de la compañía”, agrega.

El café es acompañado por alguna delicia de la panadería o pastelería local. Una de las opciones más buscadas es el kanelbullar, un rollo de canela (sí, el origen del cinnamon roll, hoy típico de la pastelería estadounidense, está en la península escandinava), pero también puede ser con bizcochos o tortas –una de las más típicas es la tarta de la princesa, recubierta por mazapán verde– y hasta con un smörgås, la propuesta para quienes prefieren lo salado: pan con manteca y otros ingredientes a elección por arriba. Fuera de la oficina también se mantiene esta costumbre. Con la familia o con amigos, se puede disfrutar de la fika en un parque o en una cafetería, que por supuesto están preparadas para este momento de la jornada y acompañan la propuesta gastronómica con música, diseño de interiores y objetos, como cuadernos y lápices de colores, para sumarle atractivo a este momento.

Alingsås, una ciudad que queda a media hora en tren desde Gotemburgo, al oeste del país, ostenta el título de “capital del fika”. Con historia cafetera vinculada a su desarrollo industrial hacia el año 1700, esta ciudad de 30 mil habitantes tiene un mayor número de cafeterías por persona. En los meses más cálidos, de abril a octubre, organizan allí las fikavandringar (caminatas de fika), un tour para hacer a pie y visitar las mejores combinaciones de fika que se pueden probar en la ciudad. Desde Suecia, esta tradición saltó a otros puntos del mundo. Un sueco que se instaló en Nueva York en 2001 abrió su primera cafetería cinco años después cerca de Central Park –llamada Fika, por supuesto–; hoy, su firma tiene seis locales en Manhattan, en donde se puede probar algo de la experiencia sueca. En Sídney, Australia, también hay una sede de esta costumbre: Fika Swedish Kitchen es el rincón que hay que visitar en esa ciudad. En Seúl, Corea del Sur, también hay una cafetería –con tres sedes– llamada Fika. Paradójicamente, la pausa no para y desde estas tierras esperamos por su llegada.

})(jQuery);