Si la industria textil se ha convertido en una de las más contaminantes, la diseñadora y fundadora de Faber Futures, Natsai Audrey Chieza, propone una alternativa diferente: la biología como solución. Así, ella y otros emprendedores están liderando la vanguardia en el campo de los biotextiles.


La diseñadora Audrey Chieza, oriunda de Zimbabue, se mudó a los diecisiete años a Inglaterra, donde comenzó su ascendente carrera. La genetista Verónica Bergottini se crió en la selva misionera y de grande se fue a estudiar a Suiza. ¿Qué tienen en común estas dos mujeres? Que ambas se encuentran entre algunos de los pioneros en lo que es la nueva revolución en el mundo del diseño textil: la biofabricación. Esto es diseñar utilizando la biología o, más específicamente, empleando células para producir materiales biológicos que luego sean utilizados en prendas en reemplazo de insumos tradicionales.

¿Es posible introducir organismos vivos en el proceso del diseño? La respuesta no sólo es afirmativa, dando lugar a lo que se conoce como biodiseño, sino que habilita una profunda reflexión sobre el funcionamiento de la industria de la moda, concientizando ante la necesidad de avanzar hacia horizontes más sustentables en este ámbito. Sólo para tener una idea a modo orientativo de lo contaminante que es, para la producción de una simple remera de algodón se consumen más de 2.000 litros de agua. Y todo esto, como señalan Bergottini y Silvio Tinello, dos exponentes argentinos del biodiseño, para comprar prendas que probablemente usemos un par de veces y luego olvidemos.

La biología está de moda

Quién diría que la mejor tecnología terminaría siendo la propia biología. Y es que si sumamos la conciencia eco, las nuevas posibilidades que pone en nuestras manos la tecnología y algo de inventiva, el resultado puede ser realmente sorprendente.

Así es como, en 2011, Chieza comienza la experiencia Coelicolor, parte del innovador proyecto Faber Futures (faberfutures.com), un laboratorio de biodiseño basado en Londres que pretende usar el poder de los microorganismos para producir materiales sustentables. Coelicolor tiene por objetivo estudiar la utilización de bacterias para teñir telas sin agua o productos químicos (biopigmentación). Durante estos años no sólo fueron testeando el impacto en los materiales y diseñando nuevos métodos, sino que entendieron desde cero cómo crear lo que llaman “sistemas vivos”.

Su experimento, aparte de expandir los límites de lo que consideramos posible en moda, demostró ser efectivo, produciendo tintes naturales –en todo el sentido de la palabra– para aplicar en prendas. Chieza se valió de una bacteria (Streptomyces) que bajo las condiciones adecuadas provee un componente de pigmentación que les da a los géneros distintos tonos de azul, violeta y rosa, generando patrones hipnotizantes en la ropa.

De la selva misionera a las pasarelas

Por su parte, Bergottini usó su pasión por el mate y el amor por su provincia para utilizar microorganismos (bacterias, hongos, levaduras) como fábricas de insumos orgánicos y crear prendas, según explica en la charla TED que dio en 2018 junto al diseñador industrial Tinello. Bergottini, una genetista doctorada en Ciencias Biológicas por la Universidad de Neuchâtel (Suiza), comenzó a observar cómo se comportaban las bacterias de la yerba mate. Posteriormente, se introdujo en el mundo del diseño de indumentaria con la idea de desarrollar bioprendas, y así es cómo surge su emprendimiento BioTex. Bergottini emplea materiales de origen microbiano para crear carteras, sobres y otros accesorios, además de apliques en ropa.

Si creías que la moda de los fermentados sólo había copado el ámbito gastronómico, pensá de nuevo. Bergottini ya experimentó con un vestido con apliques de nanocelulosa obtenida sobre la base de bacterias en levadura o Scoby (la misma que se utiliza en la kombucha o kefir). Muchos de los materiales obtenidos de forma experimental sobre la base de bacterias u hongos luego de recibir algún tratamiento de secado suelen quedar de aspecto similar al papel o cuero, con la ventaja de que al ser materiales orgánicos son biodegradables y compostables.

¿El biodiseño, el futuro de la moda?

Hasta ahora, el campo del biodiseño y los sistemas moleculares es novel, y la mayoría de los prototipos son experimentales y producidos a baja escala. Es decir, todavía no están 100 por ciento testeados para ser utilizados por el público masivo.

Cuando Chieza comenzó hace casi ocho años existía sólo una pequeña comunidad explorando estas temáticas. Hoy en día pueden citarse más de una docena de proyectos y emprendedores alrededor del mundo estudiando microorganismos y desarrollando prototipos. Bolt Threads (que produce microseda sobre la base de organismos y ha sido usada por diseñadores como Stella McCartney) y Modern Meadows (creó el primer cuero bioimpreso) son sólo dos ejemplos de laboratorios que están escalando sus líneas de producción para tratar de llevar estos productos al público masivo.

El creciente movimiento de la biofabricación probablemente requerirá de muchos años más para volverse algo ubicuo, pero sin duda muchos creen que es el futuro. Asimismo, distintas iniciativas como Faber Futures serán las que articulen los distintos actores y lleven adelante la discusión sobre el cambio de paradigma que esta industria, pero también la cultura, debe tener. Al fin y al cabo, no estamos hablando sólo de ropa, sino de nuestros propios hábitos de consumo y cuidado del medioambiente. “El diseño no sucede en un vacío, aislado de la política, del ambiente, de la ecología. Cuánto antes nos demos cuenta de los grandes desafíos que enfrentamos, antes podremos empezar a trabajar con alianzas colaborativas para resolverlos”, afirma Chieza.

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