Creadora de espacios icónicos que definen la gastronomía porteña (entre ellos, Casa Cavia, hasta ahora su mayor hit), se define como una nerd que investiga al detalle cualquier cosa que su mente creativa se disponga a emprender.


Guadalupe García Mosqueda es, ante todo, una rebelde. Busca dentro de sí misma y de lo que la rodea algo diferente, que no sea lo dado. Desde ese lugar incómodo pero bello siempre encuentra historias para transmitir. Y desde hace varios años las plasma en proyectos gastronómicos que se destacan por su diseño, su arte, su creatividad. Desde Mezcla Casa Gastronómica, creó lugares como Casa Cavia, La Panadería de Pablo, Carne, Piso Tres, El Abierto Eventos y, próximamente, Orno, una pizzería en Olivos con un concepto original y distinto, como todo lo que se le ocurre.

–¿Cuándo o cómo se despertó tu ser más creativo?

–Recuerdo una especie de incomodidad en los primeros colegios a los que fui, bilingües, muy cuadrados, con camisa y corbata. Allí empezó una rebeldía que nunca terminó; un sentimiento que no me dejaba conformarme con lo que veía. Luego me cambié a otro, con materias como Filosofía, Comunicación, Semiología. De ahí en más, este ha sido siempre mi camino: el significado de una imagen, una metáfora, lo romántico, lo poético, resignificar lo literal, darle una vuelta de rosca a la realidad. Estudié Dirección de Cine en la FUC y empecé a trabajar en publicidad, pero casi me muero. Siempre odié lo comercial, así que como mi viejo iba a abrir su primer restaurante con Pablo Massey, La Panadería de Pablo, decidí darle una mano con la identidad junto a Paco Savio. Fue pura intuición, no sabía nada, decidíamos mal y perdíamos plata. Desde ahí me enganché con pensar cómo debe hablar o verse una marca. Es como crear una persona, pero es un negocio.

“Yo soy una nerd. Ahora voy a abrir una pizzería, Orno, en Olivos, y me fui a Nápoles; hice el curso de Vera Pizza Napolitana para entender qué había detrás de algo tan simple como una pizza.”

–¿Cuál es para vos la pieza fundamental para la inspiración?

–La investigación: tenés que buscar mucho. Yo soy una nerd. Ahora voy a abrir una pizzería, Orno, en Olivos, y me fui a Nápoles; hice el curso de Vera Pizza Napolitana para entender qué había detrás de algo tan simple como una pizza. Es el proyecto que más va a tener de mí. Me asesoré con un diseñador de panes de Perú, Renato Peralta, y Juan Agustín García, mi hermano, diseñador industrial y curador.

–¿Cómo fue el proceso creativo de Casa Cavia?

–Es una casa que le regala mi papá a mi mamá para hacer una editorial. Decidimos que era tan linda que la tenía que disfrutar toda la ciudad, no sólo nosotros. Y de ahí surgió el proyecto gastronómico. Es un centro cultural donde conviven una editorial, una florería, un bar, un café y un restaurante. La idea fue borrar las líneas entre los espacios y que la casa sea de todos los que trabajábamos ahí, que no existan los egos, que todos ayudemos a sumar algo, desde nuestra expertise y nuestros distintos orígenes. Nos inspiramos en el movimiento Arts and Crafts de William Morris. Queríamos poner en valor los oficios, el trabajo artesanal. En cuanto al estilo, la idea fue respetar el patrimonio de la ciudad, contribuir en la evolución de este maravilloso lugar que nos dejó Christophersen. Stephania Kallos, desde su estudio de arquitectura en Londres, pensó en darles lugar a las materialidades que existían en los cafés de Buenos Aires y París de los años 20. De ahí surgió el bronce, el terrazzo, el mármol, pero en formas actuales, contemporáneas. 

–¿Cuál es tu espacio preferido en el lugar?

–El jardín y el bar son mis niños mimados. Lucas López Dávalos en la barra, Daniel Calderón en el arte del café y Flavia Arroyo en la cocina se sienten libres de crear. Fue todo un trabajo en conjunto con Ana Mosqueda, mi madre, con Ediciones Ampersand, y mi padre, Juan García, mi socio. Luego se sumó Camila Gassiebayle, la florista, con Blumm Flower & Co. Entre todos nos respetamos, nos cuidamos y nos queremos. Casa Cavia es una gran familia. 

–¿Cómo es un día tuyo en Casa Cavia?

–Llego y me tomo un café con Daniel Calderón, el barista, que siempre me sorprende con alguna novedad. Luego me junto con Lucas Angelillo, mi gerente, y siempre aparece Juan Orsini con sus productos nuevos; si tengo suerte puedo degustar algún hongo nuevo o una nueva especie. Después llegan los clientes, me cuentan en qué andan, y siempre me agradecen poder disfrutar de una casa tan linda.

–¿Alguna anécdota o día o noche especial que hayas vivido en el lugar?

–La visita de Michelle Obama, o la noche en la que Mick Jagger nos felicitó por la belleza del lugar. Vino un profesor de la carrera de Arquitectura de California y nos regaló un dibujo de la casa. Todos los días tienen algo de especial, es una casa mágica donde se detiene el tiempo y te da espacio para que tu imaginación pueda volar. 

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