Una modalidad que empezó como una solución a los costos imposibles de los alquileres de los locales en Europa. En la actualidad ya no hay marca de lujo que no haya adaptado este formato y se multiplique por muy poco tiempo en el resto del mundo.


Centros comerciales, galpones, calles impensadas, playas desérticas, construcciones abandonadas, vagones olvidados. Cualquier escenario es válido para las pop up shops o pop up stores, estas tiendas itinerantes, efímeras, que aparecen del día a la noche y duran unas cuantas horas, semanas o meses y buscan asociarse a experiencias únicas, lo finito, lo sublime y lo fugaz.

Louis Vuitton

Como –casi– todo, empezaron en Londres aunque algunos fundamentalistas de Wikipedia aseguran que fue la empresa californiana Vacant la precursora de esta tendencia en 1999. El concepto, en realidad, tiene que ver con las típicas ventanas publicitarias tipo pop up que aparecen cuando se navega la web y su origen no necesariamente tiene que ver con lograr mayor rentabilidad. Estos locales y tiendas imprevistas buscan acercarse más a los consumidores y tienen como objetivo alimentar la imagen y la mística de las marcas. Se trata de vivir una experiencia diferente que no sea simplemente entrar en un local para adquirir un producto, sino que el cliente viva una experiencia que tiene que ver con el valor agregado de lo exclusivo, lo sofisticado y lo único. Muchas marcas se asocian con grandes artistas que intervienen de alguna forma el producto, ofreciendo una edición limitada o una experiencia «once in a lifetime». Una de las más recordadas fue la de Gucci con Gucci Icon-Temporary, una tienda de zapatillas itinerante que aterrizó en más de diez países donde se reunieron referentes del mundo del arte y la moda. Otro ejemplo es el de la maison francesa Louis Vuitton que presentó por primera vez su última colección en un espacio fuera de sus locales tradicionales. En Shoreditch, el nuevo barrio cool de Londres, la implementación de este recurso se dio por el costo imposible de los alquileres de los locales a la calle. Primero de comidas y ropa vintage, los puestos nómades explotaron a la par del boom de este este nuevo barrio emergente en el East End londinense y ahora es muy frecuente ver esa bohemia característica con marcas de lujo, como Burberry o A.P.C.

H&M en la playa

En la Argentina esta tendencia llegó de la mano de grandes firmas que apostaron por esta modalidad para ver en una primera instancia cómo reaccionan los consumidores locales. Tras seis años de ausencia, Louis Vuitton volvió al país en formato pop store dentro del shopping Patio Bullrich. Los icónicos bolsos y accesorios ya están a disposición de los argentinos y, según la firma, con precios 15% más baratos que en Miami. Otra de las marcas que apostó a esta dinámica es Footolophy, que abrió sus puertas este mes en el centro comercial de Nordelta y ofrece marcas como Birkenstock, la firma alemana de sandalias. “Este formato sirve para ofrecerles a los consumidores una experiencia novedosa y acercarles la última colección a aquellos que aún prefieren la compra presencial por sobre la compra online”, comenta Alejandro Hecht, director de Birkenstock en el país.

Esta tendencia continúa creciendo en la Argentina, desde experiencias creativas con un alto impacto en sus visitantes a negocios de bajo perfil, que ofrecen además de sus clásicas colecciones, productos exclusivos. Esto es efímero, ahora efímero, cómo corre el tiempo.