CHINO DARÍN · HERENCIA ARGENTINA

Creció bajo el ojo de la fama, aunque supo construir su propio camino como actor. Hoy protagoniza El Ángel —la biopic más esperada sobre Carlos Robledo Puch, producida por Pedro Almodóvar y dirigida por Luis Ortega—, mientras disfruta de su noviazgo con la popular actriz Úrsula Corberó.


[dropcap size=big]S[/dropcap]on las diez de la mañana en un estudio de Palermo, y el Chino Darín espera paciente, mientras desayuna un café, que las productoras de moda elijan los looks de esta tapa. Al ser consultado por las preferencias en ropa, se anima a decir: “Chicas, lo que ustedes digan, ustedes son las que saben”, retratando en un gesto esa humildad que heredó de su padre.

Ricardo es uno de los actores más reconocidos de Hispanoamérica y llega a las notas solo, con una mochila y tres remeras “para que haya cambios”. No tiene asistentes, productores, maquilladores ni peinadores exclusivos; no cae con su entourage, como si fuera una diva de Colegiales. El Chino es igual. Vino sin acompañantes, pidió algo de tomar, se puso a charlar con el equipo y dejó, con cierto esfuerzo físico, que lo vistieran. Está inhabilitado de una pierna por el picadito que jugó con sus amigos en Buenos Aires, en un período de descanso que lo alejó de Madrid, donde hoy triunfa como actor.“La primera película que hice en mi vida fue en España”, recuerda. “Se llamaba Fuera de juego, era una comedia sobre fútbol muy divertida. Después pasó un tiempo largo hasta volver a Madrid. Fui porque me convocó Fernando Trueba para filmar La reina de España y ahí surgió la posibilidad de hacer un casting para La embajada”. En esa serie, el Chino tuvo su primer gran papel en la televisión española, interpretando a un argentino que vive en Tailanda y está de novio con la hija del embajador de España en ese país. La famosa Úrsula Corberó hizo este papel, y fue durante estas grabaciones que ella y el Chino se conocieron, se enamoraron y empezaron a salir.

Hoy pasaron dos años y medio de esta relación, que se reparte entre Madrid y Buenos Aires y que tiene a la pareja –de bajísimo perfil– como protagonista de todas las portadas.

–¿Cómo es tu vida en Madrid?

–Se ha difundido la idea de que yo vivo en España, y eso no es cierto. Yo voy y vengo, y hasta te diría que vivo más acá que en Madrid. Pasa que he priorizado algunos proyectos allá porque era un desconocido total en España y si quería construir algo ahí tenía que empezar por algún lado. Afortunadamente, acá me había ganado un lugarcito, así que para compensar un poco empecé a hacer cosas allá. También por mi relación con Úrsula, para que la cosa funcione, tenía que estar más tiempo allá. Úrsula viene mucho a Buenos Aires, pasa que recién después del éxito de La casa de papel es que todo el mundo está pendiente de sus visitas.

–¿Qué te enamora de Úrsula?

–Ella. A mí no me sale aislar un hecho, un factor, de una persona. A mí me gusta ella en su totalidad, me enamora su persona en general.

–¿Cómo te afecta el enorme éxito que tuvo con La casa de papel?

–Por supuesto que me alegra, como me alegra que le vaya bien a cualquier persona que quiero. Me puse muy contento desde que le salió esa serie, porque ella estaba buscando hacer un cambio en su carrera y, de alguna forma, esto vino a pie de esa búsqueda. Después lo otro. Lo que pase después, es incontrolable. Puede ser un boom o puede no funcionar. En este caso es un éxito, y eso se celebra y es para agradecer. Todo el evento que significa La casa de papel es un cambio muy grande en su vida y eso me pone muy feliz.

–¿Te hubiera gustado formar parte de un fenómeno así?

–Soy más del cine. No me gusta tanto eso de trabajar en series maratónicas, prefiero saltar de un proyecto a otro. Las series son muy largas y te hacen entrar en esa cosa de querer irte; a veces terminan siendo un poco asfixiantes y se puede hacer muy largo.

–¿Y el teatro?

–Yo soy un explorador, hice programas de deportes, de turismo, hasta de nutrición. A mí me gusta la diversidad, en general, en la vida, y trato de aplicarla en mi carrera. He hecho de todo, en teatro hice Los Kaplan, años atrás. Entre teatro, cine y TV, es lo que menos hice y lo que más siento que me debo a mí mismo, porque el teatro es la cuna de todo lo demás. Algo que me encantaría curtir más.

“Yo voy y vengo, y hasta te diría que vivo más acá que en Madrid. Pasa que he priorizado algunos proyectos allá porque era un desconocido total en España y si quería construir algo ahí tenía que empezar por algún lado”

–¿Estás contento con los resultados de El Ángel en Cannes?

–Obviamente. Afuera vieron la película con un desconocimiento total del caso Robledo Puch, y eso hace que perciban otras cosas. No tienen ninguna expectativa respecto de lo que les vayan a contar, y me parece que eso también te permite, sin prejuicios, entrar de otra manera en la historia. La crítica internacional vio cosas muy geniales de la película, mientras que acá siempre habrá una expectativa relacionada con la realidad, porque en la Argentina todos conocen el caso.

–¿Qué responsabilidad sentís al encabezar el elenco de una película con grandes figuras, como Mercedes Morán o Cecilia Roth?

–El protagonista es, claramente, Lorenzo Ferro, el Ángel, pero lo que se cuenta es principalmente esta sociedad criminalística con Ramón, mi personaje. En la peli hay algo de Bonnie y Clyde, de Thelma y Louise, de pareja criminal que tiene su magnetismo. En cuanto a lo otro, ya me ha tocado trabajar con gente muy grossa. Afortunadamente se me han dado las cosas así y eso es lo más enriquecedor que le puede pasar a un actor: trabajar con grandes.

–¿Te genera algún temor el lugar de exposición que se va a dar con el estreno de la película y cómo pueden juzgarte?

–Más allá de encabezar un elenco, lo que más pesa es tener parte de la historia sobre tu espalda. Es verdad que hay cierta presión, pero esa presión ya estaba puesta desde el rodaje, que fue muy fácil de llevar porque el equipo era espectacular.

–¿Qué empatía encontrás con el asesino sin escrúpulos que te toca interpretar?

–Creo que uno se tiene que dejar sorprender por lo que va pasando con el personaje. Más allá de que uno tenga el guión, el trabajo del actor es saber cuáles son los puntos por los que hay que pasar y, a la hora de hacer las escenas, entrar sabiendo de dónde venís pero no hacia dónde vas. En ese sentido, Luis Ortega, el director, es genial para laburar, porque está muy presente y constantemente va improvisando con cosas que surgen durante el rodaje.

“Más allá de que uno tenga el guión, el trabajo del actor es saber cuáles son los puntos por los que hay que pasar y, a la hora de hacer las escenas, entrar sabiendo de dónde venís pero no hacia dónde vas”

–Ramón quiere ser famoso a cualquier precio, ¿creés que este es un mal que perdura en estos tiempos?

–Ramón está buscando ser alguien, y si bien la película está ambientada en los 70, esto es algo muy vigente. En la Argentina hay una cultura del famoseo, como que ser famoso es el non plus ultra de las ponderaciones, y en definitiva no se piensa por qué se es famoso. Yo puedo valorar el hecho de que alguien sea famoso si es que hizo algo meritorio, pero un asesino también puede ser muy famoso. Y, en este caso, lo que mueve a este personaje es la fama. Luis siempre me decía: “Ramón quiere ser famoso”.–Es gracioso, porque vos naciste siendo famoso.

–Bueno, digamos que crecí sabiendo todo lo que la fama implica.

–El tema es sostener esa fama con algo, si es que seguís ejerciendo alguna actividad pública.

–Creo que todos tenemos talento para algo, el tema es si en algún momento del viaje encontrás qué es lo que te hace vibrar realmente. También hay gente que desperdicia su talento porque le toca sobrevivir. Lamentablemente, la sociedad es muy siniestra y no te permite estar buscando hasta los 45 años qué es lo que a vos te apasiona.

–En tu caso, ¿cuándo lo encontraste?

–Yo no sé si tengo talento para esto o si esto es lo mío, lo único que sé es que me gusta. No me resulta cómodo decir que “se me dio”, porque es hablar desde un lugar que todavía no existe. Yo siento que estoy muy lejos de eso, aunque puedo decir que encontré algo en lo que tengo mucho para aprender y, a la vez, me siento útil.


Styling: Gimena Bugallo

Pelo y make up: Emmanuel Muiño

Agradecimientos: Terán, Bowen, Key Biscayne, Ay Not Dead, Fiume, Infinit

Artículos Relacionados>

Por Leonardo Martinelli
El actor ganador de dos premios Oscar repasa los clásicos de la pantalla chica y grande que lo convirtieron en un referente ineludible de nuestra cultura popular.
Por Daniel Bajarlía
Ícono del cancionero popular argentino, la cantautora que se formó entre el folklore y el pop se prepara para celebrar sus 25 años con la música repasando todos sus éxitos, en una gira especial que recorrerá todo el país y culminará el 2 de diciembre en el Gran Rex.
Por Tomás Gorrini
De Charly García a Los Auténticos Decadentes y Fito Páez. La historia de la artista que corre detrás de sus sueños y que acaba de estrenar canción junto al genio creador de El amor después del amor.
Por David Lifschitz
Dicen que las segundas vueltas nunca fueron buenas, pero su reencuentro con el personaje que la consagró a nivel mundial entierra con fuerza este mito. En la piel de Édith Piaf, asegura que alcanzó todo lo que imaginaba para su carrera.
Por Marcelo Pavazza
Con la conducción de Qué mañana!, todos los días en Canal 9, el chef y maestro de ceremonias confirma su versatilidad y verifica una vocación que arrancó hace casi 40 años, cuando el célebre Gato Dumas lo convirtió en su discípulo, enseñándole los secretos de una profesión que hoy lo tiene como referente indiscutido.
Por Daniel Bajarlía
El artista que formó parte de algunos de los programas de culto más importantes de la televisión ahora abre las puertas de su hogar para grabar ¡Fa!, un ciclo de reuniones culturales donde la música y el debate son los verdaderos protagonistas.
Por Rolando Gallego
Interpretó grandes historias y se puso en la piel de personajes inolvidables que dividieron los debates en las redes y en la opinión pública. Siempre ecléctica, la joven actriz trata de nunca repetirse y ahora va en busca de nuevos desafíos a la altura de su talento.
Por Camila Mariani
A través de su marca Sazkat, Romano propone poder expresarse libremente, pero de manera elegante ante diferentes situaciones. Hijo de una familia de sastres, se tomó su tiempo para entender que también ese era su destino, aunque sin desatender su amor por la música.