Erika Halvorsen: Escrito en la sangre

Autora,dramaturga y guionista, sorprendió con El hilo rojo en formato libro y película, dio el salto a la fama con ADDA, la ficción televisiva más vista del año pasado,y hoy cosecha el ogios con Desearás al hombre de tu   hermana, que también llega en versión literaria y cinematográfica. Diario íntimo de una gran contadora de historias.

Dijiste que tu vocación fue una búsqueda constante. ¿Cuándo hiciste el clic sobre lo que querías hacer?

–Creo que la búsqueda tuvo que ver con hacer consciente algo que en realidad estaba ahí desde siempre. Aprendí a escribir a los cuatro años porque vivíamos en el campo y a mi hermana le gustaba enseñarme. Desde ese momento la escritura fue mi herramienta contra el aburrimiento, la soledad, los inviernos. Me gustaba escribir y también me gustaba pasar cosas a máquina. La acción de sentarme frente a una máquina y tipear. Después, en la primaria, escribí y dirigí mi primera obrita de teatro para un acto del 9 de Julio. Actuaban dos compañeritos y se llamaba Polémica entre dos negritos. Era un diálogo de dos chiquitos frente a la casita de Tucumán, deseando que los señores de adentro llegaran a un acuerdo, imaginando la independencia. La tengo, escrita a máquina, en hojas con renglones. Las letras ya están borrosas. La recuperé hace unos años y ahí descubrí que mi búsqueda no era hacia adelante. Era para atrás la cosa. Y se ve que la independencia y la libertad me obsesionan desde chiquita.

 

–¿Esa búsqueda continúa viva? ¿Qué seguís buscando?
–Eso mismo, independencia y libertad. Cuando digo “libertad” hablo de poder elegir las historias que quiero contar y tener tiempo para hacerlo de la mejor manera. La gran cárcel es el tiempo. Tener poco tiempo para escribir me asfixia. Mi sueño es poder poner el tiempo como condición. Que me llamen para un trabajo y poder decir: “OK, pero para escribir esta historia necesito equis tiempo”. Y que me contraten igual. Eso sí que sería un éxito.

 

–Escribís teatro, cine, TV, literatura... ¿Cómo abordás todo? ¿Hay prejuicios o se chocan los diferentes formatos?

–El teatro es de donde vengo y de donde me nutro. Hago teatro independiente, autogestivo, en cooperativas, con amigos. Para mí escribir teatro es lo más difícil. La limitación de tiempo y espacio te exige y te interpela. Necesito siempre volver al teatro para no caer en automatismos. Además, el teatro es el ejemplo vivo del trabajo colectivo. Yo necesito de las personas, del equi- po, del ritual y necesito enfrentarme siempre a la mirada del espectador. No hay teatro si no está el espectador ahí mirando. El cine y la TV me permiten expandir la imaginación. Los trucos de esos soportes, los artificios al servicio de una historia. La primera vez que escribí “corte a” dije: “¡Esto es magia!”. Un cambio de locación, de vestuario, un pensamiento en off. Ahí busco jugar con los chiches que el teatro no me puede dar. Es como ir a jugar a la casa de un primo rico.

 

–El año pasado escribiste la ficción más exitosa de la TV. ¿Cómo se crea un hit semejante? ¿Cuáles son las claves?

–Jamás pensamos que estábamos creando un hit. Ni creo haberlo hecho. Con Gonzalo Demaría, mi coautor y amigo, nos exigimos firmar libros que nos gusten. Nuestro nombre es lo único que tenemos, esa es nuestra premisa, nuestro límite, nuestro capital. También buscamos que ningún trabajo nos quite las ganas de escribir. Fuimos los primeros espectadores de ADDA, nos gustaba escribirla y eso nos daba confianza, pero tomamos muchos riesgos y no sabíamos si el público nos iba a acompañar. Sabíamos que estábamos pidiendo un compromiso al espectador porque no queríamos escenas de relleno y eso demandaba mucha atención. Intuíamos que, pocos o muchos, nuestros espectadores iban a ser fieles.

–¿Te importa ser una promesa de la literatura?

–Yo no puedo prometer nada. La verdad es que no tengo nada que ver con el mundo de la literatura. Soy una dramaturga y directora de teatro explorando diferentes formatos.

 

–Acabás de lanzar un libro que se promociona, en parte, precediendo a una película basada en esa historia. ¿Qué valor le das a la lectura en papel en esta era de sobreinformación digital? ¿Te molesta en algún punto que se promocione por la película que va a protagonizar Pampita?

–Lo que me interesa de los libros es, justamente, el espacio de silencio, inti- midad y soledad. Es una nueva relación con el espectador que me interesa investigar y que estoy descubriendo. Trato de describir en detalle sensaciones físicas. Me interesa explorar el erotismo en ese espacio. Escribir con el cuerpo. La lectura, sin actores ni realizadores de por medio, me pone cuerpo a cuerpo con el público. Es incómodo y excitante. Con respecto a Pampita, ¿cómo me va a molestar? Carolina dejó todo en este rodaje. Ofelia es un personaje muy libre, voraz, arriesgado, y ella se entregó con cuerpo y alma. Lo único que tengo para ella, y para todo el equipo de Desearás al hombre de tu hermana, son palabras de agradecimiento. Diego Kaplan filmó la película más libre e incómoda que vi en muchos años. Aprendí mucho de él. Me hizo mejor artista conocerlo y sé que ya nos une algo muy grande.

 

–¿Como repercuten en vos las implicancias mediáticas de tu trabajo? ¿Sufrís prejuicios como escritora si tus historias terminan en Intrusos?

–Trabajo muy concentrada en mis historias y trato de que cada trabajo me enseñe un poco más. Tengo mucho que aprender todavía. Lo que le pido a cada proyecto es mejorar como autora. Lo que pase después no depende de mí. Ni lo controlo ni lo genero. Me parece hasta desopilante el devenir que puede tener una historia y el morbo que puede generar. Si la vida íntima de las personas da rating, me interesa observarlo como fenómeno. Creo que consumir experiencias sexuales ajenas habla mucho de nuestra cultura y de nuestras represiones.

 

–¿Te importa pertenecer o no a la logia de jóvenes promesas de la literatura?

–Yo no puedo prometer nada. La verdad es que no tengo nada que ver con el mundo de la literatura. Soy una dramaturga y directora de teatro explorando diferentes formatos. Después de El hilo rojo pensé que no volvería a escribir un libro y un año más tarde estoy lanzando otro. Yo qué sé...

 

–El amor es el motor de tus historias. ¿Creés que es el motor de nuestras vidas?
–¡Pero claro! En todas sus formas: amar lo que uno hace, el amor de los amigos. El amor es la energía que le da sentido a todo. Con pareja o sin pareja, sin amor estamos muertos. Hace poco escuché a Pepe Mujica decir: “El amor es lo que nos diferencia del reino mineral”. Y sí, seríamos piedras.

 

–¿Hay alguna historia o formato diferente que te quede por descubrir? ¿Cuál es tu cuenta pendiente?
–Tengo mil historias pendientes que me gustaría contar y siempre se van agregando más. Eso sí me hace sentir libre. Si todo falla puedo encerrarme en mi casita del sur y siempre voy a tener algo para escribir mirando el fuego y el lago. Me construí esa trinchera hace unos años y me alivia saber que existe. Ese es mi pequeño simulacro de libertad.

 

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