LUZ CIPRIOTA, acariciando lo aspero

Fue campeona nacional de gimnasia rítmica, modelo, cantante y se quedó con la actriz. Con el pelo cortísimo y platinado, se puso en la piel de Altea, una mujer violenta que parece ser su opuesto exacto, salvo por esa pasión dominante que la hace tan atractiva.

Es viernes por la tarde y ella planea salir  a disfrutar del sol primaveral de Buenos Aires con sus sobrinos: el aire libre y sus afectos son el mejor combo para aprovechar de los días que pasa en la ciudad, que suelen ser salteados. Inquieta y curiosa, Luz Cipriota empezó el año en Italia, en donde hizo una película. Luego se fue a Colombia para filmar durante cuatro meses y medio 2091, la serie que emite FOX los martes a las 22 (y también online en FoxPlay). Después de eso partió a Brasilia, donde fue jurado de un festival de cine y extendió su estadía tres meses para entrenarse con un preparador de actores de cine. Instalada ahora en su casa porteña, descansa y recarga energías.

“Me encanta ponerles el cuerpo a los personajes”, dice sobre Altea, la violenta y competitiva gamer que interpreta en 2091. Luz no sólo construyó su personalidad, sino que modificó su apariencia para moldearla mejor: hizo pesas para marcar sus músculos y dejó atrás su larga melena castaña para pasar a tener el pelo cortísimo y platinado en esta serie de ciencia ficción que se emite en todo el continente.

¿Estás dispuesta a darle a un personaje todo lo que necesite de vos?

–Sí, aprendí a bailar, a andar a caballo como jinete, aprendí a hablar en italiano en un mes, perfeccioné mi patinaje. Los trabajos son experiencias de vida que me dejan conocimientos. Forma parte de lo curiosa que soy, de querer vivir muchas vidas.

Fuiste campeona nacional de gimnasia rítmica, modelo, actriz, cantante, y también cada disciplina te dejó algo.

–Siento que pasé por muchas cosas pero que es todo parte de lo mismo. Cuando era gimnasta me di cuenta de que lo que realmente me gustaba era la actuación, entonces en paralelo empecé a tomar clases, igual que de canto.

Este personaje te dio la posibilidad de salirte de los papeles de “buena” que venías haciendo, ¿lo buscabas?

–Venía de hacer personajes de buena, re-femeninos, otra onda. Me parecía superatractivo hacer a Altea, era el momento de mostrar otra cosa como actriz, no encasillarme. Fue arriesgado y a la vez divertido salir de ahí. Empecé a entrenarme, me corté el pelo y, a partir de verme tan distinta, ya me sentía otra persona. No hay nada más ajeno para mí que la violencia, arranqué por lo físico para poder hacer el cambio interno. Ella no es un poco rebelde: es un extremo, cien por ciento violenta, peligrosa, loca.

Seguís tomando clases de actuación, ¿siempre mantenés ese espacio?

–Cuando tengo tiempo aprovecho para poder explorar en mi Luz actriz. Estoy tomando clases con Nora Moseinco; apenas tuve el hueco libre volví a entrenarme para seguir buscando, lo mismo hago con el canto. Es el lugar en el que siento que puedo jugar mucho más. Me apasiono mucho cuando estoy dentro de un personaje, siempre busco cosas nuevas: de repente estoy sentada comiendo un chocolate, se me ocurre algo y lo anoto. No es que cuando tengo que actuar veo qué pasa. El espacio para encontrarte es el entrenamiento, es donde enfrentar los desafíos. Puedo ver películas pero ningún personaje es el que quiero hacer yo: se trata de buscar lo mío particular, no me sirve copiar a nadie.

Parece ser un lugar para tomar decisiones.

–Depende de muchos factores, pero sí, tiene que ver con la elección que hacés. Gracias a Dios tengo la posibilidad de hacer lo que quiero y lo agradezco todos los días. Me ofrecieron algunos trabajos que no eran lo que buscaba y preferí quedarme entrenándome y esperar algo que pudiera explotar como actriz. La clave, instintivamente, es buscar los trabajos donde sienta que puedo dejar algo. Soy muy intensa, en el sentido de que me gusta tanto hacer esto que quiero hacerlo a full, le quiero poner el alma.

Llevás muchos años de trabajo aunque recién tenés 31 y todo por delante, ¿eso no te para de otra manera?

–Sí, me empiezo a plantar en otro lado a partir de la experiencia que tengo y de la edad también. No es lo mismo a los 20 que a los 30, las cosas que elegís cambian, las situaciones que querés pasar o los viajes que decidís hacer. Elegí mudarme a otros países y aprender idiomas porque siento que eso me hace crecer como actriz y como persona. Es lo que elijo hoy, quizás mañana quiera quedarme en casa y hacer teatro en la Argentina, y sería muy feliz también.

En dos ocasiones fuiste a Cannes, ¿cómo fueron esas experiencias?

–La primera fue a partir de mi debut como actriz, tenía 19 años. Fui con la delegación mexicana, con Gael García Bernal, director de Déficit, a la cabeza. Estaban Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, ¡por supuesto que a cualquier chica de 19 años le impresiona esa situación! Después volví y en la Argentina no me conocía nadie (risas). Los festivales en general me encantan, estuve en Toronto, Brasilia y Fortaleza; podés compartir experiencias con directores y actores de otros países, ver películas que de otro modo no podrías…

Viajaste a Brasil para ser jurado y te quedaste un tiempo más largo.

–Sí, hice un intensivo de actuación para cine con un preparador que entrena al brasileño Rodrigo Santoro. Trato de enriquecerme con los conocimientos de los más grandes que tenemos en América latina. Acá tenemos cosas superinteresantes, siento que no necesito ir a Hollywood, aunque quizás me rayo y me voy.

“Soy muy intensa y me gusta tanto hacer esto que quiero hacerlo a full, le quiero poner el alma.”

¿No tuviste la inquietud de querer ir a hacer un musical al West End o a Broadway, o cine a Hollywood?

–Nunca lo tuve como objetivo. Si cuando volví de Cannes hubiera pensado “mi sueño es trabajar en Hollywood”, hubiera agarrado la valija para irme. Nada me frenaba. Recuerdo haber hablado con García Bernal, preguntarle en dónde podía estudiar y que me dijera “en la Argentina tenés todo, no necesitás ir a ningún lado”. Y es verdad, acá estudié con muchos maestros. Hice otro recorrido y estuvo buenísimo. A veces la situación es que vas, estás cinco años tocando puertas, te llaman para un comercial en Los Ángeles o alguien te descubre. Yo siento que todos estos años me dieron una experiencia, fue la elección que hice. Pero por supuesto que me gustaría vivir la experiencia, y si me ofrecieran una película allá, iría fascinada rumbo a un nuevo desafío. ¿Por qué no?

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